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Es la ruta nº 114 de RUTAS POR LA PROVINCIA, la
realizada el domingo 12 de Abril. Con un desnivel
aproximado de 475 metros de subida y un tiempo,
también aproximado, de 4 horas para su realización.
La primera y gran alegría que recibimos los
participantes fue a primera hora de la mañana,
cuando nos despertó un cielo azul , limpio de nubes,
lejos de los grises y lluviosos días anteriores, lo
que auguraba un buena jornada senderista.
Como de costumbre, nos reunimos en la Estación
Intermodal, desde donde partimos cuarenta intrépidos
e intrépidas participantes a las 8 de la mañana,
camino de Santa María- La Peña. Normalmente, vamos
unas 80 a 100 personas, pero el puente de Semana
Santa causó estragos en nuestras filas de RUTAS y
sólo pudimos ir los que nos quedamos de guardia en
Huesca y en Grañén.
A las 9 de la mañana, llegamos a la estación
ferroviaria de la Santa María- La Peña y diez
minutos más tarde, comenzamos la marcha por una
pista paralela a la vías del tren. Cruzamos el
Gállego, por un puente también paralelo al del
ferrocarril, recientemente pintado de verde, como el
famoso perro.
Por un lugar seguro y fácil, cruzamos las vías
ferroviarias llegando a una cabañera por la que
anduvimos hasta enlazar con la pista, ya en continua
ascensión, que nos llevaría hasta la Foz de
Escalete. Esta foz o corte es una gran brecha
abierta en la roca por el barranco Forcallo, donde
la verticalidad de las paredes rocosas, ha permitido
la apertura de varias vías de escalada y que
decidimos dejarlas para mejor ocasión.
Seguimos ascendiendo y a las 10,15 horas llegamos a
la pardina de Escalete y casa Escalete, un edificio
de dos plantas rodeado de construcciones para
recoger el ganado y que está en ruinas. Parece ser
que a principios del pasado siglo, con la
construcción y uso posterior del ferrocarril de
Canfranc, hubo por esta zona mucho movimiento de
gente, pero era de gente de paso y no se asentó la
población. Terminada la construcción y decayendo el
uso del tren, la población quedó reducida al mínimo
y esta casa, situada en medio del monte fue
abandonada.
En esta pardina almorzamos rodeados del gran paisaje
que ofrece la Sierra de Riglos y de un sol
espléndido. Como de costumbre, las buenas reposteras
que hay en nuestras filas invitaban a saborear sus
dulces y aunque las damas decían.”¡Ay! que
engordan”, a la vez, daban buena cuenta de ellos.
Los compañeros de las damas no poníamos excusas y
tras los dulces, nos pasábamos las botas de buen
vino.
Continuamos por la pista, ascendiendo unos 800 m. y
con una pendiente del 16 %; gastando la energía
adquirida con los dulces. Dejamos la pista, para
seguir ascendiendo por una bonita senda, muy bien
señalizada, a cuyos lados crecía la hierba, el boj y
otros pequeños arbustos y que según subíamos, esta
vegetación se volvía arbórea de diversas especies.,
como la carrasca, el pino y otras. En esta senda
encontramos dos pequeñas torres hechas con tubos de
andamios, donde se apostan los cazadores de
jabalíes. Por esto, no es nada recomendable andar
por estos lares en época de caza. No por los
jabalíes, claro, sino por los cazadores.
La nieve, caída en días anteriores, hizo acto de
presencia en las zonas más altas de la sierra por
donde ya estábamos andando.
Unos cientos de metros antes de llegar al collado
que marca la máxima altura (1.040m.) a donde
teníamos que ir, apareció ante nuestros ojos un
paisaje desolador. Del bosque verde y nevado,
pasamos al bosque quemado, con troncos retorcidos,
blancos por fuera y negros por dentro por la acción
del devastador fuego que hubo en ese lugar hace 9
años. El paisaje es dantesco, ver tantos árboles
muertos por el fuego era como ver un bosque de
cruces blancas y retorcidas. Al lado, sin embargo,
veíamos como pequeños oasis de árboles vivos y
verdes, a donde no llegó el fuego. Aún así, la
Naturaleza es bella. El fuego no quema la belleza de
la Naturaleza, sólo la apaga, hasta que vuelve a
resurgir y encenderse poco a poco.
Terminamos de andar esos cientos de metros cuya
senda transcurría en medio del cementerio arbóreo y
llegamos al llamado Collado Alto (1.040 m.),
soplando un fuerte viento y lugar de bifurcación de
sendas para ir hacia Riglos en pronunciado descenso,
o a dar la vuelta por detrás de los mallos para
llegar también a Riglos, por otro sendero, entre
otras rutas. Nuestra excursión estaba programada
para bajar el pronunciado descenso y así hicimos.
Descendiendo hay varios lugares aptos para
recrearnos en el paisaje, que tiene como
protagonista el caudaloso río Gállego de verdes y
turbias aguas que bajaban crecidas y tumultuosas, la
carretera N-240 o la central de Carcavilla y el
pueblo de Murillo de Gállego y su valle. Todo esto
visto desde gran altura da a nuestros ojos una gran
belleza. Es como si estuviéramos en la cima de un
mallo.
Seguimos descendiendo y pronto aparece el mallo
llamado Firé y un montón de escarpes rocosos que
terminan en el mallo Pisón. La senda en este tramo
es escarpada y hay que tomar precauciones por su
pendiente y rocas sueltas. Poco a poco, vamos
descendiendo hasta llegar a la base del mallo que
vamos rodeando hasta desembocar en el camino que
lleva a la parte alta del pueblo de Riglos, donde se
encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora
del Mallo.
Allí nos hicimos la foto de todo el grupo
“expedicionario”, en la cual se ven sonrisas por
doquier, al haber terminado con éxito la travesía,
haber disfrutado de nuestro paisaje natural, haber
perdido algún kilito o 750gr. y sobre todo el
convivir en un ambiente relajado y sano donde reinó
la alegría, la ayuda mutua y el buen humor.
Tras la foto de rigor, fuimos al magnífico refugio
de la Federación Aragonesa de Montaña donde nos
esperaban “a mesa puesta” para reconfortarnos. Una
vez debidamente reconfortados regresamos a Huesca,
llegando a la Intermodal a las 17,30 horas.
La próxima excursión será el 10 de Mayo, a un lugar
emblemático de nuestro Pirineo. PRADERA DE ORDESA –
CAMINO DE TURIETO – TORLA. Ahí nos veremos D.M. |
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