| |
|
El amplio camino
hacia el mirador de la Roviella se
dirige a unas antenas que están en la
base del pico Burroyo, pero antes se
pasa por una antigua mina de pirita que
tiene un cartel explicativo. La ruta en
balcón, que asciende de forma suave
entre pinares, nos permite ver hacia el
suroeste todo el valle hasta el
Monasterio de Guayente y a vista de
pájaro todos los tejados del pueblo de
Benasque, pero el panorama irá variando
pues el camino describe un amplio giro
hacia la derecha, lo que nos dará opción
a contemplar, poco después, la entrada
al valle de Estós y la carretera que
lleva a los Baños y al Hospital de
Benasque.
Algunas cumbres míticas de las cabeceras
del Esera y del Estos, que al reconocer
el itinerario quince días antes habíamos
podido ver, muchas de ellas por encima
de los tres mil metros, ahora estaban
ocultas por algodonosos cúmulos. Poco
después de cruzar una pequeña
barranquera el camino termina. Hasta
entonces la hora de paseo ha sido una
delicia: cómoda de andar, buenas vistas,
excelente temperatura y con olor a pinos
y tierra húmeda. Para retener un poco
más tan selectas sensaciones nos pusimos
a almorzar antes de adentrarnos en pleno
bosque.
Media hora después tomamos el único
sendero que se advierte con idea de irse
elevando por el suave espolón en que nos
encontramos, en ocasiones con fuertes
repechos, por un pinar bastante abierto
y con prados intercalados de tasca
subalpina donde la senda se pierde y hay
que fijarse entonces en las marcas
amarillas que hay en algunos pinos hasta
que salgamos a un terreno más llano con
tasca alpina y pinos salteados que nos
permite ver a nuestra izquierda la Tuca
d"es Pacs y sus laderas pizarrosas
carentes de vegetación. Nosotros iremos
subiendo lentamente desviándonos
ligeramente siempre hacia la derecha
hasta llegar al collado de Burroyo,
tapizado por una amplia pradera. Aquí
soplaba un vientecillo bastante fresco,
el sol había desaparecido y algunas
formaciones nubosas amenazaban con
remojarnos, por lo que paramos el tiempo
justo para hacer fotografías, el lugar
lo merece, y continuar hacia las lomas
herbosas que cierran el horizonte a
nuestra izquierda, a las que se llega en
diez minutos y donde esperábamos
disfrutar de una grandiosa panorámica.
Picalvo es ante todo un extraordinario
mirador que te permite girar sobre ti
mismo y ver siempre altas montañas, al
sur la sierra de Chía y por encima
Cotiella, sigue a su derecha la zona de
los picos de Eriste y el Posets y se
continúa por la cresta divisoria con
Francia y que tiene su punto culminante
en el Perdiguero y el Pico del Puerto
Viejo. Al norte las cotas de Royero y
los Pacs, ya superiores a 2.500 m y
separándonos del valle de Vallibierna
para terminar la circular con el pico de
Castanesa y la cresta que se extiende
desde el pico de Basibé al de Gallinero
cerrando lo que es la estación de esquí
del Ampriu de Cerler. Pues bien, de tan
magnífica visión no pudimos ver el
tercio superior, cubierto por nubes
oscuras y amenazantes. Eso sí, el suelo
nos compensó poblándose de multitud de
flores de variados colores.
A partir de este momento el paseo va a
transcurrir por herbazales hasta que una
hora después lleguemos al refugio
pastoril de Ardonés. Descenderemos del
collado en oblicuo por sendas de ganado
para ir a cruzar el barranco de la
Mascarada por su parte alta y continuar
hacia el collado que queda a nuestra
izquierda, que nos pondrá ante dos
barrancos que se juntan y que iremos a
cruzar antes de que confluyan. Tras
salvar la loma que queda enfrente de
nosotros estaremos en la vaguada donde
reposa el refugio de Ardonés. Eran las
14,10 horas.
Ante la amenaza de un chaparrón
decidimos de momento no pararnos a comer
y acercarnos más a donde nos esperaría
el autobús. Desde el refugio hemos de ir
a buscar la antigua senda que unía el
valle con Cerler y que, dada la
orografía de la zona, con una
profundísima barranquera, no deja más
que un paso único por el que en tiempos
bajaba la acequia que surtía de agua el
pueblo. Para ello iremos descendiendo
hacia el sur por la herbosa ladera en
dirección al solitario pino que veremos
algo por debajo de donde estamos y que
nos colocará en el buen camino. Por una
senda un tanto desprendida en un pequeño
tramo, iremos a cruzar el barranco del
Clotet donde se aprecia lo que fue un
azud para desviar el agua pero que ha
quedado sepultado por un considerable
desprendimiento de tierras.
La senda va describiendo un amplio arco
para rodear la profunda encajadura que
ha labrado el barranco de Ardonés por lo
que va apareciendo ante nuestra vista
primero unos bellos rápidos antes de que
el agua se precipite desde una altura
considerable en una bella y espectacular
cascada. Hacia su base iremos
atravesando antiguos campos de cultivo
teniendo como referente una palanca a la
que debemos llegar para cruzar el
barranco. Como la senda que va a la base
de la cascada es estrecha, mientras unos
iban a verla, fotografiarse,
fotografiarla y mojarse un poco por la
nube de agua que se forma, los otros se
quedaron junto al río comiendo.
A las 17 horas el autobús nos recogía en
la entrada de la pista que lleva a la
cascada y que se encuentra a mitad de
camino entre los puntos kilométricos 9 y
10 de la carretera que sube desde Cerler
al Ampriu. Desde este punto, donde se
pueden aparcar varios coches, a la
cascada hay menos de media hora de
caminar, por lo que es aconsejable ir a
visitarla dada su espectacularidad.
El viernes 19 celebraremos la cena
anual, a la cual podréis apuntaros el
miércoles anterior, día 17, ya que el 21
daremos por finalizada la temporada
hasta septiembre con una travesía
internacional que parte del embalse de
la Sarra-Refugio de Respomuso-Collado de
la Piedra de San Martín y Arrens, ya en
el Parque Nacional de los Pirineos
Franceses.
|
 |
|
Desnivel aproximado de subida –
700 m
Horario neto de caminar casi 6
horas
|
|
|