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DOBLE JORNADA BAJO EL GIGANTE COTIELLA
Si lo que pretendíamos era resarcirnos del mal tiempo de
los fines de semana precedentes, y disfrutar de un auténtico tiempo
primaveral, parece que así iba a ser, pues las primeras horas del sábado
nos recibían con un cielo despejado y un sol deslumbrante, presagio de
un fin de semana apasionante en contacto con una naturaleza en todo su
esplendor. Así, y tras un viaje sin incidencias, nuestro microbús nos
dejaba en la localidad sobrarbense de Saravillo.
Tras un buen café que nos despejaba de la somnolencia del
viaje, a las 11 de la mañana emprendíamos la ruta por el sendero
balizado GR-15 que, por el collado de San Miguel, se dirige hacia Badaín.
Pronto lo abandonaríamos para dirigirnos por una pista transitable para
vehículos hacia el collado de Santa Isabel, que alcanzaríamos
fácilmente, no sin antes realizar un alto en el camino para almorzar y
reponer fuerzas. Las panorámicas desde el collado nos invitan a la
contemplación sentados en la fresca hierba junto al bien acondicionado
refugio de Santa Isabel: Al norte Puntas Suelza y Fulsa, al oeste Punta
Llerga, al este Mobisón Gran, Punta Gradiello y Punta Lacués y al sur
Peña Montañesa y las crestas de Loma Estrimera a cuyos pies se encuentra
el final de esta primera etapa, el verde prado de Napinals de Laspuña,
que como un privilegiado palco, preside el anfiteatro del barranco Irués.
Era momento de entrar en contacto con nuestras emisoras con nuestro
compañero Jesús, que allí se encontraba y que nos guiaría en el tramo de
ascenso al colgado prado.
El cielo se está cubriendo con nubes que nos inquietan un
poco, y como el tiempo pasa deprisa retomamos la marcha para acceder a
la cabecera de un barranco situado a nuestra derecha que, mediante un
vertiginoso descenso por empinadas pedreras flanqueadas por verticales
riscos, nos deja en las proximidades del naciente y seco barranco Irués,
donde nos detenemos para comer y descansar del esfuerzo realizado, junto
a uno de los ahora verdes cajicos que pueblan estos parajes.
Con ánimos renovados caminamos ahora por el desolado
barranco Irués, esquivando los innumerables y grandes cantos rodados que
componen su lecho. Doscientos metros más abajo abandonamos el barranco a
nuestra izquierda, a partir de un hito que señala el comienzo de una
casi desaparecida senda que se introduce en el temible barranco de
Gradiello que habremos de remontar, primero por su seco y boscoso cauce,
y posteriormente, por su ladera orográfica izquierda, hasta alcanzar la
base de una breve, rocosa y empinada canal lateral, ya señalada con los
hitos que Jesús ha situado para facilitar el dificultoso e intrincado
itinerario. Poco más arriba abandonamos el barranco principal hacia la
derecha para enlazar con nuestro amigo que nos guía superando resalte
tras resalte hasta alcanzar la boscosa zona superior de un barranco
secundario que se va abriendo paso a paso ante nosotros. Tras un último
giro hacia el oeste y por una evidente y bien trazada senda colgada en
el abismo alcanzamos el paradisiaco prado de Napinals donde nos espera
el campamento que nuestros amigos de la Peña han instalado para acoger
nuestros cansados cuerpos. El sol lo ilumina todo, el paisaje es
impresionante y la sonrisa tras el esfuerzo aparece en nuestros rostros.
Gracias de nuevo por vuestra desinteresada colaboración.
Primero una cerveza fresca, luego un rato de charla y
finalmente la cena que con esmero nos ha preparado Chelo: Ensalada de
endibias con queso azul, tallarines con longaniza y chorizo, lomo con
tomate y de postre melón, todo regado con buen vino. La velada es muy
agradable hasta que el sol pierde fuerza y se oculta. La temperatura
desciende bruscamente, el aire fresco se convierte en gélido viento y la
estupenda cena se convierte en un suplicio, pero la buena compañía lo
suple todo. Un buen y caliente quemadillo y a dormir.
