UN SOLEADO DÍA
AL SUR DEL SOBRARBE
Amanece, que no
es poco, un día soleado y libre de la incómoda niebla que nos ha acompañado los
últimos días. Pero poco durará la alegría en la capital.
A las ocho de la
mañana los 83 participantes en la excursión subimos a los autobuses que nos
conducirán hacia unos preciosos pueblos situados al extremo sur del Sobrarbe,
junto al río Vero.
Pasado el puente
del Alcanadre está el desvío que, por Abiego, Adahuesca y Colungo, todo recto
como una vela, nos acerca a Lecina a donde llegamos sobre las 9’45 horas.
Un sol espléndido
nos recibe en Lecina. Rápidamente nos adentramos en el pueblo pasando por la
plaza. La humeante hoguera de San Fabián de la noche anterior está rodeada de
vecinos. ¡Qué patatas podrían asarse al calibo!
Desviándonos a la
derecha por la calle del arco, acompañados por un perro fiel que no nos
abandonará en todo el día, seguimos el camino de Betorz, a la izquierda. Está
todo perfectamente señalizado y limpio.
Un camino
precioso con hermosas paredes de piedra seca construidas para proteger las
fincas de los animales que pasaban por él. Son muy anchas dada la abundancia de
piedras y a que al mismo tiempo despedregaban sus campos. Los robles de ambos
lados sumergen el sendero en un tibio claroscuro con el sol a nuestra espalda.
Cuando el
quejigal se vuelve más frondoso nos encontramos con el encantador rincón de la
fuente de Laspuña (Betorz). Un lugar muy apropiado para almorzar junto a la
fuente y a la caseta. El personal mira la fuente pero no la aprovecha, más que
nada para quitarse un peso de encima.
Una suave
pendiente nos lleva al barrio bajo de Betorz y de ahí al alto donde se
encuentra la iglesia dedicada a las Santas Nunilo y Alodia.
Un vecino,
amablemente, nos enseña el interior. Las campanas se llaman Ágatha y Bárbara. De
la primitiva iglesia sólo se conserva el crismón situado sobre la portada
Volviendo sobre
nuestros pasos, a medio camino entre los dos barrios, sale el sendero hacia
Almazorre. Al salir del pueblo encontramos la fuente, aljibe y lavadero, ya en
desuso. Dejando el camino de Sta María de la Nuez seguiremos de frente y en
descenso hacia Almazorre.
Junto al camino
descubrimos una curiosa caseta, de uso individual, orientada al carasol y
construida en piedra seca que va enripiando las losetas desde la misma base.
Cruzaremos más
abajo el barranco de Talavera en seco y giraremos a la izquierda para pasar el
Vero, con un caudal mínimo, frente a los molinos de Almazorre.
Nuestra compañera
Alicia ejerce de guía local para explicarnos los molinos: se trata de un molino
de grano y otro de aceite más un tejar. En el dintel está grabado el año 1846.
Del molino de grano nadie recuerda su uso pero el de aceite funcionó hasta 1960.
Están perfectamente conservados y restaurados.
Dejamos las
mochilas en el molino y subimos al pueblo que, para no variar, también tiene
dos barrios. En el más alto se encuentra la iglesia parroquial de San Esteban,
en restauración, desde donde se divisa una espléndida panorámica hacia el
Pirineo, Turbón,… Junto a la iglesia la esconjuradera para bendecir los términos
y espantar las tronadas.
Bajando las
amplias escaleras llegamos a la casa de Alicia que nos obsequia con pastetas,
dulzainas y vino de celebrar (lo que sea). ¡Volveremos otro día!
Debemos regresar
hacia el molino para coger nuestras abandonadas mochilas y partir hacia Lecina.
Cruzando el Vero, frente al molino, sale la pista a Lecina. Más adelante
alcanzamos un “guallardo” roble. Es la señal de que el restaurante está cerca.
Al carasol, entre aliagas, damos cuenta de los menús (a la carta), variados
postres y líquidos apropiados.
Hacia las 4’15
horas se levanta la sesión para continuar el camino a Lecina siguiendo el rastro
inconfundible de la tubería del agua. Aquí retomamos, otra vez, los caminos
bordeados de pared en piedra seca que vimos por la mañana.
En Lecina
visitamos la famosa carrasca “Castañera de Carruesco” enorme y cuidada como
todo el pueblo, con sus casas blasonadas. Al despedirnos de Lecina nos
preguntamos dónde estaría ubicado el monasterio de San Cucufate de posible
origen visigodo y tan citado en los siglos XI y XII.
En el puerto de
San Caprasio la boira nos envuelve de nuevo. Podemos ver Colungo, donde paramos
para repostar.
¡Un magnífico día
al sol del invierno! ¡Otros tuvieron que estar por las nubes! (de la boira)
La próxima
excursión será el domingo tres de febrero por los Monegros. COR en Sariñena.