Diario del Alto Aragón -Jueves, 21 de febrero de 2008

Deportes | 31

 
SENDERISMO PEÑA GUARA: TURISMO ALTO ARAGÓN
 
¡¡¡Un buen paseo por la Jacetania!!!
 

Dos lugares emblemáticos: San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós

D.A.
HUESCA. -
Con la duda de si las nubes que cubrían Huesca el domingo día 17 a las ocho de la mañana eran precursoras de lluvia o simple niebla alta que el sol disiparía en cuanto calentara un poco, 76 senderistas subíamos a los autobuses para recorrer un tramo del Camino de Santiago, que pasando por Atarés, asciende a los Monasterios Nuevo y Viejo de San Juan de la Peña y terminar en el bello pueblo de Santa Cruz de la Serós.

Al coronar Monrepós las dudas del principio se disiparon, la niebla alta se había quedado en la Hoya de Huesca y toda la zona de la Jacetania y el Serrablo, que desde lo alto del puerto se contempla, estaba presidida por un cielo entre azul y grisáceo. Pasado Jaca en dirección a Puente la Reina tras atravesar el puente sobre el río Gas, a mano izquierda, hay una nave y allí un indicador presenta una oportunidad a los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Continuar siguiendo el río Aragón o llevar a cabo una variante que incluye la visita a los dos lugares emblemáticos de la historia de Aragón, citados anteriormente. Ambos itinerarios volverán a coincidir en Santa Cilia de Jaca.

Durante los diez primeros minutos el trayecto nos lleva por una pista pero la dejaremos para proseguir por una senda que arranca paralela al pequeño barranco que tenemos a nuestra derecha. A partir de este momento vamos a seguir dos tipos de señales las clásicas marcas roja y blanca de los senderos PR y las flechas de color amarillo que lo balizan como tramo del Camino de Santiago. La senda comienza un fuerte ascenso por la barranquera de nuestra derecha entre una espesa vegetación de pinos, cajigos, bojes, seneras, etc. y obliga a ir quitándose los forros y anoraks pues como en la hondonada el viento no corre y el esfuerzo es acusado las gotas de sudor se hacen evidentes. Media hora después la subida se suaviza al encontrar un antiguo camino que nos llevará al collado de Sarratiés (980 m.).

Teníamos previsto ponernos a almorzar en la solana del collado porque además de suponer un descanso tras la subida se podía contemplar una amplia panorámica del Pirineo desde Peña Forca hasta …la verdad es que por desgracia una “fosca” atmósfera no nos permitió ver más que los pueblos de la orilla derecha del Aragón, desde Asieso a Somanés y Ascara y allá un poco más alto Araguás del Solano. Tuvimos que almorzar un poco más abajo, justo antes de empezar el descenso por un bosque de cajigos hacia la estrecha y alargada hondonada en cuyo centro se encuentra el pueblecito de Atarés, eran ya las once y media.

La marcada y cómoda senda va girando hacia el oeste y descendiendo con suavidad nos conduce a la parte alta del pueblo. Allí un señor accedió gustosamente a abrirnos la iglesia dedicada a San Julián el cual preside el retablo y mantiene en su mano izquierda lo que parece ser un halcón y en la derecha una escopeta de caza. Hay que destacar también en su interior la pila bautismal y en el exterior su esbelta torre y el atrio con portalada gótica. El pueblo ha arreglado el antiguo horno de pan que ha quedado muy bonito y queda enmarcado en la lejanía por esa magnífica proa que parece la silueta de Peña Oroel. También son dignas de ver un par de bellas casas rehechas siguiendo al pie de la letra las construcciones antiguas en cuanto a piedra, pizarra y airosas chimeneas con su espantabrujas. Se sale del pueblo por la pista que hay hacia el sur, que recorrimos admirando el silencioso vuelo a baja altura de una docena de buitres leonados de los muchos que anidan en los verticales conglomerados de la sierra hacia la que nos dirigimos.

