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Paisajes pirenaicos desde
Pico Pazino
El grupo realizó la salida 116, recorriendo praderas
en el entorno de Sallent de Gállego
P. A.
Bueno, el verano ya está aquí. El pasado domingo
finalizaba el curso montañero de “Rutas por la
Provincia”. En la estación Intermodal estaban todos
esperando recoger las notas antes de emprender las
vacaciones veraniegas. Pero quedaba el examen final,
realmente fácil pues el día estaba para disfrutar de
la montaña dejando a un lado recorridos con
obstáculos. Únicamente teníamos que ascender a monte
Pazino, accesible pico que tiene unas espectaculares
vistas de gran parte de los Pirineos.
A las 8 de la mañana, más de 80 senderistas subimos
a los autobuses conducidos por los “José”, Carlos y
Ezequiel. La verdad es que también buscábamos un
poco de aire fresco para paliar los calores pasados
los últimos días. Desde Monrepós oteamos el
horizonte hacia el norte…, no había muchas nubes y
apostábamos por un buen día, como así fue.
Dejando atrás la localidad de Biescas tomamos
dirección a la frontera francesa de El Portalet. La
ermita de Santa Elena a la derecha, más tarde Búbal
con el pantano a rebosar, dejamos el desvío hacia
Panticosa a la derecha y unos kilómetros más
adelante, después de cruzar Escarrilla, pasado el
pantano de Lanuza y frente a Sallent de Gállego,
aparcamos los autobuses en una zona habilitada para
poner cadenas en las ruedas de los coches en tiempos
de nevadas.
En marcha, con cuidado pues es un tramo asfaltado,
retrocedemos unos metros para coger un camino a la
derecha por el que comenzamos la subida; al poco
vemos un desvío que marca, a la izquierda, el
sendero P.R. HU-91. Por una gran ladera herbosa
llena de variadas flores llegamos al hayedo de la
Selva de Sallent. Dentro de él vamos ganando altura
hasta topar con una valla que cerramos al pasar. En
el suelo, una alfombra de hojas caducas en contraste
con las verdes que tienen ya las ramas de las hayas.
Salimos del bosque; podemos encontrar rosales
silvestres (gabarderas) en flor, arces, abedules,
enebros (chinebros) y ejemplares de pino negro.
Es el momento de reponer fuerzas, son las 10’30 h y
a la sombra de los pinos la gente se dispersa para
repartir el espacio sombrío. Tenemos enfrente la
alta torre de descompresión que controla el caudal
de agua que parte del embalse de Escarra y acaba en
la central hidroeléctrica de Sallent de Gállego. En
esta zona es necesario agudizar la vista pues se
pueden contemplar en esta época gran cantidad de
flores entre las que destacan las “violetas”,
“botones de oro”, “no me olvides” (especial para
grupos de montaña como el nuestro ya que, entre
otros significados, simboliza el de la amistad) y
matas de bonitas y variadas orquídeas.
Tras media hora de descanso seguimos poco a poco,
subiendo suavemente entre largas lazadas hasta
llegar al cuello/collado Pazino. Es desnivel
acumulado hasta este momento es de unos 400 metros.
Sobre un pilón de cemento vemos una nueva
señalización que marca dos direcciones: pico Pazino
y embalse de Escarra. La visión es magnífica, pero
tenemos que seguir un poco más, la cima está cerca.
Nos queda una fuerte subida, pero cuando llegamos al
punto geodésico comprobamos que el último esfuerzo
ha valido la pena; nos hallamos a 1.969 m y es hora
de disfrutar de una visión que podemos completar en
360º donde se compilan montañas, valles y embalses.
Es mediodía. Observamos sobre el pantano de Lanuza
los impresionantes Argualas, Garmo Negro e
Infiernos; llevando la vista a la izquierda aparecen
el majestuoso Palas y Arriel, la inconfundible Peña
Foratata, hasta tener al norte la frontera de El
Portalé y como fondo, esbelto, el Midi d’Ossau.
Hacia el oeste la zona esquiable de Formigal que
enlaza con la sierra de la Partacua donde destacan
Peña Retona y Telera por encima de los embalses de
Escarra y Tramacastilla. Para completar el círculo
añadimos el pantano de Búbal y la zona de Sabocos y
Tendeñera.
En lo alto del Pazino un buen rato para recoger gran
cantidad de estampas, cambio de impresiones y una
foto de grupo que no fue fácil de conseguir por la
orografía del terreno y el deseo de recoger un
llamativo fondo con altas cumbres. Un ligero nublado
y la caída de cuatro gotas nos puso en marcha para
iniciar el regreso; al momento el sol volvió a lucir
y ello hizo que el tono verdoso del paisaje nos
acompañara a lo largo del recorrido. Hicimos un
pequeño alto para reunirnos al comienzo del bosque,
lo cruzamos y en pocos minutos llegamos a la
carretera y alcanzamos los autos.
En
autobús nos dirigimos hacia un buen lugar donde
recuperar las fuerzas perdidas a lo largo de la
caminata mañanera. Habíamos quedado en el
restaurante La Ripera a las 14’30 y allí estábamos a
esa hora. Nos esperaban nuestros amigos con una
buena comida y con el afable trato de siempre. Un
rato de tertulia y despacio a los autobuses que
están estacionados en la explanada de la estación de
esquí. Nos dice Manolo que el autobús “resfriado“ no
iba a dar ningún problema subiendo Monrepós y así
fue, gracias a las manos expertas de Ezequiel el
conductor.
Ya en la estación momentos para la despedida y el
deseo de que todos pasemos un espléndido verano;
faltan dos meses pero nadie debe perderse la
siguiente marcha de “Rutas” en septiembre. Tenemos
que pasear por los pastos cercanos a Cerler;
marcharemos desde el Ampríu hasta el collado e ibón
de Basibé y regresaremos al lugar de partida.
Amigos: ¡hasta la vista…! |