14 de Junio de 2009 - Ruta nº 116

Pico Pazino – Iglesia de Basarán (Formigal )

     

 

Paisajes pirenaicos desde Pico Pazino

El grupo realizó la salida 116, recorriendo praderas en el entorno de Sallent de Gállego

P. A.

Bueno, el verano ya está aquí. El pasado domingo finalizaba el curso montañero de “Rutas por la Provincia”. En la estación Intermodal estaban todos esperando recoger las notas antes de emprender las vacaciones veraniegas. Pero quedaba el examen final, realmente fácil pues el día estaba para disfrutar de la montaña dejando a un lado recorridos con obstáculos. Únicamente teníamos que ascender a monte Pazino, accesible pico que tiene unas espectaculares vistas de gran parte de los Pirineos.

 A las 8 de la mañana, más de 80 senderistas subimos a los autobuses conducidos por los “José”, Carlos y Ezequiel. La verdad es que también buscábamos un poco de aire fresco para paliar los calores pasados los últimos días. Desde Monrepós oteamos el horizonte hacia el norte…, no había muchas nubes y apostábamos por un buen día, como así fue.

 Dejando atrás la localidad de Biescas tomamos dirección a la frontera francesa de El Portalet. La ermita de Santa Elena a la derecha, más tarde Búbal con el pantano a rebosar, dejamos el desvío hacia  Panticosa a la derecha y unos kilómetros más adelante, después de cruzar Escarrilla, pasado el pantano de Lanuza y frente a Sallent de Gállego, aparcamos los autobuses en una zona habilitada para poner cadenas en las ruedas de los coches en tiempos de nevadas.

 En marcha, con cuidado pues es un tramo asfaltado, retrocedemos unos metros para coger un camino a la derecha por el que comenzamos la subida; al poco vemos un desvío que marca, a la izquierda, el sendero P.R. HU-91. Por una gran ladera herbosa llena de variadas flores llegamos al hayedo de la Selva de Sallent. Dentro de él vamos ganando altura hasta topar con una valla que cerramos al pasar. En el suelo, una alfombra de hojas caducas en contraste con las verdes que tienen ya las ramas de las hayas. Salimos del bosque; podemos encontrar rosales silvestres (gabarderas) en flor, arces, abedules, enebros (chinebros) y ejemplares de pino negro.

 Es el momento de reponer fuerzas, son las 10’30 h y a la sombra de los pinos la gente se dispersa para repartir el espacio sombrío. Tenemos enfrente la alta torre de descompresión que controla el caudal de agua que parte del embalse de Escarra y acaba en la central hidroeléctrica de Sallent de Gállego. En esta zona es necesario agudizar la vista pues se pueden contemplar en esta época gran cantidad de flores entre las que destacan las “violetas”, “botones de oro”, “no me olvides” (especial para grupos de montaña como el nuestro ya que, entre otros significados, simboliza el de la amistad) y matas de bonitas y variadas orquídeas.

 Tras media hora de descanso seguimos poco a poco, subiendo suavemente entre largas lazadas hasta llegar al cuello/collado Pazino. Es desnivel acumulado hasta este momento es de unos 400 metros.  Sobre un pilón de cemento vemos una nueva señalización que marca dos direcciones: pico Pazino y embalse de Escarra. La visión es magnífica, pero tenemos que seguir un poco más, la cima está cerca. Nos queda una fuerte subida, pero cuando llegamos al punto geodésico comprobamos que el último esfuerzo ha valido la pena; nos hallamos a 1.969 m y es hora de disfrutar de una visión que podemos completar en 360º donde se compilan montañas, valles y embalses. Es mediodía. Observamos sobre el pantano de Lanuza los impresionantes Argualas, Garmo Negro e Infiernos; llevando la vista a la izquierda aparecen el majestuoso Palas y Arriel, la inconfundible Peña Foratata, hasta tener al norte la frontera de El Portalé y como fondo, esbelto, el Midi d’Ossau. Hacia el oeste la zona esquiable de Formigal que enlaza con la sierra de la Partacua donde destacan Peña Retona y Telera por encima de los embalses de Escarra y Tramacastilla. Para completar el círculo añadimos el pantano de Búbal y la zona de Sabocos y Tendeñera.

En lo alto del Pazino un buen rato para recoger gran cantidad de estampas, cambio de impresiones y una foto de grupo que no fue fácil de conseguir por la orografía del terreno y el deseo de recoger un llamativo fondo con altas cumbres. Un ligero nublado y la caída de cuatro gotas nos puso en marcha para iniciar el regreso; al momento el sol volvió a lucir y ello hizo que el tono verdoso del paisaje nos acompañara a lo largo del recorrido. Hicimos un pequeño alto para reunirnos al comienzo del bosque, lo cruzamos y en pocos minutos llegamos a la carretera y alcanzamos los autos.

 En autobús nos dirigimos hacia un buen lugar donde recuperar las fuerzas perdidas a lo largo de la caminata mañanera. Habíamos quedado en el restaurante La Ripera a las 14’30 y allí estábamos a esa hora. Nos esperaban nuestros amigos con una buena comida y con el afable trato de siempre. Un rato de tertulia y despacio a los autobuses que están estacionados en la explanada de la estación de esquí. Nos dice Manolo que el autobús “resfriado“ no iba a dar ningún problema subiendo Monrepós y así fue, gracias a las manos expertas de Ezequiel el conductor.

 Ya en la estación momentos para la despedida y el deseo de que todos pasemos un espléndido verano; faltan dos meses pero nadie debe perderse la siguiente marcha de “Rutas” en septiembre. Tenemos que pasear por los pastos cercanos a Cerler; marcharemos desde el Ampríu hasta el collado e ibón de Basibé y regresaremos al lugar de partida. Amigos: ¡hasta la vista…!