TURISMO POR EL ALTO ARAGÓN

16/03/2008 – Travesía 230

SANTALIESTRA-AGUILAR-ABENOZAS-CASTELBLANC-LA CORONA-SANTALIESTRA.

 
 
 
 



 
 

POBLANDO LOS DESPOBLADOS… UN RECORRIDO CIRCULAR: SANTALIESTRA, AGUILAR, LAS ALDEAS, ABENOZAS, CASTENBLANC, LA CORONA…Y ERMITA DE SANTIAGO, EN SANTALIESTRA.

 

         Domingo de Ramos: Cincuenta y tres senderistas (con un ramo de olivo)  del grupo de Turismo por el Altoaragón  parten, a las siete y media de la mañana, para iniciar una nueva jornada recorriendo rincones de nuestra provincia .  Esta vez por una zona poco conocida: los despoblados de Aguilar, Las Aldeas, Abenozas, Castenblanc y La Corona.

         Frente a la última casa de Santaliestra en dirección Benasque, casa Periqué, parte la senda que nos llevará al pueblo de Aguilar. Sin pérdida de tiempo atacamos la cuesta que cuesta, aunque no tenga precio por ser hermosa. Un vientecillo fresco anima y ayuda en la tarea. Abundante vegetación de pinos, chinebros (enebros) y alguna sabina, matorrales de aliaga, boj, coscolleras (coscoja) y plantas aromáticas aún sin floración como romero, espigol (espliego), tremoncillo (tomillo), etc. Contrastes de solana y umbría a un lado y otro.

         Más adelante la senda gira, teniendo a nuestra izquierda el barranco  que discurre, aunque poco, a bastante profundidad. Aquí la vegetación cambia pasando por húmedos pinares con el suelo lleno de hojas. Musgos y las azuladas hepáticas  tapizan el camino. Una fuente-abrevadero, ahora sin agua, serviría de estación de servicio  cuando estos caminos estuviesen más transitados.

         Seguimos ascendiendo entre los pinos. Cuando nos acercamos al pueblo van desapareciendo, quedando sustituidos por carrascas (encinas) y antiguos campos de cultivo totalmente abandonados. Restos del primitivo camino de piedra nos introducen en Aguilar a 949 m, una hora desde el inicio. Un poco más abajo, entre las encinas, se distingue casa Simón.

         A las afueras del pueblo, sobre una terraza de piedra al sol de la mañana y con unas excelentes vistas sobre el entorno  iniciamos la tarea de almorzar, la primera importante del día.

         Una vez repuestos, se reanuda la marcha no sin antes hacer una breve visita al pueblo. Casas abandonadas y la iglesia del s. XVI con torre de dos cuerpos y campana (bandeo incluido).En el cementerio grupo de nichos vacíos que ya nunca se ocuparán. Saliendo del pueblo, casa Cecilia que conserva aún esa imagen de casa importante a pesar de la ruina.

         El camino arranca colgado sobre una piedra arenisca bajo la sombra de las carrascas (encinas). El sol calienta y hay que aligerarse  de ropa, dentro de un orden. Es necesario descender a un pequeño barranco seco para subir nuevamente hacia Las Aldeas, 923m. Otra hora.

Varias casas abandonadas, mínima calle y algunos campos cultivados. Hay pista transitable. Breve parada. Arriba, orientado al sur, el despoblado de Els Camps.

         Siguiendo la pista nos dirigimos hacia Abenozas de Abajo bajando y subiendo el barranco. En otra hora, llegamos  a  Abenozas. Aquí se oyen signos de vida: el canto del gallo y el ruido de un tractor. Precioso arco para acceso a la plaza. Un grifo en la esquina sirve para reponer las fuerzas a la vista del majestuoso Turbón. No subimos a Abenozas de Arriba, donde está la iglesia. Sin perder tiempo seguimos la pista en dirección sur, buscando un atajo hasta una pilona de alta tensión, sin cables.

         Estas torres “abandonadas” que  produjeron, en su momento, una gran tensión pertenecen a la proyectada y no concluida línea Aragón-Cazaril.

         Larga pista con vistas de Torruella de Aragón sobre un montículo, también deshabitado. Siguiendo este camino entre pinares,  donde abunda el brezo, contemplando hacia el norte los pueblos que hemos visitado  llegamos a un cruce donde cambiamos de dirección. Otra hora desde Abenozas. Reagrupamiento general.

         Al salir a campo abierto tenemos delante la casa fortificada, ya en ruinas, de Castenblanc. Sus propietarios eran de origen francés. Un pequeño edificio próximo albergó un molino de aceite. La última habitante de esta casa, Margarita, vive en Besians. Al marcharnos y volver la vista atrás, una bella panorámica de Castenblanc en primer término y al fondo el Castillo de Fantova.

         Por soleada pista nos acercamos al pueblo abandonado  de La Corona. Al fondo, en el valle, Centenera. Pasamos de largo pues ya suenan alarmas marcando la “reserva”. Vamos que hay hambre o gana de comer…Faltan veinte minutos para la ermita. Lo que daríamos por unos frescos refrescos…

         La ermita de Santiago es un lugar idóneo para comer por su situación, sobre un acantilado que domina el Valle del Ésera, con Santaliestra a nuestros pies. Son las tres de la tarde y se ha cumplido el horario previsto.

 Y como a quien a buen árbol se arrima… pues a la sombra de las carrascas se organiza el restaurante con toda suerte de menús, como es costumbre. A pesar de no haber reservado había sitio, que no mesa, para todos/as.

A las cuatro, en marcha nuevamente. Hemos de volver a La Corona. Desde la ermita el atajo, aunque rápido, sólo sería apto para expertos en parapente. Visita a las ruinas del pueblo. Pasamos un breve trecho por un camino de piedra  seca que se conserva  para alcanzar la senda que, suave al comienzo y más abrupta al final, tras otra hora nos deja en Santaliestra.

 El tipo se vegetación es muy similar a la que hemos recorrido por la mañana. La senda serpentea y va perdiendo altura entre encinas y pinos, llena de flores de  hepáticas en zonas de umbría con fuente y abrevadero, también seco (otra estación de servicio abandonada). En la parte baja encontramos campos de almendros en flor. Foto de grupo sobre el terraplén bajo el gran roble, en equilibrio inestable.

Pasamos bajo el puente para acceder a la carretera y al bus. Tiempo para repostar y vuelta a casa. Parada en Besians  para entregar una foto a  Margarita, la última habitante de Castenblanc.

La próxima  excursión será el domingo 6 de abril, nº 231: Alto de Bonansa, Calvera, Monasterio de Obarra.