POBLANDO LOS DESPOBLADOS… UN RECORRIDO
CIRCULAR: SANTALIESTRA, AGUILAR, LAS ALDEAS, ABENOZAS, CASTENBLANC, LA CORONA…Y
ERMITA DE SANTIAGO, EN SANTALIESTRA.
Domingo de Ramos: Cincuenta y tres senderistas (con un ramo de olivo) del grupo
de Turismo por el Altoaragón parten, a las siete y media de la mañana, para
iniciar una nueva jornada recorriendo rincones de nuestra provincia . Esta vez
por una zona poco conocida: los despoblados de Aguilar, Las Aldeas, Abenozas,
Castenblanc y La Corona.
Frente a la última casa de Santaliestra en dirección Benasque, casa Periqué,
parte la senda que nos llevará al pueblo de Aguilar. Sin pérdida de tiempo
atacamos la cuesta que cuesta, aunque no tenga precio por ser hermosa. Un
vientecillo fresco anima y ayuda en la tarea. Abundante vegetación de pinos,
chinebros (enebros) y alguna sabina, matorrales de aliaga, boj, coscolleras
(coscoja) y plantas aromáticas aún sin floración como romero, espigol
(espliego), tremoncillo (tomillo), etc. Contrastes de solana y umbría a un lado
y otro.
Más
adelante la senda gira, teniendo a nuestra izquierda el barranco que discurre,
aunque poco, a bastante profundidad. Aquí la vegetación cambia pasando por
húmedos pinares con el suelo lleno de hojas. Musgos y las azuladas hepáticas
tapizan el camino. Una fuente-abrevadero, ahora sin agua, serviría de estación
de servicio cuando estos caminos estuviesen más transitados.
Seguimos ascendiendo entre los pinos. Cuando nos acercamos al pueblo van
desapareciendo, quedando sustituidos por carrascas (encinas) y antiguos campos
de cultivo totalmente abandonados. Restos del primitivo camino de piedra nos
introducen en Aguilar a 949 m, una hora desde el inicio. Un poco más abajo,
entre las encinas, se distingue casa Simón.
A las
afueras del pueblo, sobre una terraza de piedra al sol de la mañana y con unas
excelentes vistas sobre el entorno iniciamos la tarea de almorzar, la primera
importante del día.
Una
vez repuestos, se reanuda la marcha no sin antes hacer una breve visita al
pueblo. Casas abandonadas y la iglesia del s. XVI con torre de dos cuerpos y
campana (bandeo incluido).En el cementerio grupo de nichos vacíos que ya nunca
se ocuparán. Saliendo del pueblo, casa Cecilia que conserva aún esa imagen de
casa importante a pesar de la ruina.
El
camino arranca colgado sobre una piedra arenisca bajo la sombra de las carrascas
(encinas). El sol calienta y hay que aligerarse de ropa, dentro de un orden. Es
necesario descender a un pequeño barranco seco para subir nuevamente hacia Las
Aldeas, 923m. Otra hora.
Varias casas abandonadas, mínima calle y algunos campos
cultivados. Hay pista transitable. Breve parada. Arriba, orientado al sur, el
despoblado de Els Camps.
Siguiendo la pista nos dirigimos hacia Abenozas de Abajo bajando y subiendo el
barranco. En otra hora, llegamos a Abenozas. Aquí se oyen signos de vida: el
canto del gallo y el ruido de un tractor. Precioso arco para acceso a la plaza.
Un grifo en la esquina sirve para reponer las fuerzas a la vista del majestuoso
Turbón. No subimos a Abenozas de Arriba, donde está la iglesia. Sin perder
tiempo seguimos la pista en dirección sur, buscando un atajo hasta una pilona de
alta tensión, sin cables.
Estas
torres “abandonadas” que produjeron, en su momento, una gran tensión pertenecen
a la proyectada y no concluida línea Aragón-Cazaril.
Larga
pista con vistas de Torruella de Aragón sobre un montículo, también deshabitado.
Siguiendo este camino entre pinares, donde abunda el brezo, contemplando hacia
el norte los pueblos que hemos visitado llegamos a un cruce donde cambiamos de
dirección. Otra hora desde Abenozas. Reagrupamiento general.
Al
salir a campo abierto tenemos delante la casa fortificada, ya en ruinas, de
Castenblanc. Sus propietarios eran de origen francés. Un pequeño edificio
próximo albergó un molino de aceite. La última habitante de esta casa,
Margarita, vive en Besians. Al marcharnos y volver la vista atrás, una bella
panorámica de Castenblanc en primer término y al fondo el Castillo de Fantova.
Por
soleada pista nos acercamos al pueblo abandonado de La Corona. Al fondo, en el
valle, Centenera. Pasamos de largo pues ya suenan alarmas marcando la “reserva”.
Vamos que hay hambre o gana de comer…Faltan veinte minutos para la ermita. Lo
que daríamos por unos frescos refrescos…
La
ermita de Santiago es un lugar idóneo para comer por su situación, sobre un
acantilado que domina el Valle del Ésera, con Santaliestra a nuestros pies. Son
las tres de la tarde y se ha cumplido el horario previsto.
Y como a quien a buen árbol se arrima… pues a la sombra de las
carrascas se organiza el restaurante con toda suerte de menús, como es
costumbre. A pesar de no haber reservado había sitio, que no mesa, para
todos/as.
A las cuatro, en marcha nuevamente. Hemos de volver a La Corona.
Desde la ermita el atajo, aunque rápido, sólo sería apto para expertos en
parapente. Visita a las ruinas del pueblo. Pasamos un breve trecho por un camino
de piedra seca que se conserva para alcanzar la senda que, suave al comienzo y
más abrupta al final, tras otra hora nos deja en Santaliestra.
El tipo se vegetación es muy similar a la que hemos recorrido
por la mañana. La senda serpentea y va perdiendo altura entre encinas y pinos,
llena de flores de hepáticas en zonas de umbría con fuente y abrevadero,
también seco (otra estación de servicio abandonada). En la parte baja
encontramos campos de almendros en flor. Foto de grupo sobre el terraplén bajo
el gran roble, en equilibrio inestable.
Pasamos bajo el puente para acceder a la carretera y al bus.
Tiempo para repostar y vuelta a casa. Parada en Besians para entregar una foto
a Margarita, la última habitante de Castenblanc.
La próxima excursión será el domingo 6 de abril, nº 231: Alto de
Bonansa, Calvera, Monasterio de Obarra.