12 de Abril de 2009 - Ruta nº 114

Travesía SANTA MARÍA –LA PEÑA a RIGLOS por la FOZ DE ESCALETE

     

 

Es la ruta nº 114 de RUTAS POR LA PROVINCIA, la realizada el domingo 12 de Abril. Con un desnivel aproximado de 475 metros de subida y un tiempo, también aproximado, de 4 horas para su realización.
La primera y gran alegría que recibimos los participantes fue a primera hora de la mañana, cuando nos despertó un cielo azul , limpio de nubes, lejos de los grises y lluviosos días anteriores, lo que auguraba un buena jornada senderista.
Como de costumbre, nos reunimos en la Estación Intermodal, desde donde partimos cuarenta intrépidos e intrépidas participantes a las 8 de la mañana, camino de Santa María- La Peña. Normalmente, vamos unas 80 a 100 personas, pero el puente de Semana Santa causó estragos en nuestras filas de RUTAS y sólo pudimos ir los que nos quedamos de guardia en Huesca y en Grañén.
A las 9 de la mañana, llegamos a la estación ferroviaria de la Santa María- La Peña y diez minutos más tarde, comenzamos la marcha por una pista paralela a la vías del tren. Cruzamos el Gállego, por un puente también paralelo al del ferrocarril, recientemente pintado de verde, como el famoso perro.
Por un lugar seguro y fácil, cruzamos las vías ferroviarias llegando a una cabañera por la que anduvimos hasta enlazar con la pista, ya en continua ascensión, que nos llevaría hasta la Foz de Escalete. Esta foz o corte es una gran brecha abierta en la roca por el barranco Forcallo, donde la verticalidad de las paredes rocosas, ha permitido la apertura de varias vías de escalada y que decidimos dejarlas para mejor ocasión.
Seguimos ascendiendo y a las 10,15 horas llegamos a la pardina de Escalete y casa Escalete, un edificio de dos plantas rodeado de construcciones para recoger el ganado y que está en ruinas. Parece ser que a principios del pasado siglo, con la construcción y uso posterior del ferrocarril de Canfranc, hubo por esta zona mucho movimiento de gente, pero era de gente de paso y no se asentó la población. Terminada la construcción y decayendo el uso del tren, la población quedó reducida al mínimo y esta casa, situada en medio del monte fue abandonada.
En esta pardina almorzamos rodeados del gran paisaje que ofrece la Sierra de Riglos y de un sol espléndido. Como de costumbre, las buenas reposteras que hay en nuestras filas invitaban a saborear sus dulces y aunque las damas decían.”¡Ay! que engordan”, a la vez, daban buena cuenta de ellos. Los compañeros de las damas no poníamos excusas y tras los dulces, nos pasábamos las botas de buen vino.
Continuamos por la pista, ascendiendo unos 800 m. y con una pendiente del 16 %; gastando la energía adquirida con los dulces. Dejamos la pista, para seguir ascendiendo por una bonita senda, muy bien señalizada, a cuyos lados crecía la hierba, el boj y otros pequeños arbustos y que según subíamos, esta vegetación se volvía arbórea de diversas especies., como la carrasca, el pino y otras. En esta senda encontramos dos pequeñas torres hechas con tubos de andamios, donde se apostan los cazadores de jabalíes. Por esto, no es nada recomendable andar por estos lares en época de caza. No por los jabalíes, claro, sino por los cazadores.
La nieve, caída en días anteriores, hizo acto de presencia en las zonas más altas de la sierra por donde ya estábamos andando.
Unos cientos de metros antes de llegar al collado que marca la máxima altura (1.040m.) a donde teníamos que ir, apareció ante nuestros ojos un paisaje desolador. Del bosque verde y nevado, pasamos al bosque quemado, con troncos retorcidos, blancos por fuera y negros por dentro por la acción del devastador fuego que hubo en ese lugar hace 9 años. El paisaje es dantesco, ver tantos árboles muertos por el fuego era como ver un bosque de cruces blancas y retorcidas. Al lado, sin embargo, veíamos como pequeños oasis de árboles vivos y verdes, a donde no llegó el fuego. Aún así, la Naturaleza es bella. El fuego no quema la belleza de la Naturaleza, sólo la apaga, hasta que vuelve a resurgir y encenderse poco a poco.
Terminamos de andar esos cientos de metros cuya senda transcurría en medio del cementerio arbóreo y llegamos al llamado Collado Alto (1.040 m.), soplando un fuerte viento y lugar de bifurcación de sendas para ir hacia Riglos en pronunciado descenso, o a dar la vuelta por detrás de los mallos para llegar también a Riglos, por otro sendero, entre otras rutas. Nuestra excursión estaba programada para bajar el pronunciado descenso y así hicimos. Descendiendo hay varios lugares aptos para recrearnos en el paisaje, que tiene como protagonista el caudaloso río Gállego de verdes y turbias aguas que bajaban crecidas y tumultuosas, la carretera N-240 o la central de Carcavilla y el pueblo de Murillo de Gállego y su valle. Todo esto visto desde gran altura da a nuestros ojos una gran belleza. Es como si estuviéramos en la cima de un mallo.
Seguimos descendiendo y pronto aparece el mallo llamado Firé y un montón de escarpes rocosos que terminan en el mallo Pisón. La senda en este tramo es escarpada y hay que tomar precauciones por su pendiente y rocas sueltas. Poco a poco, vamos descendiendo hasta llegar a la base del mallo que vamos rodeando hasta desembocar en el camino que lleva a la parte alta del pueblo de Riglos, donde se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Mallo.
Allí nos hicimos la foto de todo el grupo “expedicionario”, en la cual se ven sonrisas por doquier, al haber terminado con éxito la travesía, haber disfrutado de nuestro paisaje natural, haber perdido algún kilito o 750gr. y sobre todo el convivir en un ambiente relajado y sano donde reinó la alegría, la ayuda mutua y el buen humor.
Tras la foto de rigor, fuimos al magnífico refugio de la Federación Aragonesa de Montaña donde nos esperaban “a mesa puesta” para reconfortarnos. Una vez debidamente reconfortados regresamos a Huesca, llegando a la Intermodal a las 17,30 horas.
La próxima excursión será el 10 de Mayo, a un lugar emblemático de nuestro Pirineo. PRADERA DE ORDESA – CAMINO DE TURIETO – TORLA. Ahí nos veremos D.M.

 

 
           

B.F.