24 DE FEBRERO DE 2008

 

TRAVESÍA Nº. 381 DE ARCUSA A SAMITIER

 

ARCUSA- CASTEJÓN DE SOBRARBE –LA PARDINA- MEDIANO.

BIELLO SOBRARBE. VIEJOS CAMINOS

 

Parece que al autobús no le ha sentado bien el tener que madrugar y en las primeras rampas de Estrecho Quinto comienza a dar señales de que algo no va bien en su motor. Luego se recupera y por las ascendentes curvas de Colungo, pues como que otra vez…

La cuestión es que hemos llegado a Arcusa  sin más problemas. En la entrada del pueblo ya están presentes con sus vehículos, armas y demás pertrechos, los cazadores que en este último domingo 24 de Febrero, se disponen a disfrutar de  la última jornada de caza mayor. “Parlamentamos” sobre los respectivos objetivos y de común acuerdo nos “echamos al monte”. La idea era visitar el magnífico caserío de Arcusa antes de partir, pero no va a ser posible en esta ocasión, primero por el retraso en llegar y luego por lo estipulado con los cazadores respecto a la zona a batir. No obstante aún podemos admirar la fachada solariega de Casa Juste con su torre defensiva y el espectacular vano geminado con su nervado fuste. Nuestra pretensión es llegar hasta Samitier pasando por Castejón de Sobrarbe y La Pardina, es decir, por el señalizado recorrido G.R.1.

Lo primero que nos llama la atención es el precioso lavadero-abrevadero fechado en 1.923 y un poco más adelante una típica y antigua casa con cubiertas de loseta y todos sus elementos originales. Junto a ella un espacioso huerto -hoy con escarolas y coles- con un rebosante y antiguo depósito para el riego. Altiva a nuestra derecha, la pentagonal torre militar levantada a mediados del s. XI. Dejamos este camino para continuar por otro más pendiente que nos lleva hasta la antigua carretera en donde encontramos nuevos postes de señalización que nos marcan el camino a seguir por una mala pista trazada por una amplia zona de salagón y en subida. Un nuevo desvío a la derecha nos lleva por un antiquísimo camino a modo de calzada en el que admirar el trabajo que supuso construir su pétrea plataforma. Minutos más tarde y ya en otra pista encontramos señalizado como P.R. 70 el itinerario que conduce a Santa María de Buil y Aínsa. Nosotros seguimos la señalización  hacia Castejón de Sobrarbe. Las bien trazadas marcas roja y blanca de este G.R.1, quieren hacer el recorrido aprovechando al máximo los restos de los antiguos viales, por lo que se advierte que por varias veces entramos y salimos por pistas que ahora jalonan estas sierras. No hemos comentado nada al respecto, pero nos está haciendo un día estupendo de sol y por supuesto con un atípico calor impropio de esta época del año. La sequía, por doquier y eso que con las escasas lluvias de esta semana, algo se ha ganado.

Estamos almorzando en el collado convenido con los cazadores y justo cuando pasan con sus vehículos junto a nosotros les advertimos que una de sus ruedas acaba de pinchar. O sea que aparte de la panorámica que disfrutamos hacia el sur -y que compartimos con los cientos de “bolsas” de procesionaria en los pinos- tenemos la oportunidad de ver cambiar la rueda averiada. Unos y otros reemprendemos la ruta y en poco tiempo nos encontramos caminando por el mismo itinerario, cazadores y senderistas en buena cordialidad, circunstancia nada frecuente por cierto. Ellos se van quedando en los diferentes puestos y nosotros transitando por una ancha y mullida senda, hasta la pista, en donde un nuevo indicador señala la dirección a Castejón. La panorámica que tenemos enfrente es muy amplia y como telones de fondo señalar  a Monte Perdido con Cotiella emergiendo sobre Sierra Ferrera y Peña Montañesa, Turbón, etc.

