Travesía Número 391 - 29 de Marzo - DEL ISABENA AL ESERA

 

 DE LA PUEBLA DE RODA, POR MERLI, A MORILLO DE LIENA

Este último domingo de Marzo y con una hora menos de dormir por el cambio de hora, salimos con un inseguro cielo cubierto que ha hecho llevemos en la bodega del autobús profusión de paraguas y demás “artilugios” para la lluvia, apreciándose  desde la carretera  la fina capa de nieve caída esta noche en la sierra. En La Puebla de Roda siguen las nubes bajas aunque hacia nuestro recorrido ya se aprecian algunos claros.

Iniciado el itinerario nos topamos con el gran inconveniente del barro en el camino que hace dificultosa y lenta la marcha debido a lo resbaladizo del terreno y a su adherencia a las botas. Parece que caminamos con pesadas raquetas, hasta arribar a unas granjas de Carrasquero en donde pisando asfalto dejamos un poco en alto la rehabilitada ermita de San Marcial. Mientras nos “quitamos las raquetas” departimos unos minutos de charla con los granjeros, contemplando de paso las  muchas ovejas en un aprisco dispuestas a salir al monte. Después otra vez por pista ascendente menos embarrada y flanqueada por cajigos, aliagas y fajas de olivos sobre antiguos tapiales que ya no repara nadie. Otro patrimonio perdido. Cuando el camino se hace más pedregoso nos permite disfrutar mejor de las panorámicas que alcanza la vista, amenizadas por el sol que se está imponiendo sobre el plomizo cielo.

En un buen recodo consideramos el sitio ideal para almorzar, puesto que además tenemos unas buenas vistas hacia La Puebla, Carrasquero y La Esdolomada sobre margales. Los campos de labor están preciosos y si el tiempo sigue propicio se augura una buena cosecha. Continuamos por senda sin definir hasta encontrar las marcas amarilla y blanca del P.R. HU-48 (de Egea a Roda de Isábena) y en fuerte ascenso vamos ganando altura hasta alcanzar -ya con menos pendiente- un exquisito y antiguo camino de buena traza y excelente plataforma, en medio de bojes con bosquecillos de carrascas y cajigos acompañados de chinebros y otras especies. Saboreando estas delicias y la contemplación de hermosos ejemplares arbóreos llegamos a la pista que en pocos metros nos deja contemplar al borde de un campo cultivado, el prehistórico menhir con una antigüedad cifrada en más de 40.000 años. Unos pocos metros más y junto al crucero, pisamos la asfaltada carretera teniendo como fondo la vista global del bello pueblecito de Merli, ubicado a 1.245 m. de altitud. Aquí se encuentran los postes indicadores del G.R. 18.1, el mencionado P.R. HU 48 y el del menhir.

Tras descansar unos minutos nos adentramos en sus callejuelas visitando pausadamente parte de sus bellezas arquitectónicas, algunas de carácter nobiliario como Casa Turmo y Casa Coma fechadas en el s. XVI y compuestas de torre y vivienda, que incluyen aspilleras de bella factura, unas en ojo de cerradura y otras al modo de pétalos de una flor, así como  la acertada rehabilitación que se está llevando a cabo en algunos edificios. Su iglesia parroquial con portada románica del s. XIII dedicada a San Antonio de Padua, incluye puertas a base de lacería mudéjar con motivos estrellados y es de la misma factura, aunque desigual en tamaño, que la de la catedral de Roda. Desde luego que merece la pena venir a este bello rincón a pasar unas horas y contemplar otros muchos aspectos que los descritos.

Desde la parte alta de Merli y tras proseguir un pequeño tramo por el camino de Egea, iniciamos un fuerte descenso por bancales en desuso hasta alcanzar la pista que nos lleva hacia Nocellas, lugar deshabitado situado en la cabecera del pequeño valle que lleva su nombre y compuesto por dos barrios, uno situado sobre un montículo y el otro alrededor de la iglesia de Santa María, inmueble en ruina y de época románica (s. XI) singularizando los varios vanos -algunos cegados- de su pequeña torre campanario. Hasta aquí la pista que viene de Merli se encuentra en buenas condiciones, pero la continuación ya no es tan buena y en sucesivos altibajos, atisbamos allá en lo alto las casas de El Castellar que parecen en buen estado de conservación. Continuamos hacia Casa Torrueco, conjunto originario del s. XVI en ruina total, con mansión de grandes dimensiones y edificios auxiliares, oratorio, fuente-aljibe, balsa y restos de un tejar. En sus inmediaciones hay unas margas tan negras que parecen los desechos de una mina de carbón. Por el ascendente viejo camino alcanzamos de nuevo la maltrecha pista que todavía sigue ascendiendo hasta un estratégico punto, que nos permite ver una magnífica panorámica de fondo con la Peña Montañesa y gran parte de la Sierra Ferrera sobre el actual trazado de la carretera que conduce hacia Aínsa.

La pista desciende y vuelve a ascender sucesivamente hasta que considerada la hora de comer, hacemos un alto en una zona herbosa muy bien acondicionada para tan beneficioso menester y por supuesto para echar una reparadora siesta, acariciados por el sol que luce en plenitud desde hace buen rato. Después seguimos el descendente itinerario hasta Casa Fortuño, también en avanzada ruina, para en unas decenas de metros pasar junto a Terraza, casa deshabitada en los años 60 del pasado siglo. Junto a la pista se encuentra, con riesgo de hundimiento, la iglesia de San Saturnino, preciosa joya románico lombarda (s. XI-XII) presentando en su recoleto ábside semicircular una singular decoración de dientes de sierra  y arquillos ciegos fabricados con piedra tosca. Duele verla en tan lastimoso estado. El día menos pensado acabará espaldada y… una pieza más de nuestro rico patrimonio por los suelos.

Van desapareciendo las nubes que han cubierto la cima de Cotiella dejando ver por fin su brillante aspecto nevado en la media tarde de este estupendo domingo. Por nuestra parte seguimos perdiendo altura conforme nos acercamos a los grandes salagones que conforman el ancho cauce del barranco de Bacamorta, población “escondida” en altura a nuestra izquierda, para dejar la pista junto a Casa Matías, precisamente en el tramo ya asfaltado por el que inexorablemente en un par de kilómetros nos conducirá hasta el mismo Morillo de Liena, donde el cómodo autobús nos va a llevar de regreso a casa. Tal como estaba previsto y confirmado con GPS, hemos desarrollado la travesía en 21 kilómetros con desniveles acumulados de subida y bajada cifrados en 850 y 940 m. respectivamente. Tanto el Isábena como el Ésera bajan bastante crecidos y más que lo van a hacer conforme avance el deshielo. Que sepamos aprovechar su caudal.