TURISMO POR EL ALTO ARAGÓN

20/01/2007 – Travesía 01-20-taa-226

Lecina-Betorz-Almazorre-Lecina.     

 
 
 
 



 
 

UN SOLEADO DÍA AL SUR DEL SOBRARBE

 

Amanece, que no es poco, un día soleado y libre de la incómoda niebla que nos ha acompañado los últimos días. Pero poco durará la alegría en la capital.

A las ocho de la mañana los 83 participantes en la excursión  subimos a los autobuses que nos conducirán hacia unos preciosos pueblos situados al extremo sur del Sobrarbe, junto al río  Vero.

Pasado el puente del Alcanadre está el desvío que, por Abiego, Adahuesca y Colungo, todo recto como una vela, nos acerca a Lecina a donde llegamos sobre las 9’45 horas.

Un sol espléndido nos recibe en Lecina. Rápidamente nos adentramos en el pueblo pasando por la plaza. La humeante  hoguera de San Fabián de la noche anterior está rodeada de vecinos. ¡Qué patatas podrían asarse al calibo!

Desviándonos a la derecha por la calle del arco, acompañados por un perro fiel que no nos abandonará en todo el día, seguimos el camino de Betorz, a la izquierda. Está todo perfectamente señalizado y limpio.

 Un camino precioso con hermosas paredes de piedra seca construidas para proteger las fincas de los animales que pasaban por él. Son muy anchas dada la abundancia de piedras y a que  al mismo tiempo despedregaban sus campos. Los robles de ambos lados sumergen el sendero en un tibio claroscuro con el sol a nuestra espalda.

Cuando el quejigal se vuelve más frondoso nos encontramos con el encantador rincón de la fuente de Laspuña (Betorz). Un lugar muy apropiado para almorzar junto a la fuente y a la caseta. El personal mira la fuente pero no la aprovecha, más que nada para quitarse un peso de encima.

Una suave pendiente nos lleva al barrio bajo de Betorz y de ahí al alto  donde se encuentra la iglesia dedicada  a las Santas Nunilo y Alodia.

Un vecino, amablemente, nos enseña el interior. Las campanas se llaman Ágatha y Bárbara. De la primitiva iglesia sólo se conserva el crismón situado sobre la portada

Volviendo sobre nuestros pasos, a medio camino entre los dos barrios, sale el sendero hacia Almazorre. Al salir del pueblo encontramos la fuente, aljibe y lavadero, ya en desuso. Dejando el camino de Sta María de la Nuez seguiremos de frente y en descenso hacia Almazorre.

Junto al camino descubrimos una curiosa caseta, de uso individual, orientada al carasol y construida en piedra seca que va enripiando las losetas desde la misma base.

Cruzaremos más abajo el barranco de Talavera en seco y giraremos  a la izquierda para pasar el Vero, con  un caudal mínimo, frente a los molinos de Almazorre.

Nuestra compañera Alicia ejerce de guía local para explicarnos los molinos: se trata de un molino de grano y otro de aceite más un tejar.  En el dintel está grabado el año 1846. Del molino de grano nadie recuerda su uso pero el de aceite funcionó hasta 1960. Están perfectamente conservados y restaurados.

Dejamos las mochilas en el molino y  subimos al pueblo que, para no variar, también tiene dos barrios. En el más alto se encuentra la iglesia parroquial de San Esteban, en restauración, desde donde se divisa una espléndida panorámica hacia el Pirineo, Turbón,… Junto a la iglesia la esconjuradera para bendecir los términos y espantar las tronadas.

Bajando las amplias escaleras llegamos a la casa de Alicia que nos obsequia con pastetas, dulzainas y vino de celebrar (lo que sea). ¡Volveremos otro día!

Debemos regresar hacia el molino para coger nuestras abandonadas mochilas y partir hacia Lecina. Cruzando el Vero, frente al molino, sale la pista a Lecina.  Más adelante alcanzamos un “guallardo”  roble. Es la señal de que el restaurante está cerca. Al carasol, entre aliagas, damos cuenta de los menús (a la carta), variados postres y líquidos apropiados.

Hacia las 4’15 horas se levanta la sesión para continuar el camino a Lecina siguiendo el rastro inconfundible de la tubería del agua. Aquí retomamos, otra vez, los caminos bordeados de pared en piedra seca que vimos por la mañana.

En Lecina visitamos la famosa carrasca “Castañera de Carruesco”  enorme y cuidada como todo el pueblo, con sus casas blasonadas. Al despedirnos de Lecina nos preguntamos dónde estaría ubicado el monasterio de San Cucufate de posible origen visigodo y tan citado en los siglos XI y XII.

En el puerto de San Caprasio la boira nos envuelve de nuevo. Podemos ver Colungo, donde paramos para repostar.

¡Un magnífico día al sol del invierno! ¡Otros tuvieron que estar por las nubes! (de la boira)

La próxima excursión será el domingo tres de febrero  por los Monegros. COR en Sariñena.