Como vamos muy bien de tiempo vamos a dejar momentáneamente el G.R.1, para dirigirnos a la izquierda y por un corto trecho de la pista, hasta un punto determinado en el que tomamos una perdida y frondosa senda -que días pasados han limpiado Olga y José Ramón- para arribar hasta la Casa Paciniás. Está todo su entorno muy vestido, pero todavía son visibles las grandes proporciones tanto de la casa como de la infraestructura que supuso los varios edificios de apoyo. Prácticamente en ruina total, se hace peligroso acceder a las diversas dependencias, algunas de las cuales todavía conservan en su sitio diversos útiles que formaron parte en su cotidiano devenir. Lo que queda de cubierta sigue mostrando el buen hacer de los piqueros que la construyeron y el ingente trabajo para colocar cientos de lajas de tan diversos tamaños en sus distintas vertientes. Su preciosa y troncocónica chimenea todavía emerge altiva por encima de la propiedad. Escudriñando por las cercanas fajas cultivadas en su día y junto a un conjunto de carrascas, encontramos una diminuta caseta redonda, toda ella de piedra y con techumbre basada en aproximación de hiladas. Tiene tres estrechos vanos equidistantes y es lo más parecido a un “nido de ametralladoras”. También visitamos el pozo-fuente-lavadero-abrevadero. Es un precioso conjunto simétrico a escasos metros de la casa y situado en un plano superior. En el exterior del pozo y sobre su dintel figura “José, Vicente Arán. Antonio Arán. Año 1.929. Pero lo más curioso es la inscripción sobre una gran losa vertical en el interior del pozo que dice: “Se hizo esta obra en el mes de Marzo del año 1.929 por los albañiles hijos de la casa natiba Vicente Arán y Antonio Arán siendo José Arán y Anatolia? Olivar amos de la casa”. Siguen dos líneas más que no acertamos íntegramente a descifrar, pero lo intentaremos más despacio en función de las fotografías obtenidas. Un medio de vida que permaneció prácticamente inalterable hasta mediados los años sesenta del pasado siglo. Por cierto que entre los escombros encontramos un recibo de la “Ficha Azul de Auxilio Social” fechado en 1.958 y en el que se acredita la cantidad en pesetas con que contribuía D. José Arán Villacampa.

Continuamos ruta hacia otra propiedad de similares características a la descrita. Se trata de Casa El Cerollar -igualmente en avanzada ruina- con semihundida cubierta de losas a cuatro vertientes. También visitamos sus bajos y fotografiamos algunos aperos así como un arna de caña muy bien conservada. Habría bastantes más a juzgar por los rectangulares vanos bajo cubierta que contemplamos. Deliciosa miel de romero la que saborearon sus propietarios. Seguimos ruta hacia Casa La Sierra, ésta ya mejor conservada y al parecer en uso por encontrarse  junto a la transitada pista en la que precisamente  nos volvemos a incorporar al G.R.1 que ya no abandonaremos hasta el final de la travesía. En esta casa también contemplamos en sus bajos, junto al corral, algunas arnas agrupadas pero más completas que la de El Cerollar. Es muy interesante la efectiva y rústica solución que, buscando materiales que el medio ofrecía -en este caso una rama de árbol- se dio a la construcción de la estrecha escalera en piedra que accede a otra dependencia o pajar.

A buen ritmo por medio del espeso bosque, vamos descendiendo hasta el barranco Talabera para en corto trecho comenzar el ascenso que bajo la esbelta torre-campanario de su monumental templo de la Asunción, nos deja en el crucero, en Castejón de Sobrarbe. Núcleo extendido al pie de la loma “El Castellar”, con manifiesta dispersión de sus viviendas. El templo comentado es de estilo gótico aragonés, obra de “Joan Tellet me yzo 1557” -quien también firmó la magna parroquial de Olsón- y debe estar en espera de restauración a juzgar por el toldo azul que protege la cubierta de la sacristía. Aquí permanecemos un rato descansando y visitando el exterior de la gran iglesia. El transformador de intemperie te chafa las mejores fotos; mira que hay sitio de sobra, pero lo que falta es sensibilidad. Se observa la restauración que se está llevando a cabo en algunos edificios de la plaza junto al singular arco-túnel, alternando cubiertas de teja moderna con las singulares de losa. En una placa sobre fachada, se hace expresa referencia a que fue en 1.049 cuando se hizo la primera mención de Castejón de Sobrarbe.

Por un ancho y herboso camino descendemos hasta los puentes de la carretera, continuar por la misma unos metros y girar después a la izquierda por descompuesto camino  ascendente, que en pocos minutos nos deja en la cima de una loma desde la que apreciamos  la corta distancia que nos separa del núcleo de La Pardina. Es de 1.923 su fuente-abrevadero-lavadero. Como Arcusa y Castejón pertenece al municipio de Aínsa-Sobrarbe en un hábitat fragmentado por un total de ocho viviendas integradas en tres grupúsculos. Su iglesia parroquial es del s. XVI. Dada la hora que es, hay que pensar en comer y lo hacemos junto a un tapial cercano al edificio que en su día fue la escuela y que actualmente se halla en rehabilitación para su uso como vivienda particular.

Tras el merecido descanso y breve siesta continuamos la marcha por la carretera hasta encontrar el indicador en la pista que conduce a la ermita de San Antonio y Samitier. Las panorámicas son muy amplias en todas direcciones y cuando ya en la restaurada ermita de San Antonio hacemos otra breve parada, contemplamos con pesar el bajo índice de almacenamiento que tiene el pantano de Mediano. El agua está por debajo de la iglesia y su anejo exconjuradero. Vemos también cómo el autobús ya nos está esperando en la “parada” de Samitier a tan sólo un par de kilómetros descendentes. Mientras nosotros hemos disfrutado de una preciosa travesía sobrarbense por antiquísimos caminos de herradura, Fernando, nuestro amable y profesional conductor, se ha encargado de “hacerse” con otro autobús en el que sin ningún problema nos conduce hasta la intermodal. Está cayendo una fina lluvia. Que arrecie.