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MIGRACIONES POR LA “LA HOYA”
Los
senderistas, acompañados de bandadas de grullas,
recorrieron el entorno del pantano de La Sotonera, ( P.
A. )
Nuevamente el punto de reunión es
la estación Intermodal; el motivo: la concentración
de 80 senderistas pertenecientes a la sección “Rutas
por la Provincia”; destino: el entorno del pantano
de Tormos/La Sotonera; zona un tanto desconocida
pero que encierra rincones historiados y de curiosa
naturaleza que no deben quedar pendientes de visita.
A las 8’15 de la mañana del
pasado domingo los autobuses guiados por Rafael y
Ziré arrancaron dirección Ayerbe; al llegar a la
altura de Esquedas tomamos, a la izquierda, la
carretera que lleva a Lupiñén-Ortilla. Pasamos estas
localidades y a las 8’40 nos detenemos en Montmesa,
punto elegido para el comienzo de la excursión. Los
coordinadores de “Rutas” nos tienen preparados dos
itinerarios distintos; en el primero de ellos
disfrutaremos del paisaje y, en el segundo, nos
acercaremos a uno de los numerosos testimonios de
torres defensivas levantadas siglos pasados.
Avanzamos por una pista que se
dirige en dirección al pantano nombrado, pero, al
poco de comenzar a andar, giramos hacia el norte por
un terreno en el que se observan mimbres y juncos,
ejemplares de flora pantanosa, recordando que en
determinadas épocas el agua cubre partes del suelo
por el que ahora caminamos; estamos en el humedal de
la Alberca de Alboré, zona especial y rica en
diversidad biológica. Poco a poco, pasando por
varias acequias ahora secas, siguiendo el señalizado
“Sendero verde”, llegamos a una pista, giramos a la
derecha y subimos a un tozal donde se encuentra el
observatorio de Alboré, una caseta cerrada donde
podemos informarnos, en un ilustrado panel
informativo, de cuestiones relativas a la vida de
las grullas que en esta época se acercan por aquí;
no hay que esperar mucho tiempo, apenas comenzamos a
almorzar cuando grandes bandadas de estas aves pasan
por encima de nosotros con su característica punta
de lanza; se están preparando para cruzar los
Pirineos y emigrar hacia territorios situados al
norte, reuniéndose aquí para comenzar ese largo
periplo.
A las 10’20 reanudamos la marcha
siguiendo dirección oeste hacia Montmesa,
aprovechando el recorrido circular del “Sendero
verde” y con la vista continua al fondo de gran
parte de la zona occidental de la Sierra de Guara,
en parte cubierta de nubes. Podemos hacer algunas
breves paradas para saber más en otros paneles
explicativos que hay a lo largo del camino con
referencias sobre aves, mamíferos y reptiles de la
zona. Un poco más adelante nos encontramos con un
desvío que no tomamos y que se dirige a Puendeluna y
castillo de Artasona. Ya falta poco para ver la
silueta de Montmesa sobre una pequeña ondulación del
terreno; al llegar y cruzar el pequeño núcleo
apreciamos típicas construcciones de la zona,
utilizando la piedra y el tapial como principales
elementos constructivos. Destaca la iglesia románica
dedicada a San Miguel Arcángel, ampliada entre los
siglos XVI y XVIII y completada en este último siglo
con una bonita torre de estilo mudéjar. Son las
10’50.
Terminamos de esta forma la
primera parte de la excursión. Cogemos los autobuses
y retrocedemos por la carretera hasta encontrar el
desvío hacia el pantano de Tormos y Almudévar,
deteniéndonos poco antes de llegar a la presa del
pantano, en una gran explanada a la izquierda de la
carretera. Desde aquí partimos en ligera subida unos
cientos de metros y ya por terreno más suave, entre
carrasquillas, sabinas, enebros, romeros y otros
arbustos, recorremos los 3’5 km que nos separan de
La Atalaya, donde llegamos a las 12 del mediodía.
La esbelta torre fue, sin duda,
importante bastión defensivo en época medieval,
desde el que se oteaban las grandes llanuras de La
Violada y Sotonera, comunicándose visualmente con
otra torre semejante como es San Mitiel y también
con la villa de Bolea. Es un edificio de planta
rectangular con sus lados mayores orientados a
oriente y poniente. Lamentablemente, se ha
derrumbado el lienzo orientado al sur a pesar del
grosor de sus paredes de más de un metro, siendo su
estado preocupante; los muros amenazan con seguir
desmoronándose poco a poco.
Se ha nublado y ha refrescado
pero la vista es agradable con un inmenso territorio
a nuestros pies donde el pantano ocupa una gran
parte de la visión; pasamos unos minutos disfrutando
del paisaje y tomando fotos para la colección;
aprovechamos para hacer algunas del grupo y
emprendemos el regreso a los autobuses a los que
llegamos en unos 40 minutos.
En carretera vemos la atalaya en
las alturas a la izquierda; poco más adelante
pasamos al lado de la presa del pantano, dejamos a
la derecha el desvío al núcleo de Tormos que se
encuentra apenas a 1 km y giramos a la izquierda;
dejamos Alcalá de Gurrea a la derecha y en 5 minutos
cruzamos la acequia de La Violada; bordeando el
Canal de Monearos aparece al poco rato Almudévar,
final del viaje; llegamos a las 13’30 horas. Nos
esperan en el restaurante O’Lugar donde, como
siempre, recibimos un exquisito trato y un sabroso
menú.
Nos queda la visita cultural.
Tenemos dos opciones: un grupo marchó a visitar el
Centro de Interpretación “El Bodegón”, donde
aprendieron el proceso de elaboración del vino; a
continuación el mismo grupo visita el magnífico pozo
de hielo, rehabilitado para las visitas, todo ello
con la compañía de nuestros amigos Pili y Ramón. El
otro grupo se dirigió hacia la iglesia de La
Asunción; allí, acompañados de las explicaciones de
Antonio López, incansable trabajador dedicado a la
recuperación del patrimonio local, recorrieron el
magnífico templo, de grandes proporciones, que
guarda un museo con piezas interesantes.
No podemos perder mucho tiempo
tras la visita; emprendemos el regreso a la capital
para poder hacer uso del derecho a depositar el
voto. A las 5’30 montamos en los autobuses y en
apenas media hora, nos despedimos en la estación,
recordando que tenemos una nueva cita el día 13 de
abril; tenemos que caminar y disfrutar por el
entorno de Abizanda. Allí estaremos. |
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