TRAVESIA Nº 247  15  DE MARZO  DE 2.009

   
BELSUE-LUSERA-IBIRQUE-NOCITO
   

Gratificante travesía en un día primaveral

Fuimos desde Belsué a Nocito pasando por Lúsera e Ibirque

Cuando el domingo día quince salíamos de Huesca no se veía el Tozal de Guara pues una ligera neblina lo cubría pero todo auguraba que íbamos a disfrutar de un buen día, y así fue, sólo en alguna hondonada y cuesta arriba el calor se dejó sentir. Tras pasar por el pueblo de Arguis y subiendo por la antigua carretera de Monrepós se puede contemplar una excelente panorámica de cómo van las obras de la autovía  Llegados al túnel de la Manzaneda, cortado al tráfico, los autobuses comenzaron el largo descenso hasta dejarnos en la entrada del pueblo de Belsué.

Ya bajando se puede observar el bonito conjunto que ofrece el pueblo enclavado en lo alto de un montículo accesible sólo por el lado norte pues el resto presenta abruptos escarpados. Desde aquí, siguiendo las marcas rojas y blancas recién pintadas, partíamos los sesenta y cinco senderistas a las nueve de la mañana en dirección a Santa María de Belsué por un terreno de margas con abundantes lajas de piedra arenisca lo que propicia una rala vegetación. Salvado un pequeño desnivel se ve abajo y a lo lejos un gran caserón, es la pardina de Ascaso que en otro tiempo debió tener cierta importancia y que hoy se halla en ruinas. Desde su explanada se domina el cauce del río Flumen que desciende por pequeñas terrazas sobre un lecho amplio y rocoso  de color blanquecino que contrasta con la abundante espuma y las verde azuladas aguas. Un paraje que no deja insensible a nadie  y que provoca elogios tanto por su belleza como  por lo inesperado del paisaje.

Se prosigue descendiendo hasta llegar a lo que en otro tiempo debió ser un puente o palanca para cruzar el Flumen, ahora sólo quedan los restos de una pilona por lo tanto hay que cruzar el río, bien descalzándose o bien introduciendo los pies en bolsas de plástico y así vadearlo. Como el lecho es rocoso y el cauce amplio, cubre poco, y  se cruza con cierta comodidad aunque al llegar a la otra orilla los pies ya comenzaban a quejarse de la baja temperatura del agua. Cinco minutos después nos encontramos con el derruido pueblo de Santa María de Belsué que se encuentra en un promontorio rodeado por uno de los meandros que en esta zona realiza el Flumen. La parroquia del s. XI es Bien de Interés Cultural y al igual que la de Belsué son dignas de destacar entre los monumentos medievales del Alto Aragón. Como ya eran las diez y cuarto en tan emblemático lugar nos acomodamos a almorzar.

A lo lejos y allá en lo alto  se recortaba la silueta de una iglesia y hacia allí nos encaminamos por lo que tras cruzar un barranco y ascender por un camino delimitado por bojes y un magnífico tapial llegábamos a Lúsera que nos presenta la iglesia y algunas casas construidas al borde mismo del acantilado. Este pueblo que hace unos años se hizo popular con el sobrenombre de Villamarchosa por los festivales que patrocinaron algunas casas comerciales, hoy dispone de un plan de rehabilitación que se ha plasmado ya en una magnífica vivienda. A partir de este pueblo dejaremos la senda con  marcas blancas y rojas que se dirige directamente a Nocito y seguiremos el camino de herradura que se orienta hacia el norte y lo unía con Ibirque. El camino va ganando altura poco a poco y ha sido recuperado hace poco tiempo ya que aún son muy  evidentes las ramas cortadas, los arizones segados y las piedras aseguradas o apartadas lo que facilita y hace muy cómodo el andar. Uno de los senderistas me comentaba que hace 58 años él y sus hermanos bajaban los lunes desde Ibirque a Lúsera a la escuela, se quedaban hasta el sábado en que regresaban al pueblo. Su afán de saber les obligaba a salvar un desnivel de casi trescientos metros y hora y media de camino.

A mitad del trayecto se pasa por una tosquera. Reciben este nombre los lugares en que el agua cargada de carbonato cálcico fluye a la superficie  y al encontrarse con la atmósfera libera su CO2 disuelto (proceso favorecido y acelerado por la existencia de vegetación), por lo que la caliza se precipita y forma una roca blanquecina, muy porosa y liviana que los tosqueros o canteros cortaban a medida y adornaban para emplearlas en la construcción de chimeneas, bóvedas, arcos, etc.

Tras la subida  debemos recorrer una amplia llanura salteada de pinares, son las Planas de Bail, desde las que podemos contemplar la nevada cara norte del pico de Guara y la esbelta torre de Ibirque que se recorta en el horizonte y a la que llegaremos casi a las dos de la tarde por lo que buscando acomodo entre las derruidas casas nos preparamos para comer. Tras la amplia sobremesa, para algunos con siesta incluida, llegó el momento de colocar la mochila a la espalda e iniciar el descenso por una encantadora senda, en algún tramo encharcada, que sigue el barranco de Ibirque. Este barranco es una sucesión de agradables sorpresas pues desciende por un terreno de escalones rocosos que alternan saltos de agua que forman profundas pozas de aguas, con rápidos, con zonas inundadas, tosqueras etc., todo ello al canto de la senda que entre bojes, pinares y chinebros va descendiendo con suavidad.

Encontraremos un desvío que indica  Lúsera pero nosotros continuaremos recto, nos saldremos del cauce del barranco y entre antiguos campos de labor ganaremos un pequeño collado que nos dejará frente al pico de Guara, al lado de la pardina de Orlato y muy cerca de  la pista asfaltada que desciende a Nocito. Por esta pista deberemos descender un rato hasta encontrar el cartel indicador que señala la proximidad del pueblo que podemos ver al fondo del valle y al cual llegamos a  las cinco y cuarto de la tarde.   

En resumen, una agradable caminata por un paisaje forestal caracterizado por el despoblamiento y por tanto por el abandono de usos agrícolas o ganaderos tradicionales y la ausencia de infraestructuras de todo tipo. Con ello cumple bien su función amortiguadora de los impactos ecológicos que el desarrollo económico podría causar en el Parque de la Sierra y los Cañones de Guara ya que es zona periférica de protección.

El domingo día 5 de abril la travesía nº 248 se inicia en el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña para ascender al pico Cuculo y descender en dirección a Bailo.