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Por el corazón del Valle de Benasque
Recorrimos a dos niveles distintos las dos orillas de
la parte alta del río Ésera.
El domingo día 18 a las siete
y media de la mañana un cielo muy azulado nos despedía a los
62 senderistas que habíamos preparado una travesía por la
Alta Ribagorza Occidental. Más en concreto, queríamos
conocer a fondo el tramo superior del río Ésera que dado su
abundante caudal y los importantes desniveles que debe
salvar auguraban cascadas, rápidos y profundas pozas de
aguas claras y transparentes. No nos defraudo.
Al llegar al pantano de
Barasona, “hasta los topes de agua”, ya nos habían cambiado
el cielo azul de Huesca por otro de un tono gris plomizo que
aún era más oscuro si mirabas hacia la zona del Turbón. Por
Castejón de Sos, tras pasar el Congosto de Ventamillo,
dominaban los clásicos jirones de niebla que se desplazan
con rapidez de un sitio a otro y que terminan por
desaparecer cuando el sol comienza a calentar.
Pasado Benasque cuando la
carretera que se dirige hacia los Llanos del Hospital ha
sobrepasado el desvío a los Baños y el barranco que baja
del valle de Literola, unos doscientos metros más adelante a
la derecha de la carretera, hay un amplio ensanchamiento en
el que aparcó el bus. Hay allí unos bancos y mesas de madera
y un cartel indicador en el que se lee: “Gorgas de Alba” y
al pie se aprecia una senda que desciende. A este lugar me
referiré más tarde.
A las diez y diez el cielo no
amenazaba lluvia, la pregonaba.
Las negras nubes que todo lo cubrían indicaban que, más
pronto que tarde, iba a descargar a conciencia pero
provistos de paraguas, chubasqueros y capas y con la moral
alta como corresponde a cualquier senderista que se precie
pues “cara arriba que el día ya lo tenemos perdido”.
La senda sale justo enfrente
del aparcamiento y comienza ascendiendo de forma clara y
rotunda. Luego se suaviza en algunos trechos y pronto deja
la zona boscosa para llegar junto al impetuoso y bullicioso
torrente que nos corta el paso, obligándonos a ascender por
una zona herbosa junto a su orilla hasta alcanzar el enorme
manantial que en cualquier época del año es un fenómeno
natural digno de admirar pero que en esta ocasión aún lo es
más: la surgencia de Aigüespases.
Aunque sólo hacia treinta
minutos que habíamos empezado a caminar nos dispusimos a
almorzar entre finísimas gotitas de agua que fueron
aumentando de tamaño e intensidad y aconsejaron poner las
fundas a las mochilas y plantearnos si continuar o volvernos
al autobús. Se decidió seguir, entre otras razones porque
durante todo el recorrido siempre íbamos a tener al bus
como máximo a una hora de camino lo que facilitaría abortar
la travesía si tan mal se ponía el tiempo pero sobre todo
porque dejó de llover. El tiempo había puesto a prueba
nuestra voluntad. Esta vez le ganamos.
Pasando por encima del
manantial en dirección este una senda, que a veces se
muestra confusa, nos va a llevar paralelos a la carretera
pero doscientos metros por encima de ella hasta el puente
que salva el barranco de Remuñe. Cruzando la carretera y
descendiendo por un pequeño terraplén se puede observar la
cascada de Remuñe y llegar a la carretera que va a los
Llanos del Hospital.
Unos trescientos metros más
allá del vado sobre el Ésera un indicador marca el inicio de
una senda que se dirige hacia el oeste, es decir regresamos
al punto de partida pero por la otra orilla. La senda, en
algunos tramos con pequeños heleros pues es cara norte,
discurre por zonas de frecuentes aludes como atestiguan los
retorcidos pinos, las abundantes pedreras y las paredes
verticales de piedra que tenemos a nuestra izquierda. Frente
a nosotros, en la ladera opuesta, se puede apreciar el
camino que recorríamos hace un par de horas. La estrecha
senda penetra en un bosque de pinos y en un recodo nos
presenta otro manantial que baja de los ibones de Alba y
cuyas aguas rápidamente se pierden ladera abajo con un gran
estruendo. Algunos, que se habían adelantado, ascendieron
hasta la Cueva de Alba pero como ofrecía ciertas
dificultades visitarla pues su boca estaba cubierta de nieve
proseguimos descendiendo hasta llegar al edificio de los
Baños de Benasque. Eran las dos menos cuarto y el tiempo
nos volvía a probar. Esta vez la lluvia duró un poco más y
decidimos acortar la travesía. En lugar de ir a buscar el
Sendero Botánico nos bajamos carretera abajo hasta llegar al
Plan de Turpi junto al hotel del mismo nombre. Esta vez nos
amedrentó el tiempo pues a poco de tomada la decisión dejó
de llover y salió el sol.
Cien metros antes de llegar
al Hotel, si se toma el desvío desde la carretera de
Benasque, hay un indicador a la izquierda que nos propone ir
a las Gorgas de Alba en 20 minutos. La senda, entre variada
vegetación y atravesada por pequeñas escorrentías de agua,
asciende a un pequeño collado y baja a introducirse en un
bosque de grandes pinos en el que cruzará por palancas de
tablas dos barrancos, uno de ellos el más caudaloso baja de
Aigüespases, antes de presentarnos uno de los rincones mas
espectaculares del Pirineo Aragonés: las Gorgas de Alba.
Confluyen en este lugar el Ésera que se precipita por una
espectacular y estruendosa cascada y el torrente de Alba que
desciende desde más altura por unas losas de piedras entre
un mar de espuma blanca. Mejor que describirlo es invitarlos
a que vayan a conocer este singular paraje, sin duda el
mejor del Pirineo si se tiene en cuenta la relación
esfuerzo/dificultad/espectacularidad, al que pueden llegar
sin ningún peligro niños desde 7 u 8 años. Se regresa por
el mismo camino bien al Plan de Turpi o al aparcamiento de
la carretera, al que me referí al principio del escrito,
estando todo perfectamente señalizado.
A las tres y cuarto en la
explanada del Hotel comenzamos a comer a pleno sol para una
hora más tarde comenzar a bajar por el camino que va
siguiendo el curso del río, alternando una u otra orilla, y
disfrutando se sus cascadas, la de San Farré también es
digna de visitarse aunque exija salirse del camino para
llegar a su base, o de los torrentes que se precipitan al
río, como el que baja del ibón de Cregüeña. Una hora después
llegábamos al autobús que nos esperaba en el Plan de Senarta
donde se inicia el valle de Vallibierna.
Nuestro “pulso” con la lluvia
terminó en tablas pero quien lo iba a decir tal y como
pintaban las nubes y los meteorólogos.
La travesía nº 235 para el
día 1 de junio comenzará en la boca sur del túnel de Bielsa,
ascenderá por el valle de Pinarra para pasar a Francia por
el Puerto Viejo de Bielsa y terminar en Le Plan de
Aragnouet. Esta travesía se programa la primavera pasada
pero una tempestad de viento y lluvia no nos permitió ni
comenzarla. |