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Con un tiempo
y un paisaje insuperable
El
itinerario nos permitió ver a vista de pájaro el
Balneario de Panticosa y contemplar el entorno de la
Balsa de Lumiacha
Los fines de semana de los dos
pasados meses han supuesto para montañeros y
senderistas un manantial de incertidumbres. Lloverá,
no lloverá…, y al menor descuido chaparrazo por las
costillas. Pero el domingo pasado cuando los ochenta
senderistas descendíamos de los autobuses frente al
restaurado Gran Hotel del Balneario de Panticosa un
cielo azul intenso resaltaba el magnifico entorno
montañoso que lo rodea.
A las diez de la mañana, tras
los últimos retoques con crema de protección solar,
iniciamos la andadura por la parte derecha,
concretamente subiendo por la escalinata que llevaba
a la antigua Casa Belío, para tomar la senda que
conduce a los ibones de Brazato y Labaza. Al
iniciarla se cruza sobre un barranco que iba a ser
un claro ejemplo de lo que sería todo el recorrido:
abundantes cascadas y torrenteras de agua blanca y
espumosa que se desliza bulliciosa a gran velocidad
o cae estruendosa a profundas pozas. La amplia
senda, bien trazada y señalizada, hemos de dejarla
tras pasar una barrera antialudes para cruzar al
otro lado del pequeño barranco que baja de la zona
de Labaza. Enseguida un indicador a mano izquierda
nos marca la bifurcación para llegar al protegido
mirador de la Cascada d’o Pino. El río Caldarés se
precipita deslizándose por la piedra para caer a un
profundo agujero unos treinta metros más abajo pero
cuando elevas la vista te encuentras con el
admirable marco que conforman los nevados Picos das
Argualas con cumbres que sobrepasan los tres mil
metros.
Volvimos a la senda para seguir
ascendiendo suavemente y encontrarnos con la
posibilidad de seguir de frente hacia un puente que
cruza el barranco (lo cruzaremos al regresar) o
girar a nuestra derecha y continuar subiendo hasta
que unos metros más arriba en una zona soleada, con
abundantes “asientos en piedra” y teniendo a nuestro
pies el Balneario, decidimos pararnos a almorzar.
Tras el paladeo de postres varios, rosquillas
caseras y café más o menos dulce, las mochila al
hombro y a seguir.
Ahora nuestra referencia será
la tubería de hierro que surte de agua a la central
hidroeléctrica y que cruzaremos un par de veces
hasta ver que se separa de nosotros cruzando una
hondonada que queda a nuestra derecha. Nosotros aún
seguiremos un tramo más la senda que dejaremos
cuando encontremos un minúsculo vallecito de pinos
para seguir el pequeño reguero de agua que viene por
nuestra derecha. Ahora deberemos orientarnos
buscando el mejor camino entre los pinos. Es
preferible ir en dirección a la tubería para una vez
llegado junto a ella, tratar de seguir los mojones
que hacia la izquierda y ascendiendo en diagonal
marcan los restos de una senda que va paralela a la
enorme pedrera que sólo cruzaremos al alcanzar la
cota más alta del recorrido y llegar al collado que
nos permitirá ver por debajo de nosotros la Balsa
d’a Lumiacha.
La balsa ocupa más de la mitad
de la hondonada y presenta hacia el oeste una
perfecta panorámica de los picos de Algas, Argualas,
Garmo Negro, Pondiellos y Arnales, hacia el sureste
los picos de Brazato y Sarrato que aunque de menor
altitud también presentan unas buenas palas de nieve
y hacia el noreste un enorme paredón granítico por
el que descienden varias escorrentías que alimentan
la balsa y la tubería que recoge el agua de la
amplia cuenca lacustre de Panticosa. Dada su
altitud, por encima de 1.900 m, la nieve la ha
cubierto hasta hace pocos días por lo que todavía no
han tenido tiempo de brotar las hierbas y flores
propias de los canchales y humedales que delimitan
la balsa y que sumado a los abundantes y espesos
rododendros aseguran para dentro de unos veinte o
treinta días un paraje singularísimo.
Un buen rato permanecimos en
este paraje hasta que a las doce y cuarto regresamos
de nuevo a la senda que sube a los ibones de
Bachimaña para continuar por ella hasta que se
acerca al río y lo cruza por el puente de Bozuelo
junto a la cascada que forma el desagüe de la Balsa
d’a Lumiacha de la que veníamos. El Caldarés
discurre aquí entre saltos y rápidos formando pozas
de agua que al tener el fondo de piedra presentan
siempre unas aguas claras y transparentes. Recuerdo
que hace ya bastantes años era éste un lugar en el
que durante todo el verano funcionaba un campamento
con tiendas de campaña.
Para regresar se abrían dos
posibilidades. Regresar por el mismo itinerario con
la salvedad de que un poco antes de la cascada del
Pino se podía cruzar por un puente al otro lado del
Caldarés para llegar así hasta el Mirador de la
Reina y terminar bajando al refugio de la Casa de
Piedra ya en el Balneario o bien seguir la senda PR
-11 que va cercana al cauce del río, entre grandes
bloques de piedra y con acusado desnivel, lo que
supone un caminar más incómodo y tener que superar
algún paso un tanto delicado pero posibilita ver el
inicio, el tramo medio y la poza final de la cascada
más alta de esta zona del río Caldarés.
Al final todos nos fuimos
reuniendo en la Casa de Piedra y emprendimos el
camino hacia la cascada que baja de la Mallata de
Argualas que por desnivel y caudal es sencillamente
majestuosa. Como eran ya cerca de las dos y media
sólo quedaba bordear el lago y dirigirnos a los
autobuses que nos llevarían al pueblo de Panticosa
donde teníamos el restaurante para comer.
Rutas por la Provincia, como todos los programas de
senderismo de Peña Guara, se interrumpe hasta que
el día 14 de septiembre nos vayamos a visitar los
alrededores de San Juan de Plan (ruta nº 107).
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