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Se acabó
el veraneo, amigos de “Rutas”. Y la sensación es que los componentes del
grupo estaban deseando ver a los conocidos y, de paso, realizar un paseo con
ellos. De nuevo en la Intermodal oscense, con ganas de contar sus avatares
veraniegos y, sobre todo, comenzar con la dinámica mensual de reunirnos para
disfrutar de los diversos y variados paisajes de la provincia. Tras dos
meses de ausencia de marchas, el pasado domingo se reanudaron con una visita
que nos llevó al Valle del Aragón, buscando senderos cercanos al pueblo y
estación del ferrocarril.
Tras
hora y media de autobús, desde dicha estación ferroviaria, a las 10 de la
mañana comenzamos la andadura por una senda que pasa cercana a la iglesia
(1.180 m.s.n.m.). Se sube unos metros y, cruzando una pista asfaltada, nos
elevamos siguiendo las indicaciones que marcan dirección a “Olla de
Estiviellas” y “Vivero de Secras”. Estamos en una zona que tiene señalizados
variados recorridos circulares para elegir cada paseante que visite la zona
el que se aproxime a sus posibilidades. Nosotros subimos hasta alcanzar la
primera bifurcación a la derecha sin tomarla. Apenas llevamos un kilómetro
de ascensión entre el bosque y alcanzamos los 1.315 m.
En una
de las curvas, aparece una tablilla indicadora, anunciando la situación de
una caseta de falsa bóveda; no podemos pasar sin ver esta muestra de la
antigua técnica de construcción llamada “piedra seca”, levantadas con la
finalidad de servir de cobijo a las personas ante las inclemencias del
tiempo.
Pasado
el segundo kilómetro, sin dejar de ganar altura, tampoco cogemos, por el
momento, la segunda bifurcación (1.370 m); la tablilla anuncia en este punto
“2ª travesía” y “Barranco de Estiviellas”. Antes de dirigirnos por ella,
está la opción de alcanzar el mirador de Secras, hacia allí nos dirigimos y
en catorce giros, zigzagueando, se llega al denominado mirador (1.425 m); es
una zona con una preciosa vista de todo el Valle. Hacia el norte, las
montañas pirenaicas y Coll de Ladrones; a los pies, impresionante vista de
la estación de Canfranc, y, hacia el sur, una completa visión de Valle del
Aragón hasta alcanzar con la vista, al fondo, el Monte Oroel.
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Retrocedemos el kilómetro andado hasta llegar a la anunciada segunda
bifurcación para coger la senda que, en ligera subida, nos lleva al barranco
de Estibiellas. Precioso barranco cubierto de vegetación que baja
bruscamente en dirección a Canfranc Estación. Lo cruzamos por uno de los
diques de hormigón armado, construidos a lo largo del barranco como
contención de avalanchas y fuertes riadas; ahora estamos en el punto más
elevado de la “ruta” (1.465 m) y con una buena vista aérea de la estación.
Desde
aquí se comienza el descenso por una senda que traza su itinerario entre un
tupido bosque de pinos, abetos, hayas, avellanos y algún ejemplar de acebo.
En poco más de un kilómetro, girando a la derecha llegamos a la llamada
“Fuente del Burro” (1.375 m); probamos sus aguas y retrocedemos hasta la
bifurcación dejada atrás apenas unos metros.
A partir
de aquí podemos disfrutar del bosque realizando la bajada de forma suave y
buscando el sol entre las altas ramas de los árboles. Casi finalizando el
descenso giramos a la izquierda para recorrer el Paseo de los Ayerbe hasta
el final. Con cuidado, tras cruzar la carretera, hay que andar unos metros
por el arcén hasta cruzar el Puente la Casilla y coger el Paseo de los
Melancólicos; a un lado tenemos los vetustos andenes de la estación
ferroviaria y al otro un magnífico bosque de pinos. Disfrutando del llano y
plácido paseo, en poco más de un kilómetro, encontramos una bifurcación,
tomamos la dirección a nuestra derecha para, después de cruzar las vías de
la estación, llegar al final de la marcha de hoy. Buen momento para que el
“rutero” Benito dé rienda suelta a la imaginación, pasando por su cabeza
quién sabe cuántas historias de temas ferroviarios, de los que es un
apasionado aficionado.
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Unos
minutos de descanso para que el grupo visite la excursión y se tome un
merecido refresco. Ya en autobús, en pocos kilómetros, estamos en el comedor
del Refugio Sargantana. Nacho y su equipo nos han preparado un menú que
agradecemos después de realizar la primera excursión post-verano.
La
visita cultural la dedicamos a recorrer el pueblo de Canfranc, localidad
destruida por el fuego en 1944 y que, a pesar de haber resurgido en su
totalidad, conserva restos que rememoran aquella fecha. Observamos el
Castillo de Canfranc, situado al norte del casco urbano; el muro oriental,
maltrecho por el paso del tiempo, es el único resto visible actualmente de
todo el conjunto. A continuación vemos la Torre de Aznar Palacín, llamada
así porque se la relaciona con la torre fortificada que el rey Pedro III
encargó su terminación a dicho Aznar, a mediados del siglo XIV. La iglesia
de La Trinidad, visitada a continuación, fue sede de un centro asistencial,
fundado allá por el siglo XVI; junto a la iglesia se fundó una “cambra” o
granero para guardar trigo destinado a los pobres de la zona. Finalizamos la
visita acercándonos al llamado “Puente de Abajo”, magnífico ejemplar de
tipología medieval; es uno de los puentes más conocidos del “Camino de
Santiago”. Pasaremos por él en una próxima excursión.
Las nubes marcando tormenta que venían hacia nosotros
provenientes del Pirineo nos animan a subir al autobús para recorrer la
distancia que nos separa de Huesca. En el trayecto, tertulia para recordar
que hemos pasado un buen día, destacando el buen tiempo que nos ha
acompañado a lo largo del recorrido. ¡Hasta pronto, amigos! El Valle de
Benasque nos espera el mes próximo. |