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“UN DÍA PRIMAVERAL EN EL VALLE DE LA
FUEVA”
El
pasado domingo, a las ocho de la mañana, como es
costumbre, los “ruteros/as” subieron a los autobuses
que habían de conducirles al Valle de La Fueva.
La
Fueva se encuentra en la comarca del Sobrabe. Está
formada por una cubeta natural en forma de hoya (“fovea”
de donde procede el nombre de Fueva) Comprende 25
núcleos de población. La capitalidad reside en
Tierrantona.
Esta
vez se bate un récord absoluto: ciento diez
participantes quedando alguno en lista de espera.
Tras
un tranquilo viaje, sin sobrepasar los límites de
velocidad y con alternancias de frío/calor,
alcanzamos Formigales. (Ver artículo sobre
Formigales en el Diario del AltoAragón del domingo
10-2-08: “Los Lastanosa, Señores de Formigales,
Pallaruelo, Rañín y Biescas de Campo)
No
entramos en el pueblo, sino que descendimos
rápidamente de los autobuses en la misma carretera,
junto a una pista.
Siguiendo las torres de alta pasamos junto a una
curiosa caseta circular.Fotógrafos en acción. Más
adelante una bifurcación a la izquierda nos situó
sobre el camino correcto. Al fondo las cumbres
nevadas del Cotiella iluminan el paisaje. A la
derecha queda la ermita de la Virgen de Ilarz.
Sobre
un terreno de piedra arenisca, en el cual abundan
los fósiles, se organizó el almuerzo, como siempre
muy variado, con todo tipo de viandas y “postres”
que contribuyen a mantener el régimen más severo.
La
estancia al sol de la mañana era muy agradable pero
fue necesario continuar la ruta marcada. Pronto
alcanzamos el pinar para descender al fondo del
barranco de los Pozos. Preciosa senda con abundante
vegetación: romero, boj,… Al acercarnos al barranco
apareció la fresca (de la mañana)
La
vertiente derecha está soleada y el camino va
ascendiendo entre pinos. Más adelante se baja a otro
pequeño barranco, el de los huertos de Morillo, ya
con el pueblo a la vista.
Morillo de Monclús tiene dos barrios: Alto y Bajo.
Entre ellos hay bancales y huertos. Subimos al
barrio Alto donde está la iglesia de San Cristóbal,
edificio románico reformado, de una sola nave con
ábside semicircular orientado al este y torre de
tres cuerpos que se levanta sobre el atrio. Está muy
bien restaurada en su interior.
Sobre
el dintel de la puerta de acceso a la iglesia y al
cementerio hay una inscripción muy alentadora: “Mira
que no tardarás”
No es
que haya prisa, pero…
En el
cementerio hay un pequeño monolito en recuerdo de
“los compañeros (tres) muertos en combate por la
libertad” Octubre 1944. Un episodio de los maquis.
Tras
la iglesia existen restos de una fortificación
medieval.
Desde
la placeta de la iglesia se pudo contemplar una
bonita panorámica del Valle y del recorrido que
faltaba para concluir.
Iniciamos el descenso por las callejuelas hacia la
parte baja del pueblo. Están preparando los huertos.
Unas “aucas” nos reciben con sus “discretos”
cánticos. Están para eso, para avisar si viene
gente. Y... ¡Hoy ha venido tanta gente!...según
dijo la señora que contemplaba asombrada el paso de
los senderistas.
Una
vez pasado el cruce de la carretera se realiza un
reagrupamiento para continuar en dirección a la
carretera de Humo, con un sol espléndido.
El
río de Formigales se atraviesa por el puente. Pasado
éste bajamos al cauce. Lo remontamos cruzándolo dos
veces sin novedad, ya que baja muy poca agua.
A
través de un campo alcanzamos la pista que nos
llevaría a Bruis.
Aquí
estaban las actividades no previstas, fuera de
programa. Un aliciente (o dos) para ganarse el
sustento: Pequeñas y repetidas cuestas que, al
producirse el deshielo, se convirtieron en un
barrizal (Había babada).
Y se
vio cómo, literalmente, los senderistas sienten
apego a la tierra. Eran de admirar los esfuerzos
para despegarse y el cuidado de no llevarse la
tierra a su terreno.
Hacia
las dos de la tarde alcanzamos el Santuario de la
Virgen de Bruis, reformada en el s. XIX añadiendo el
pórtico y las dos torres. Tiene un conjunto de
edificios adosados que sirven de casa de colonias.
No fue posible visitarla.
Los
autobuses estaban en el cruce de Palo y hacia allí
nos dirigimos por la estrecha carretera. Al regreso
contemplábamos la escasez de agua en los pantanos,
especialmente Mediano.
La
comida se realizó en el Restaurante Tres Caminos de
El Grado, un lugar espacioso para el numeroso grupo
de senderistas, con un buen menú apreciado por
todos. Un rato de tertulia, sobremesa y regreso a
casa.
¡Una
jornada para recordar!
La
próxima Ruta será el domingo 9 de marzo por la
Atalaya de Tormos – Alberca de Alboré. |