A las ocho de la mañana nos vamos desperezando y
abandonamos las acogedoras tiendas para prepararnos para la segunda y
larga jornada. El día aparece esplendido y el sol ilumina ya el entorno.
Después de un buen desayuno y tras despedirnos de nuestros anfitriones
abandonamos el prado entrando en el próximo bosque de pinos por una
antigua tiradera. El desnivel es mediano, pero no paramos de pensar en
que la pendiente ha de aumentar para alcanzar la cercana cresta de Loma
Estrimera que encima de nosotros domina el entorno. Alternamos bosque
con claros que son cada vez más frecuentes. A nuestros pies aparecen
montones de Pulsatilas que incluso pueblan las cada vez más frecuentes
pedreras. Por sucesivas tiraderas que atraviesan el bosque vamos
superando el desnivel, cuya pendiente cada vez es mayor. Atravesamos una
última pedrera por su parte superior y en una empinada diagonal y por
sucesivas lazadas atravesamos el último tramo de bosque que alcanza la
cresta que aquí se debilita y permite su conquista. Estamos en el Plan
de Cotiella de Abajo.
La vista es extraordinaria: A nuestros pies nuestro
campamento en Napinals. En frente la enorme mole de Punta Llerga que
deja ver detrás Monte Perdido y La Munia. Hacia el norte Punta Suelza y
la cercana Punta Pegolera, punto culminante de la cresta en la que nos
encontramos y que algunos componentes del grupo irán a visitar después.
Hacia el este el nevado Cotiella. Y hacia el sur Sierra Ferrera y Peña
Montañesa en su extremo occidental. Tras almorzar y disfrutar de un
merecido descanso después de seiscientos metros de fuerte subida,
continuamos hacia la suave depresión de la próxima Cresta del Bacarizal
que enlaza la Punta Pegolera con Cotiella.
Nuestra primitiva intención de alcanzar la Ereta de las
Brujas bajo Cotiella se ve truncada ante la imposibilidad de encontrar
un itinerario factible en la descarnada y fuerte ladera que tenemos bajo
nosotros. Tras ponernos en contacto con nuestros compañeros en la zona,
decidimos variar la ruta con intención de acercarnos a alguna de las
pistas que discurren al sur en las inmediaciones del barranco de La
Garona. Así, comenzamos un decidido descenso atravesando el Cubilar de
la Manzanera en dirección a un refugio situado junto al barranco
Manzanera. Los arizones son los dueños del terreno. Una vez allí un
abandonado pero estupendo sendero nos guía por el descendente barranco
introduciéndonos de nuevo por terreno boscoso hasta alcanzar un pequeño
y florido prado donde damos paramos a comer. El cielo se ha ido
cubriendo pero, como en la jornada anterior, pronto se ve que no hay
amenaza de lluvia.
Retomamos la marcha siguiendo el bien trazado sendero que
nos acerca a la Colladeta de las Brujas, tamizada de suave y florida
hierba. La pendiente más acusada y el cada vez más perceptible rumor del
agua nos anuncian la proximidad del barranco de La Garona. Lo vadeamos
sin dificultad y en la otra orilla iniciamos una mantenida subida por
restos de tiraderas que nos conducen hasta el Refugio del Rallero.
Seguimos ahora una pista que nos conduce hasta los prados del Brocal,
paraje al que merece la pena regresar, pues en sus proximidades existe
un corto recorrido que hace posible la visita a una espectacular haya y
a unas fantasmagóricas y enormes hiedras abrazadas a la roca.
La pista conecta con la pista principal que recorre las
faldas de la Sierra Ferrera y que nos conduce en algo más de medio
kilómetro al refugio del Ostacho; refugio que conocemos bien de otra de
nuestras anteriores andanzas por este territorio. Un buen trago de agua
fresca de su acogedora fuente y continuamos por la pista que discurre
bajo la Peña Montañesa hasta alcanzar en suave ascenso la Collada de
Ceresa. Solo queda iniciar el fuerte descenso, unos por la pista, otros
por el sendero hasta la próxima Ceresa, donde nos espera el microbús.
Han sido dos días de duro recorrido, pero el esfuerzo ha valido la pena.
Aunque dicen que por aquí hay brujas, si las había, nosotros no las
vimos.
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