TURISMO POR EL ALTO ARAGÓN

18/05/2008 – Travesía 234

Surgencias de Aigüespases y Alba-Hospìtal de Benasque-Sendero Botánico-enarta.

 
 
 
 



 

Por el corazón del Valle de Benasque

Recorrimos  a dos niveles distintos  las dos orillas de la parte alta del  río  Ésera.

El domingo día 18 a las siete y media de la mañana un cielo muy azulado nos despedía a los 62 senderistas que habíamos preparado una travesía por la Alta Ribagorza Occidental.  Más en concreto, queríamos conocer a fondo el tramo superior del río Ésera que dado su abundante caudal y los importantes desniveles que debe salvar auguraban cascadas, rápidos y profundas pozas de aguas claras y transparentes. No nos defraudo.

Al llegar al pantano de Barasona, “hasta los topes de agua”, ya nos habían cambiado el cielo azul de Huesca por otro de un tono gris plomizo que aún era más oscuro si mirabas hacia la zona del Turbón.  Por Castejón de Sos, tras pasar el Congosto de Ventamillo, dominaban los clásicos jirones de niebla   que se desplazan con rapidez de un sitio a otro y que terminan por desaparecer cuando el sol comienza a calentar.

Pasado Benasque cuando la carretera que se dirige hacia los Llanos del  Hospital   ha sobrepasado el desvío a los Baños  y el barranco que baja del valle de Literola, unos doscientos metros más adelante a la derecha de la carretera, hay un amplio ensanchamiento en el que aparcó el bus. Hay allí unos bancos y mesas de madera y un cartel indicador en el que se lee: “Gorgas de Alba” y al pie se aprecia una senda que desciende. A este lugar me referiré más tarde.

A las diez y diez el cielo no amenazaba lluvia, la pregonaba. Las negras nubes que todo lo cubrían indicaban que, más pronto que tarde, iba a descargar a conciencia pero provistos de paraguas, chubasqueros y capas y con la moral alta como corresponde a cualquier senderista que se precie pues “cara arriba que el día ya lo tenemos perdido”.

La senda sale justo enfrente del aparcamiento y comienza ascendiendo de forma clara y rotunda. Luego se suaviza en algunos trechos y pronto deja  la zona boscosa para llegar  junto al impetuoso y bullicioso torrente que nos corta el paso, obligándonos a  ascender por una zona herbosa junto a su orilla hasta alcanzar el enorme manantial que en cualquier época del año es un fenómeno natural digno de admirar pero que en esta ocasión aún lo es más: la surgencia de Aigüespases.

Aunque sólo hacia treinta minutos que habíamos empezado a caminar nos dispusimos a almorzar entre finísimas gotitas de agua que fueron aumentando de tamaño e intensidad y aconsejaron poner las fundas a las mochilas y plantearnos si continuar o volvernos al autobús. Se decidió seguir, entre otras razones porque durante todo el recorrido siempre  íbamos a tener al bus como máximo a una hora de camino lo que facilitaría abortar la travesía si tan mal se ponía el tiempo pero sobre todo porque dejó de llover. El tiempo había puesto a prueba nuestra voluntad. Esta vez le ganamos.

Pasando por encima del  manantial en dirección este una senda, que a veces se muestra confusa, nos va a llevar paralelos a la carretera pero doscientos metros por encima de ella hasta  el puente que salva el barranco de Remuñe. Cruzando la carretera y descendiendo por un pequeño terraplén se puede observar la cascada de Remuñe y llegar a la carretera que va a los Llanos del Hospital.

Unos trescientos metros más allá del vado sobre el Ésera un indicador marca el inicio de una senda que se dirige hacia el oeste, es decir regresamos al punto de partida pero por la otra orilla. La senda, en algunos tramos con pequeños heleros pues es cara norte, discurre por zonas de frecuentes aludes como atestiguan los retorcidos pinos, las abundantes pedreras y las paredes verticales de piedra que tenemos a nuestra izquierda. Frente a nosotros, en la ladera opuesta, se puede apreciar el camino que recorríamos hace un par de horas. La estrecha senda penetra en un bosque de pinos y en un recodo nos presenta otro manantial que baja de los ibones de Alba y cuyas aguas rápidamente se pierden ladera abajo con un gran estruendo. Algunos, que se habían adelantado, ascendieron hasta la Cueva de Alba pero como ofrecía ciertas dificultades visitarla pues su boca estaba cubierta de nieve proseguimos descendiendo hasta llegar al edificio de los Baños de Benasque. Eran las dos menos  cuarto y el tiempo nos volvía a probar. Esta vez la lluvia duró un poco más y decidimos acortar la travesía. En lugar de ir a buscar el Sendero Botánico nos bajamos carretera abajo hasta llegar al Plan de Turpi junto al hotel del mismo nombre. Esta vez nos amedrentó el tiempo pues a poco de tomada la decisión dejó de llover y salió el sol.

Cien metros antes de llegar al Hotel, si se toma el desvío desde  la carretera de Benasque, hay un indicador a la izquierda que nos propone ir a las Gorgas de Alba en 20 minutos. La senda, entre variada vegetación y atravesada por pequeñas escorrentías de agua, asciende a un pequeño collado y baja a introducirse en un bosque de grandes pinos en el que cruzará por palancas de tablas dos barrancos, uno de ellos el más caudaloso baja de Aigüespases, antes de presentarnos uno de los rincones mas espectaculares del Pirineo Aragonés: las Gorgas de Alba. Confluyen en este lugar el Ésera que se precipita por una espectacular y estruendosa cascada y el torrente de Alba que desciende desde más altura por unas losas de piedras entre un mar de espuma blanca. Mejor que describirlo es invitarlos a que vayan a conocer este singular paraje, sin duda el mejor del Pirineo si se tiene en cuenta la relación esfuerzo/dificultad/espectacularidad,  al que pueden llegar sin ningún peligro  niños desde 7 u 8 años. Se regresa por el mismo camino bien al Plan de Turpi o al aparcamiento de la carretera, al que me referí al principio del escrito,  estando todo perfectamente señalizado.

A las tres y cuarto en la explanada del Hotel comenzamos a comer a pleno sol para una hora más tarde comenzar a bajar por el camino que va siguiendo el curso del río, alternando una u otra orilla, y disfrutando se sus cascadas, la de San Farré también es digna de visitarse aunque exija salirse del camino para llegar a su base, o de los torrentes que se precipitan al río, como el que baja del ibón de Cregüeña. Una hora después llegábamos al autobús que nos esperaba en el Plan de Senarta donde se inicia el valle de Vallibierna.

Nuestro “pulso” con la lluvia terminó en tablas pero quien lo iba a decir tal y como pintaban las nubes y los meteorólogos.

La travesía  nº 235 para el día 1 de junio comenzará en la boca sur del túnel de Bielsa, ascenderá por el valle de Pinarra para pasar a Francia por el  Puerto Viejo de Bielsa y terminar en Le Plan de Aragnouet. Esta travesía se programa la primavera pasada pero una tempestad de viento y lluvia no nos permitió ni comenzarla.