| |
|
De las aguas buenas a las calientes -
Recorrido por el valle de Ossau
A las 7 de la mañana del domingo 5 de octubre 52 senderistas nos
juntábamos en la estación intermodal de Huesca con el objetivo de
realizar la travesía desde Eaux Bonnes a Les Eaux Chaudes, pueblos
situados en el valle francés de Ossau. El recorrido previsto es una
de las etapas de la vuelta al valle de Ossau.
Llegados al alto de Monrepós, el día empezaba ya a clarear y vimos
que amanecía completamente despejado, lo que hacía prever un buen
día. Cuando pasamos con el autobús por el puerto de Portalet todavía
quedaban en los prados restos de la nevada que había caído el
viernes anterior. El descenso del puerto por el lado francés se nos
hizo un poco largo y tras pasar por Artouste, Gabas y Les Eaux
Chaudes llegamos al desvío que nos llevaría a Eaux Bonnes, pueblo
situado en la subida, o bajada, según como se mire, de uno de los
puertos míticos del Tour de Francia, el Aubisque.
A las nueve y media llegábamos a Les Eaux Bonnes, donde paramos
junto a un parquecillo. Como indica su nombre, tiene fama por la
calidad de sus aguas, y como muchas sucede en otras estaciones
termales parece que ha vivido tiempos mejores y ahora tiene un
aspecto algo decadente. En la parte trasera del magnífico edificio
del casino, utilizado como multiusos del lugar, confluyen el inicio
de una pista y el paseo horizontal, construido en el siglo XIX con
motivo de la estancia en el balneario de la emperatriz francesa de
origen español Eugenia de Montijo. Nosotros cogemos la pista, que se
interna en un bosque y que ya desde el primer momento asciende. Unos
cientos de metros más adelante pasamos junto a un recinto equipado
con puentes tibetanos, tirolinas, … Siempre por bosque mixto de
hayas y abetos, sin prisa pero sin pausa, vamos subiendo por la
pista, que luego se convierte en senda. Cuando llevamos una hora
caminando, y aunque el sitio elegido no es del gusto de todo el
mundo, hacemos una parada para almorzar, ya que hacía horas que
habíamos desayunado y había que echar algo al cuerpo para recuperar
las fuerzas.
Aproximadamente a las once de la mañana reanudamos la excursión,
siempre por bosque, que poco a poco va clareando y nos permite ver y
disfrutar los primeros rayos de sol. Salimos a un pequeño prado en
el que la senda, debido a que ha llovido y al paso de las vacas por
ella se ha convertido en un auténtico barrizal. Intentando esquivar
el barro y manchar las botas lo menos posible, aunque sea una
batalla perdida de antemano, vamos ganando altura y podemos ver a lo
lejos el puerto del Aubisque, y más cerca, la mole caliza del Ger,
pico de 2613 metros de altitud y que preside la estación de esquí de
Gourette. Hacia el norte, y en el fondo del valle, vemos Laruns y
muchos otros pueblos y casitas.
Tras pasar junto a la cabaña de Laga de Haut la senda cambia de
orientación, y pasamos por una zona de lajas de piedra. Nos
internamos de nuevo en un bosque de hayas, y ya luego salimos a una
zona de brezos donde todavía hay restos de nieve. Ya por prados y
por senda muy poco marcada llegamos al punto más alto de la
excursión, la meseta de Gourzy, situada a 1577 metros de altitud y
en la que había unos caballos pastando. Cuando dirigimos la vista
hacía el sur podemos ver, entre otros y ya con nieve, el Midi
d’Ossau y el Sesques. En el fondo del valle vemos la carretera por
la que hemos venido y somos conscientes no sólo del desnivel que
hemos superado, sino del que nos espera en el descenso.
Después de reagruparnos empezamos la bajada. Los primeros metros, y
hasta llegar a la cabaña de Lacarre, los hacemos por una ladera
bastante vestida donde el ganado ha marcado trazas de sendas a
distintas alturas, aunque todas nos llevan hasta la cabaña. Pasamos
junto a la cabaña y por una zona de prados con unos acebos
descomunales y un poco más abajo, antes de que la senda se interne
de nuevo en el bosque, hacemos un alto para comer. La temperatura es
muy agradable y hace calor. Después de comidos y descansados
seguimos bajando, ahora ya por bosque. La pendiente aumenta y las
rodillas empiezan a quejarse. Llegamos a una pista y la remontamos
durante un pequeño trecho. Entonces nos desviamos para coger lo que
hasta hace un mes eran antiguas pistas y tiraderas destinadas a
sacar madera, pero que de nuevo han vuelto a usarse. El paso de las
máquinas y las lluvias recientes han convertido lo que era una
bajada bastante agradable por hierba en un auténtico lodazal y se
han llevado por delante todos los montoncitos de piedras que se
habían colocado para señalar los desvíos. Con la mirada puesta en el
suelo llegamos de nuevo a una pista y allí ya podemos relajarnos un
poco y contemplar el bosque que nos rodea. Proseguimos por la pista
y en una curva la dejamos para coger una senda, que pasa junto a un
depósito de agua y que desemboca en Les Eaux Chaudes, donde llegamos
pasadas las cinco de la tarde. Les Eaux Chaudes tiene un
establecimiento termal de aguas sulfurosas indicado para
tratamientos de vías respiratorias y reumatológicos.
A las cinco y media de la tarde iniciamos el regreso hacia Huesca.
La subida del puerto de Portalet coincidió con la vuelta a casa de
muchos franceses que habían subido a la frontera, por lo que había
tráfico bastante denso e incluyó dos paradas: la primera en la
estación de servicio de Formigal y otra frente al convento de Santa
Teresa, en las inmediaciones de Huesca, donde el autobús amenazó con
dejarnos allí, aunque finalmente nos llevó hasta la estación
intermodal.
La próxima salida se llevará a cabo el 19 de octubre. La excursión
programada nos llevará de Nerín al área de Puyarruego pasando por
Vió, Buerba y Gallisué, en la comarca del Sobrarbe.
|
|
|