27 y 28 de junio de 2009 - Pico Belloc - 3.008 metros


Objetivo cumplido: cima en el Belloc

El grupo disfrutó del recorrido pirenaico en la vertiente francesa alcanzando también el Gourdon y el Spijeoles


Según el plan previsto, salimos de Huesca a las diez y media de la mañana a bordo del autobús adornado con los motivos del 75 aniversario de Peña Guara. Tanto usarlo, alguno va a pensar que es nuestro. El pobre autobús va casi completo, somos 28 personas para las treinta y cinco plazas, y hace lo que puede, pero subir cuestas y echar aire frío parece una cosa incompatible, y en las cuestas arriba sudamos todos, el autobús y nosotros.
No obstante, al cabo de dos horas, casi como quien no quiere la cosa, estamos bajando por la vertiente norte del Pirineo, al otro lado del túnel de Bielsa, en dirección a Arrau, donde tendremos que virar hacia el sur para adentrarnos en el valle de Louron, hacia Loudenvielle.

Los Pirineos franceses siempre nos sorprenden, tan verdes, tan limpios, sin urbanizaciones desordenadas… un gusto.

En un agradable prado, a orillas del lago Génos-Loudenvielle, echamos un bocado a modo de comida mientras contemplamos una espectacular y multicolor lluvia de parapentes que aterrizan junto a donde estamos. Pasamos un buen rato y los viciosos de la fotografía no dan abasto apretando el disparador en busca de la mejor foto.

Finalmente, después de algunas dudas (¡por favor, los que han estado que se callen!) llegamos a Pont du Prat, en la central eléctrica Tromesaygues, al final de la carretera, donde comienza realmente nuestra excursión. Un impresionante teleférico gana en un solo tramo el fuerte desnivel que nosotros tendremos que ascender siguiendo un cómodo camino que zigzaguea entre el bosque. Un cartel informativo explica que el teleférico fue una innovadora obra de ingeniería alemana, que todavía es admirada por los especialistas, para compensar los daños producidos durante la Primera Gran Guerra.

Todo el camino está jalonado por este tipo de carteles, muy interesantes, que informan sobre la geología, botánica y, sobre todo, sobre la ingente obra que significó abrir el camino por el barranco de Clarabide y transportar por él los tubos, grifos y válvulas necesarios para el aprovechamiento eléctrico de los lagos superiores.

A pesar de las continuas paradas para leer estos carteles, casi dos horas más tarde llegamos al refugio de La Soula, coqueta construcción afeada por la vecina central eléctrica, situado a 1.700 metros de altura a los pies del Gourgs Blancs y del Spijeoles. Desde el refugio no se ven grandes vistas, sólo podemos intuir la entrada al Valle de la Pez y el Barranco o Gorges de Clarabide por donde hemos venido.

Cenamos muy bien y antes de dormir hablamos con Patrice, el guarda, que nos desaconseja la canal por la que teníamos pensado acceder al pico Belloc para un grupo tan numeroso porque allí se concentran las piedras que, inevitablemente tiraríamos desde la cresta. No importa, hay otras opciones para llegar al pico Belloc y mañana, según veamos cómo está de nieve, decidiremos la más segura.

Pasadas las seis de la mañana, ya bien desayunados, comenzamos el ascenso hacia el lago Caillauas por el marcado camino que, haciendo unas largas y cómodas lazadas sube hacia el sur, hacia el Circo de los Gourgs Blancs.

Cuando llegamos al lago represado de Caillauas, a 2.160 metros, ya podemos identificar las cumbres que nos rodean; el Gourgs Blancs y el Jean Arlaud. Y a su izquierda, separado por una amplio collado, el puntiagudo pico Gourdon. Más a la izquierda, cerrando el circo, el Spijeoles y la cresta del Belloc con sus tres cumbres de más de tres mil metros.

