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Colores senderistas por el
Valle de Ordesa
El grupo realizó la salida 115, marchando por
senderos del Parque hacia Torla
El pasado domingo terminó siendo un regalo para los
componentes de la sección de “Rutas por la
Provincia”. Los 90 peñistas que habían pensado
realizar esta excursión se levantaron mirando hacia
el cielo temiendo que las lluvias pronosticadas para
la zona que teníamos previsto visitar se hiciera
realidad.
Las
perspectivas no eran muy halagüeñas. El grupo, subió
a los autobuses y a las 7’30 de la mañana emprendió
rumbo al puerto de Monrepós. Siempre es un lugar de
referencia para saber lo que te espera por la zona
pirenaica. Al encarar la parte norte del puerto el
paisaje era digno de ver; el contraste de los rayos
del sol atravesando las nieblas e iluminando los
pueblos de Serué, San Vicente y Aquilué era
espectacular. Al fondo, las nubes cubrían el
Pirineo.
Pasado Biescas, comenzamos a subir el puerto de
Cotefablo, de no muy buenos recuerdos para los que
suelen pasarlo mal en las zonas de curvas. No fue
demasiado mal este tramo carretero; tuvieron mucho
que ver nuestros amigos Luis y Pablo, buenos
conductores que hicieron todo lo posible por
llevarnos hacia Torla en las mejores condiciones.
Pasadas las 9 llegamos dicha población (1.032
m.s.n.m.), entrada natural del Parque Nacional de
Ordesa y Monte Perdido. La mejor noticia era que la
lluvia no hacía acto de presencia, aunque sí parecía
que la noche había sido pasada por agua.
Dejando a la izquierda la estrecha entrada natural
hacia el Valle de Bujaruelo, iniciamos el último
tramo carretero que lleva hacia la explanada del
Parque (1.300 m.). Allí llegamos hacia las 9’30. Una
buena temperatura nos esperaba al bajar de los
autobuses. Había que prepararse el calzado
correspondiente y, en la mochila, chubasqueros y
paraguas… por si acaso.
En pocos minutos, desde la pradera, emprendíamos la
marcha hacia el fondo del valle, siguiendo el
sendero que por la margen derecha del río Arazas
atraviesa la pradera de La Vaqueriza y la Laña de
Pascual para llegar a la confluencia de caminos,
junto al rústico altar dedicado a la Virgen del
Pilar; dejamos a la izquierda la senda que lleva a
Cotatuero y seguimos por el camino principal; al
lado, el río Arazas, hoy especialmente caudaloso y
ruidoso.
El sendero se empina un poco entre el bosque de
abetos, pinos y hayas; en éstas las hojas acaban de
brotar y los colores verdes claros daban una
tonalidad especial al sendero, ¡qué contraste con
los ocres del otoño…! Vamos ganando altura, dejando
abajo el río y tras unas curvas llegamos a
contemplar la primera cascada importante, la de
Arripas (1.400 m); la inmensa cantidad de agua hace
que nos detengamos unos minutos para hacer unas
fotos. Un poco más en ascenso hasta encontrar un
desvío a la derecha que nos lleva al puente que
cruza el Arazas por un puente de tablas, buen sitio
para reunir al grupo y decidir que el mirador de los
Bucardos es un buen lugar para detenernos a
almorzar.
De nuevo en marcha; por la orilla izquierda del río
volvemos en dirección a la pradera; las nieblas se
van retirando de las laderas boscosas y, entre
brumas, podemos contemplar el gran circo de
Cotatuero, donde se observa una gran cascada de
agua, igualmente la zona del Gallinero y el siempre
imponente Tozal del Mallo, ilusión y desafío para
los enamorados de la escalada. A lo largo del camino
vemos que las nieves del invierno y el posterior
deshielo se han llevado por delante algunos
ejemplares de pinos y hayas jóvenes, caídos en medio
de camino.
Poco a poco, entre el bosque, vamos descendiendo
hacia la zona denominada Cubilar de las Vacas;
pasamos al lado de unas grandes rocas entre las que
crecen unas hermosas hayas, cuyas raíces se
arrastran entre las rendijas de la piedra antes de
introducirse en el suelo. Alguien del grupo, “de
cuyo nombre no me quiero acordar”, comenta que éste
“es un lugar de hayas… y de hadas…” (cosas suyas).
Dejamos a la derecha el puente de las Fuentes y un
poco más abajo hacemos un pequeño alto para
reagruparnos. A partir de este lugar iniciaremos la
última parte del recorrido por la senda de Turieto
Bajo.
A los pocos minutos, abandonamos la senda principal
para bajar al mirador de la cascada Tamborretera.
Por un limpio sendero descendemos y abandonamos el
interior del Parque. Pasamos por una zona donde gran
cantidad de troncos de pinos se amontonan cortados a
los lados de la senda; son el recuerdo de un gran
alud caído hace unos pocos años. Contemplamos desde
las alturas la orilla contraria por donde sube la
carretera hacia la pradera; desde aquí se tiene una
vista aérea de las cascadas de Molinieto. Ya se
observa la entrada del vecino Valle de Bucaruelo y
podemos observar las cumbres nevadas de Mondarruego.
Vemos a lo lejos, entre prados verdes, la localidad
de Torla; ha cambiado la vegetación, ahora
distinguimos algunas flores, bojes y gran cantidad
de seneras que destacan en la zona con sus flores de
colore blanco. Llegamos de nuevo al río. Un poco más
arriba se han unido Arazas y Ara y bajo el puente de
Glera, por el que cruzamos, discurre una enorme
corriente.
Ya sólo queda una pequeña subida, rodeamos el túnel
que cruza el pueblo y llegamos a los autobuses. Es
la hora de la comida así que nos dirigimos al
restaurante donde recibimos las atenciones de
nuestros amigos del Hotel Ordesa que nos esperan con
la comida preparada. Un poco de sobremesa y a las 5
de la tarde emprendemos el regreso, comentarios
referidos al buen día pasado y, también, el recuerdo
de la siguiente salida. Será al Valle de Tena para
campar por el monte Pazino y las praderas del
entorno de Sallent de Gállego. Allí nos veremos. |