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UN TRAMO DEL CAMINO JACOBEO BAJO LA LLUVIA
Este último domingo de Mayo habíamos programado una
travesía que partiendo de Astún y discurriendo por territorio francés
hacia el Collado D’Ayous, descenderíamos por la Cabaña de la Baight y
Borda de Passette para continuando por el Chemin de la Mâture, finalizar
en el Pont de Cebers próximo a Etsaut. Precioso recorrido, de
aproximadamente 20 kilómetros, que la adversa climatología se empeña en
no dejarnos realizar. No es que nos coja desprevenidos, puesto que la
predicción meteorológica está clara, pero por aquello de que la
esperanza… Desde que hemos salido de Huesca con tormentas en varias
direcciones ya nos estamos haciendo a la idea de que no la podremos
hacer.
Aparcamos el autobús en la misma frontera y ni siquiera
accedemos a Astún. De momento no llueve, pero el cielo está muy cubierto
y amenazante en todas direcciones quedando claro por tanto, que en estas
condiciones hay que renunciar. Es la tercera vez en diez años que nos
pasa lo mismo. Como normalmente los senderistas de Peña Guara no nos
arredramos ante inclemencias del tiempo que no comporten riesgo
previsible, tomamos la “solemne decisión” de caminar hacia abajo por el
Camino de Santiago y ver si podemos llegar hasta Jaca, Castiello o
Villanúa. Quedamos con Mariano, nuestro veterano y amable conductor, que
le avisaremos por teléfono del lugar en que nos tendrá que recoger.
En pocos minutos estamos listos para partir y con los
pertrechos de lluvia bien a mano, comenzamos el peregrino camino que en
867 Km. nos dejaría en Santiago. En las últimas horas ha llovido tanto
que está el sendero muy embarrado y un tanto resbaladizo. Ya no hay
vuelta atrás y con el ánimo tan alto como las nevadas montañas que nos
circundan, cuando nos queremos dar cuenta pisamos las ruinas
arqueológicas del medieval hospital de peregrinos de Santa Cristina de
Somport. Breve parada en la que Toño desgrana una amena explicación de
cuanto significó este albergue así como de la estructura del yacimiento.
Candanchú parece que está abandonado puesto que no se ve movimiento de
ningún tipo y al cruzar la carretera es bien patente que tampoco hay
tráfico. Todo para nosotros.
El camino es bastante ancho y al poco de tomarlo desde la
carretera, nos desviamos a la derecha en progresión ascendente para
coronar la cima en la que se ubican los visibles restos del Castillo de
Candanchú (Cast d’Anjou). Merecerá la pena volver a este lugar en día
soleado para disfrutar de la amplia panorámica hacia el Somport, zonas
esquiables e incluso la misma urbanización. Estamos concretamente en la
loma denominada El Castellar donde algunos deciden almorzar aprovechando
la tregua que nos conceden las nubes. Y lo hacen precisamente a cubierto
en un bunker en el que estuvo pensado instalar una ametralladora
antiaérea del Punto de Apoyo núm. 2 de la Línea P en Aragón. Esta Línea
P contempló la construcción entre 1.944 y 1.953 de una gran línea
defensiva en los Pirineos, de mar a mar y en la que se construyeron o
proyectaron miles de asentamientos fortificados agrupados por zonas que
el ejército denominó “Núcleos de Resistencia”. Los arreglos diplomáticos
con el resto del mundo paralizaron su construcción. Baste decir que en
esta zona del Alto Valle del Aragón hay muchos emplazamientos a ambos
lados de la carretera y que habría que poner en valor como un patrimonio
más de nuestro reciente pasado.
Los que han continuado el camino lo hacen ya bajo la
lluvia por la zona de “Casa del Ruso” y precisamente deciden parar a
almorzar en otra fortificación con visibles fragmentos de raíl férreo
cubriendo la techumbre. Estamos todos agrupados y la lluvia cada vez se
hace más pertinaz. Parece que aceleramos el paso cuando oímos los
primeros truenos junto a la chimenea de la mina de cobre de Anglasé. El
barranco de Canal Roya produce un estruendo en los rompientes que casi
da miedo. Es fantástico ver y escuchar la furia de sus aguas en un cauce
ansioso por alcanzar el Aragón que sigue rugiendo a nuestra derecha como
hacía años no lo había hecho.
Caminamos con precaución para evitar resbalar en las
chupidas piedras y en el barro en que se ha convertido el camino en la
mayor parte de su recorrido. La tormenta sigue su curso y compadecida no
descarga sobre los improvisados peregrinos en que nos hemos convertido
hoy, pero sigue lloviendo sin parar y el sendero en zonas inclinadas
parece un arroyuelo. Atisbamos la mole rocosa donde asienta el Fuerte de
Coll de Ladrones, cuando el estrépito que produce el barranco que baja
de la Canal de Izas nos hace parar unos minutos a contemplarlo y de paso
darnos cuenta de cómo llevamos “los bajos” mojados, unos más que otros,
todo hay que decirlo. A pesar de la lluvia, todos estamos muy
satisfechos de poder estar realizando este precioso recorrido jalonado
por abruptas paredes, cascadas, bosques y vegetación en plenitud de
lujuriosa variedad. Hoy no nos acompaña nuestro buen amigo José, el
mejor fotógrafo de orquídeas, que a buen seguro hubiera llenado su
tarjeta digital.
En Canfranc Estación
nos refugiamos a cubierto en un amplio portal. No podemos ni debemos
continuar. Llamamos a Mariano, que está en Villanúa y mientras nos viene
a recoger aun nos tomamos algo en un bar. Llegaremos a Huesca a la hora
de comer y cada uno hace sus planes para la tarde tras la estupenda
mañana deportiva que a pesar de las inclemencias hemos vivido juntos un
puñado de senderistas. En el viaje de vuelta no cesa la lluvia en ningún
momento arreciando considerablemente en Monrepós. Por la zona de los
túneles bajan cascadas de agua por los taludes que hacen impracticable
uno de los carriles. En Arguis ya no llueve tanto, aunque observamos
cómo los pescadores también están recogiendo sus artes. El pantano a
tope desaguando por el aliviadero con la Cueva de San Clemente echando
agua a raudales por su interior cascada y salida hacia el Isuela como
hacía años que no se producía. Ya era hora de que tuviésemos tanta agua.
Bienvenida sea. |