Tras pasar lo que debió ser un antiguo molino se presenta ante nosotros un ejemplo de singularidad geología. La erosión diferenciada de los estratos en función de su dureza, sobre todo cuando los pliegues del terreno son verticales, genera un tipo de paisaje que deja resaltadas las capas más duras y que da lugar a auténticas murallas pétreas de más de 20 m. de altura y casi dos metros de ancha que en ocasiones parecen obra humana más que geológica. Estas elegantes murallas naturales quedan muy evidentes en bastante lugares de nuestra provincia pues el pliegue se extiende muchos kilómetros de este a oeste y se puede volver a distinguir en el singular pueblecito de Rapún, tal y como se sale de Sabiñanigo en dirección a Huesca al otro lado del Gállego y por encima de la planta depura-dora de aguas.

 

Ahora deberemos tomar un camino que sale a la derecha junto a un campo, está indicado, y tras un breve ascenso lo dejaremos para tomar una senda que sale a la izquierda y que también está marcada. Por ella deberemos salvar los trescientos metros de desnivel que nos separan de la carretera que desde Bernués se dirige a San Juan de la Peña. Superar esta diferencia de altitud da lugar a caminar junto a pisos de vegetación muy diferenciada, que van sucediéndose de forma progresiva desde los terrenos encharcados de la parte inferior pues discurre junto a un arroyo, hasta un tupido y húmedo bosque de esbeltos pinos rojos, bojes, con troncos como el brazo, y acebos de la parte superior tras haber pasado por una zona pedregosa con aliagas, seneras y algunos pinos salteados que a duras penas sobreviven.

Alcanzada la carretera y tras cruzar un puente podemos tomar un corto atajo que nos volverá a ella junto al desvío que lleva a Botaya. Ahora nos quedaba kilómetro y medio de asfalto hasta llegar al Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña donde, eran casi las tres de la tarde, teníamos previsto comer.

En este menester se tardó poco tiempo porque en la pradera se levantaban una rachas de viento heladoras que obligaron a más de uno/a a comer con guantes y pasamontañas y porque además a escasos cincuenta metros estaban a nuestra disposición las dependencias recién inaguradas de la Hospedería del Monasterio. Así, como por encanto, copamos toda la cafetería e inundamos de mochilas y bastones las paredes, al grito de “ Joer, ¡qué bien se está aquí!” .

A las cuatro hubo que salir a gozar de nuevo del “vientecito” pero rebosantes de “infusiones varias” y como no quedaba más remedio, pues mochilas a la espalda y de cara al Monasterio Viejo. Frente a su puerta de entrada nace el camino, perfectamente arreglado y señalizado como todos los que hay por este Espacio Natural Protegido, que se dirige a Santa Cruz de la Serós y que nos va a volver a mostrar la exuberante y pintoresca naturaleza del entorno, tanto en lo relativo a la variada y llamativa vegetación como a las impresionantes masas rocosas de rojizos tonos.

Al alcanzar un pequeño collado el sendero se transforma en una entallada senda que gracias a numerosas lazadas pierde altura con gran rapidez para poder salvar la vertical pared de conglomerados junto a la que discurre.

Llegados a la base del peñasco podemos ver abajo, muy abajo todavía, el pueblo de Santa Cruz. Conforme nos acercamos va tomando mayor protagonismo la torre de cuatro cuerpos en la que se abren por todos sus lados ventanas con parteluz cuyos capiteles están decorados siguiendo el modelo jaqués. Llegados al pueblo se impone diferenciar las formas de la arquitectura popular de los numerosos bloques de apartamentos que se están construyendo. No pudimos visitar el antiguo monasterio, hoy iglesia parroquial dedicada a Santa María, porque eran casi las seis de la tarde pero si el exterior de la iglesia de San Caprasio, obra lombarda de una nave con bóvedas de arista culminadas por un ábside semicircular y una diminuta torre que configuran un conjunto de indudable belleza.

La próxima travesía se celebrará el domingo día 2 de Marzo y esperamos fijar para el miércoles anterior el lugar por el que nos daremos un paseo con raquetas en función de lo que nos aconsejen las previsiones meteorológicas. En principio nuestra idea es que sea por los Llanos del Hospital de Benasque.

Foto de familia de los senderistas en la Iglesia de Atarés

 

El monasterio nuevo de San Juan de La Peña.

 

Preciosa vista de Santa Cruz de La Seros