La opción de ascender por el corredor que lleva a la brecha entre el Gourdon y el Spijeoles no nos gusta nada porque al final se ve demasiado pendiente, así que nos decidimos por el collado de Gourgs Blancs, mucho más fácil pero, sin duda, el camino más largo para llegar al Belloc. A ver cómo vamos de horario para completar la ascensión hasta esta cumbre objetivo de este Pico a Pico.

Después de pasar por otros pequeños lagos, el Milieu y el Superieur, hemos subido al collado por unas pendientes de nieve que se han prestado a hacer bonitas fotografías del grupo. El paisaje que nos rodea es espectacular y tampoco hay que ser un artista para hacer buenas fotos, todo el mérito es del entorno.



Ascendemos todos a la cumbre del Gourdon, a 3.024 metros, primero por unas fáciles pendientes de piedra y al final por una cresta también sin dificultad. Desde arriba vemos el Spijeoles, cercano pero no tanto, porque hay que rodear por el este una pared que nos separa de la brecha, y también vemos la cima del Belloc, mucho más lejos, separada del Spijeoles por una larga cresta.

La duda de poder llegar al Belloc es grande y fundada porque es muy tarde y un grupo numeroso como el nuestro siempre es lento.

El paisaje se ha ampliado hacia el este y podemos contemplar cumbres ya conocidas y muchas de ellas ascendidas recientemente, como el Quayrac y el Lezat, el Perdiguero y los Crabioules. Y frente a nosotros, de nuevo, el Gourgs Blancs, el Jean Arlaud y los Seil dera Baquo.

Impresionante la pérdida de grosor del glaciar de la cara norte del Gourgs Blancs, ahora convertido en un pobre nevero. Recuerdo haber subido por él hace cuarenta años (¡cuarenta años! ¡no puede ser!) y era la fácil vía normal. Ahora es una pared de treinta metros, vertical y de aspecto inescalable.

Siete del grupo deciden que con el Gourdon ya tienen bastante y acompañados por Javier bajarán hacia el lago de Oô y desde allí al refugio de Espingo, donde nos juntaremos todos. El resto vamos a subir al Spijeoles y allí decidiremos según la hora que sea.

Para llegar a la brecha entre el Gourdon y el Spijeoles hay que atravesar un gran nevero. Algunos se ponen los crampones para ir más cómodos porque al final, cuando vamos a llegar a las rocas, la pendiente se acentúa y hay que caminar con cuidado.

La subida al Spijeoles no es difícil aunque hay que trepar con precaución para no tirar piedras a los que van más abajo. Una corta trepada por las rocas nos deja en la cumbre y miramos a la lejana cima del Belloc. Son la una y media de la tarde, el tiempo estimado para llegar al Belloc según las guías, es una hora que, más otra hora de volver, hacen dos. No hay tiempo. Así que nos damos una hora, pero para ir y volver.

Solo diez decidimos probar a ver si lo podemos hacer, el resto nos espera en el Spijeoles para bajar todos juntos.

Corremos y trepamos todo lo que podemos y, sin perder la atención porque aquí no vale caerse, al final llegamos a la cumbre principal del Belloc. A alguno le ha costado solo veinte minutos, otros se han liado por el laberinto de rocas y han tardado un poco más. Foto rápida de la cumbre y corriendo, bueno, más que corriendo, deprisa, que el cuerpo no da para más, regresamos al Spijeoles con tan solo diez minutos de retraso sobre el horario que nos habíamos dado.

Y comenzamos el fuerte descenso hacia el refugio de Espingo, en la vertiente de Oô, en las orillas del lago del mismo nombre donde, como estaba previsto, nos reagrupamos todos y completamos el descenso hasta las Granjas de Astau, donde nos espera nuestro autobús.

Ha sido una bonita excursión del Pico a Pico que al final, después de tanta incertidumbre, ha salido satisfactoria. Hemos tardado trece horas desde que salimos de La Soula hasta el autobús pero ahora tenemos todo el largo viaje de vuelta para descansar.

Lorenzo Ortas