|
DE LA PUEBLA DE RODA, POR MERLI, A
MORILLO DE LIENA
Este último domingo de Marzo y con una hora menos de dormir por
el cambio de hora, salimos con un inseguro cielo cubierto que ha hecho llevemos
en la bodega del autobús profusión de paraguas y demás “artilugios” para la
lluvia, apreciándose desde la carretera la fina capa de nieve caída esta noche
en la sierra. En La Puebla de Roda siguen las nubes bajas aunque hacia nuestro
recorrido ya se aprecian algunos claros.
Iniciado el itinerario nos topamos con el gran inconveniente del
barro en el camino que hace dificultosa y lenta la marcha debido a lo
resbaladizo del terreno y a su adherencia a las botas. Parece que caminamos con
pesadas raquetas, hasta arribar a unas granjas de Carrasquero en donde pisando
asfalto dejamos un poco en alto la rehabilitada ermita de San Marcial. Mientras
nos “quitamos las raquetas” departimos unos minutos de charla con los granjeros,
contemplando de paso las muchas ovejas en un aprisco dispuestas a salir al
monte. Después otra vez por pista ascendente menos embarrada y flanqueada por
cajigos, aliagas y fajas de olivos sobre antiguos tapiales que ya no repara
nadie. Otro patrimonio perdido. Cuando el camino se hace más pedregoso nos
permite disfrutar mejor de las panorámicas que alcanza la vista, amenizadas por
el sol que se está imponiendo sobre el plomizo cielo.
En un buen recodo consideramos el sitio ideal para almorzar,
puesto que además tenemos unas buenas vistas hacia La Puebla, Carrasquero y La
Esdolomada sobre margales. Los campos de labor están preciosos y si el tiempo
sigue propicio se augura una buena cosecha. Continuamos por senda sin definir
hasta encontrar las marcas amarilla y blanca del P.R. HU-48 (de Egea a Roda de
Isábena) y en fuerte ascenso vamos ganando altura hasta alcanzar -ya con menos
pendiente- un exquisito y antiguo camino de buena traza y excelente plataforma,
en medio de bojes con bosquecillos de carrascas y cajigos acompañados de
chinebros y otras especies. Saboreando estas delicias y la contemplación de
hermosos ejemplares arbóreos llegamos a la pista que en pocos metros nos deja
contemplar al borde de un campo cultivado, el prehistórico menhir con una
antigüedad cifrada en más de 40.000 años. Unos pocos metros más y junto al
crucero, pisamos la asfaltada carretera teniendo como fondo la vista global del
bello pueblecito de Merli, ubicado a 1.245 m. de altitud. Aquí se encuentran los
postes indicadores del G.R. 18.1, el mencionado P.R. HU 48 y el del menhir.
Tras descansar unos minutos nos adentramos en sus callejuelas
visitando pausadamente parte de sus bellezas arquitectónicas, algunas de
carácter nobiliario como Casa Turmo y Casa Coma fechadas en el s. XVI y
compuestas de torre y vivienda, que incluyen aspilleras de bella factura, unas
en ojo de cerradura y otras al modo de pétalos de una flor, así como la
acertada rehabilitación que se está llevando a cabo en algunos edificios. Su
iglesia parroquial con portada románica del s. XIII dedicada a San Antonio de
Padua, incluye puertas a base de lacería mudéjar con motivos estrellados y es de
la misma factura, aunque desigual en tamaño, que la de la catedral de Roda.
Desde luego que merece la pena venir a este bello rincón a pasar unas horas y
contemplar otros muchos aspectos que los descritos.
Desde la parte alta de Merli y tras proseguir un pequeño tramo
por el camino de Egea, iniciamos un fuerte descenso por bancales en desuso hasta
alcanzar la pista que nos lleva hacia Nocellas, lugar deshabitado situado en la
cabecera del pequeño valle que lleva su nombre y compuesto por dos barrios, uno
situado sobre un montículo y el otro alrededor de la iglesia de Santa María,
inmueble en ruina y de época románica (s. XI) singularizando los varios vanos
-algunos cegados- de su pequeña torre campanario. Hasta aquí la pista que viene
de Merli se encuentra en buenas condiciones, pero la continuación ya no es tan
buena y en sucesivos altibajos, atisbamos allá en lo alto las casas de El
Castellar que parecen en buen estado de conservación. Continuamos hacia Casa
Torrueco, conjunto originario del s. XVI en ruina total, con mansión de grandes
dimensiones y edificios auxiliares, oratorio, fuente-aljibe, balsa y restos de
un tejar. En sus inmediaciones hay unas margas tan negras que parecen los
desechos de una mina de carbón. Por el ascendente viejo camino alcanzamos de
nuevo la maltrecha pista que todavía sigue ascendiendo hasta un estratégico
punto, que nos permite ver una magnífica panorámica de fondo con la Peña
Montañesa y gran parte de la Sierra Ferrera sobre el actual trazado de la
carretera que conduce hacia Aínsa.
La pista desciende y vuelve a ascender sucesivamente hasta que
considerada la hora de comer, hacemos un alto en una zona herbosa muy bien
acondicionada para tan beneficioso menester y por supuesto para echar una
reparadora siesta, acariciados por el sol que luce en plenitud desde hace buen
rato. Después seguimos el descendente itinerario hasta Casa Fortuño, también en
avanzada ruina, para en unas decenas de metros pasar junto a Terraza, casa
deshabitada en los años 60 del pasado siglo. Junto a la pista se encuentra, con
riesgo de hundimiento, la iglesia de San Saturnino, preciosa joya románico
lombarda (s. XI-XII) presentando en su recoleto ábside semicircular una singular
decoración de dientes de sierra y arquillos ciegos fabricados con piedra tosca.
Duele verla en tan lastimoso estado. El día menos pensado acabará espaldada y…
una pieza más de nuestro rico patrimonio por los suelos.
Van desapareciendo las nubes que han cubierto la cima de Cotiella
dejando ver por fin su brillante aspecto nevado en la media tarde de este
estupendo domingo. Por nuestra parte seguimos perdiendo altura conforme nos
acercamos a los grandes salagones que conforman el ancho cauce del barranco de
Bacamorta, población “escondida” en altura a nuestra izquierda, para dejar la
pista junto a Casa Matías, precisamente en el tramo ya asfaltado por el que
inexorablemente en un par de kilómetros nos conducirá hasta el mismo Morillo de
Liena, donde el cómodo autobús nos va a llevar de regreso a casa. Tal como
estaba previsto y confirmado con GPS, hemos desarrollado la travesía en 21
kilómetros con desniveles acumulados de subida y bajada cifrados en 850 y 940 m.
respectivamente. Tanto el Isábena como el Ésera bajan bastante crecidos y más
que lo van a hacer conforme avance el deshielo. Que sepamos aprovechar su
caudal. |