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Por Francia con niebla y lluvia De la
estación de esquí de Superbagneres de Luchon a las Granjas
d’Astau rodeando el lago de Òo
Casi todas las temporadas Turismo por el
Alto Aragón programa una travesía por el Pirineo Francés a
sabiendas de las dificultades que comporta debido a que el
desplazamiento exige recorrer muchos kilómetros, y por ello
muchas horas de autobús, y a que el tiempo en la vertiente
francesa es mucho más húmedo y la posibilidad de que salga
un día lluvioso es alta. Esta primavera tanto da la
vertiente pirenaica que se elija, agua y más agua para cada
fin de semana. Pues bien, ambas previsiones se cumplieron:
lluvia, niebla y casi diez horas de autobús.
Los despertadores tuvieron que empezar a
sonar antes de las cinco de la mañana pues una hora después
estábamos cincuenta y un senderistas dispuestos a subir al
autobús con la sana idea de almorzar sobre las diez y media
junto al esplendoroso hotel de la estación de esquí de
Superbagneres de Luchon. Pues no fue así. A esa hora tuvimos
que almorzar a la vera de una leona que amamanta a sus
cachorros, es decir, en una de las plazas de Luchon ya que
al llegar a esta población el chofer nos anunció que para
cumplir la normativa vigente debía detener el autobús
durante cuarenta y cinco minutos. En resumen, a las doce
menos cuarto empezábamos a caminar en dirección suroeste en
la famosa estación francesa bajo un cielo grisáceo y
siguiendo las marcas rojas y blancas que balizan la GR-10
transpirenaica.
La senda muy bien trazada y cuidada, como
todas las que recorrimos a lo largo del día, discurre
ganando altura poco a poco a base de abundantes lazadas por
unos terraplenes herbosos impresionantes. Frente a nosotros
queda el valle de Lys bajo el circo de Crabioules y
siguiendo con la vista hacia la izquierda vamos reconociendo
los grandes colosos del Pirineo: Aneto y Maladetas y en
primer término la cara norte de los que conforman el
Hospital de Benasque, los picos de La Mina, Salvaguardia,
Sacroux y Puerto Viejo.
Al alcanzar la cota dos mil empezamos a
sentir unas finísimas gotas de lluvia que ya muy próximos al
collado de la Coume de Bourg (2.272 m.) se habían convertido
en suave lluvia, y peor aún, del otro lado iba apareciendo
una espesa niebla. Hicimos un reagrupamiento a pocos metros
del collado para “coger aire y velocidad” y taparnos bien,
pues tal y como suponíamos al cruzarlo el viento era muy
fuerte y helador. La lección la aprendimos bien pues esta
situación se iba a repetir en los tres collados siguientes
que debíamos superar. Al otro lado empezamos a perder altura
con celeridad hacia un profundo valle pero ya se advertía
que la senda continuaba a media ladera formando un amplio
arco bajo los resaltes rocosos dirigiéndose al collado que
se veía a nuestra izquierda. En este trayecto tuvimos que
superar las primeras lenguas de nieve, cortas pero que
siempre dan un tinte de emoción al caminar.
Pasado el segundo collado debimos perder
un poco más de altura y luego recuperarla en otro arco mucho
más amplio y espectacular aunque poco a poco la niebla iba
limitando el campo de visión, sobre todo en dirección al
valle. Al cruzar el tercer collado la niebla se disipó lo
que nos facilitó contemplar la cabecera de un valle mayor
que los anteriores al que fuimos descendiendo por unas
lazadas enmarcadas por rododendros hasta llegar a su primer
rellano para desde allí entre tasca al principio, pequeños
neveros y abundantes pedreras ir ascendiendo, entre una fina
llovizna que fue degenerando en niebla cada vez más espesa,
hacia la Hourquette des Hounts (2.267 m. - 15:30 h).
Al cruzar el collado la niebla había
desaparecido impulsada por un ventarrón racheado que
inutilizó paraguas, desgarró capas e hizo caminar a todos
encogidos y sujetando las gorras y capuchas con las manos
pero … ¡Qué paisaje!.
El collado está cuatrocientos metros en
vertical por encima del grandioso y bello Lac d’Òo. Este
ibón represado de aguas azuladas con una silueta
perfectamente ovalada y rodeado de una espesa vegetación, es
de por si, soberbio, pero a la izquierda una impresionante
cascada blanca y estruendosa se precipita desde unos
doscientos metros de altura a la orilla del lago y al elevar
la vista quedan ante nuestros ojos los picos que cierran el
sur del Circo de Espingo y las numerosas escorrentías y
cascadas que en ellos nacen. Un lugar para sentarse,
disfrutar, fotografiar y volver a fotografiar pero en el que
el domingo no se podía estar. Procedía perder altura con
rapidez para salir del vendaval y porque además el idílico
paisaje había desaparecido. La magia de la niebla actuando
de nuevo.
La senda, yo no recuerdo haber visto en
todo el Pirineo otra con tantas lazadas y tan bien hechas,
en su tramo final pierde su verticalidad y se desplaza hacia
la izquierda para unirse con la senda que sube del Lac d’Ôo
unos cincuenta metros por debajo del collado que da entrada
al valle donde están los ibones de Espìngo y Saussat.
Un grupo optó por descender hacia el lago
para comer en las proximidades de la presa. Otro, más
numeroso, decidió subir un poco más alto y acercarse al
refugio de L’Espingo en la confianza de que se nos
permitiría comer dentro, como así fue. A las cinco y media
de la tarde emprendimos la bajada hacia el Lac d’Ôo para ir
reagrupándonos con los que ya estaban allí e iniciar el
camino y luego pista que tras tres cuartos de hora lleva a
las Granjas d’Astau donde nos esperaba el autobús.
El regreso se hizo larguísimo y sólo se
mitigó un poco tras conocerse la noticia de que el Huesca ya
estaba en 2ª división y gracias al vídeo. Hubo que parar en
Parzán por el obligatorio cambio de conductor ya que la
jornada laboral permitida al chofer había concluido y además
una “parada técnica” en Ainsa por lo que llegábamos a Huesca
cuando ya los operarios municipales terminaban de recoger
los restos de la celebración en la Plaza de Zaragoza. Total,
casi la una de la madrugada.
El programa de senderismo cesa durante
dos meses y será el próximo 21 de septiembre cuando
retomaremos nuestras travesías para pasar del alto valle de
Ansó, Linza, al alto valle de Hecho, Oza, por el collado de
Petrechema. ¡¡Buen verano senderistas!!
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