|
Objetivo cumplido: cima en el
Belloc
El grupo disfrutó del recorrido pirenaico en la vertiente
francesa alcanzando también el Gourdon y el Spijeoles
Según el plan previsto, salimos de Huesca a las diez y media de la
mañana a bordo del autobús adornado con los motivos del 75
aniversario de Peña Guara. Tanto usarlo, alguno va a pensar que es
nuestro. El pobre autobús va casi completo, somos 28 personas para
las treinta y cinco plazas, y hace lo que puede, pero subir cuestas
y echar aire frío parece una cosa incompatible, y en las cuestas
arriba sudamos todos, el autobús y nosotros.
No obstante, al cabo de dos horas, casi como quien no quiere la
cosa, estamos bajando por la vertiente norte del Pirineo, al otro
lado del túnel de Bielsa, en dirección a Arrau, donde tendremos que
virar hacia el sur para adentrarnos en el valle de Louron, hacia
Loudenvielle.
Los Pirineos franceses siempre nos sorprenden, tan verdes, tan
limpios, sin urbanizaciones desordenadas… un gusto.
En un agradable prado, a orillas del lago Génos-Loudenvielle,
echamos un bocado a modo de comida mientras contemplamos una
espectacular y multicolor lluvia de parapentes que aterrizan junto a
donde estamos. Pasamos un buen rato y los viciosos de la fotografía
no dan abasto apretando el disparador en busca de la mejor foto.
Finalmente, después de algunas dudas (¡por favor, los que han estado
que se callen!) llegamos a Pont du Prat, en la central eléctrica
Tromesaygues, al final de la carretera, donde comienza realmente
nuestra excursión. Un impresionante teleférico gana en un solo tramo
el fuerte desnivel que nosotros tendremos que ascender siguiendo un
cómodo camino que zigzaguea entre el bosque. Un cartel informativo
explica que el teleférico fue una innovadora obra de ingeniería
alemana, que todavía es admirada por los especialistas, para
compensar los daños producidos durante la Primera Gran Guerra.
Todo el camino está jalonado por este tipo de carteles, muy
interesantes, que informan sobre la geología, botánica y, sobre
todo, sobre la ingente obra que significó abrir el camino por el
barranco de Clarabide y transportar por él los tubos, grifos y
válvulas necesarios para el aprovechamiento eléctrico de los lagos
superiores.
A pesar de las continuas paradas para leer estos carteles, casi dos
horas más tarde llegamos al refugio de La Soula, coqueta
construcción afeada por la vecina central eléctrica, situado a 1.700
metros de altura a los pies del Gourgs Blancs y del Spijeoles. Desde
el refugio no se ven grandes vistas, sólo podemos intuir la entrada
al Valle de la Pez y el Barranco o Gorges de Clarabide por donde
hemos venido.
Cenamos muy bien y antes de dormir hablamos con Patrice, el guarda,
que nos desaconseja la canal por la que teníamos pensado acceder al
pico Belloc para un grupo tan numeroso porque allí se concentran las
piedras que, inevitablemente tiraríamos desde la cresta. No importa,
hay otras opciones para llegar al pico Belloc y mañana, según veamos
cómo está de nieve, decidiremos la más segura.
Pasadas las seis de la mañana, ya bien desayunados, comenzamos el
ascenso hacia el lago Caillauas por el marcado camino que, haciendo
unas largas y cómodas lazadas sube hacia el sur, hacia el Circo de
los Gourgs Blancs.
Cuando llegamos al lago represado de Caillauas, a 2.160 metros, ya
podemos identificar las cumbres que nos rodean; el Gourgs Blancs y
el Jean Arlaud. Y a su izquierda, separado por una amplio collado,
el puntiagudo pico Gourdon. Más a la izquierda, cerrando el circo,
el Spijeoles y la cresta del Belloc con sus tres cumbres de más de
tres mil metros.
La opción de ascender por el corredor que lleva a la brecha entre el
Gourdon y el Spijeoles no nos gusta nada porque al final se ve
demasiado pendiente, así que nos decidimos por el collado de Gourgs
Blancs, mucho más fácil pero, sin duda, el camino más largo para
llegar al Belloc. A ver cómo vamos de horario para completar la
ascensión hasta esta cumbre objetivo de este Pico a Pico.
Después de pasar por otros pequeños lagos, el Milieu y el Superieur,
hemos subido al collado por unas pendientes de nieve que se han
prestado a hacer bonitas fotografías del grupo. El paisaje que nos
rodea es espectacular y tampoco hay que ser un artista para hacer
buenas fotos, todo el mérito es del entorno.
Ascendemos todos a la cumbre del Gourdon, a 3.024 metros, primero
por unas fáciles pendientes de piedra y al final por una cresta
también sin dificultad. Desde arriba vemos el Spijeoles, cercano
pero no tanto, porque hay que rodear por el este una pared que nos
separa de la brecha, y también vemos la cima del Belloc, mucho más
lejos, separada del Spijeoles por una larga cresta.
La duda de poder llegar al Belloc es grande y fundada porque es muy
tarde y un grupo numeroso como el nuestro siempre es lento.
El paisaje se ha ampliado hacia el este y podemos contemplar cumbres
ya conocidas y muchas de ellas ascendidas recientemente, como el
Quayrac y el Lezat, el Perdiguero y los Crabioules. Y frente a
nosotros, de nuevo, el Gourgs Blancs, el Jean Arlaud y los Seil dera
Baquo.
Impresionante la pérdida de grosor del glaciar de la cara norte del
Gourgs Blancs, ahora convertido en un pobre nevero. Recuerdo haber
subido por él hace cuarenta años (¡cuarenta años! ¡no puede ser!) y
era la fácil vía normal. Ahora es una pared de treinta metros,
vertical y de aspecto inescalable.
Siete del grupo deciden que con el Gourdon ya tienen bastante y
acompañados por Javier bajarán hacia el lago de Oô y desde allí al
refugio de Espingo, donde nos juntaremos todos. El resto vamos a
subir al Spijeoles y allí decidiremos según la hora que sea.
Para llegar a la brecha entre el Gourdon y el Spijeoles hay que
atravesar un gran nevero. Algunos se ponen los crampones para ir más
cómodos porque al final, cuando vamos a llegar a las rocas, la
pendiente se acentúa y hay que caminar con cuidado.
La subida al Spijeoles no es difícil aunque hay que trepar con
precaución para no tirar piedras a los que van más abajo. Una corta
trepada por las rocas nos deja en la cumbre y miramos a la lejana
cima del Belloc. Son la una y media de la tarde, el tiempo estimado
para llegar al Belloc según las guías, es una hora que, más otra
hora de volver, hacen dos. No hay tiempo. Así que nos damos una
hora, pero para ir y volver.
Solo diez decidimos probar a ver si lo podemos hacer, el resto nos
espera en el Spijeoles para bajar todos juntos.
Corremos y trepamos todo lo que podemos y, sin perder la atención
porque aquí no vale caerse, al final llegamos a la cumbre principal
del Belloc. A alguno le ha costado solo veinte minutos, otros se han
liado por el laberinto de rocas y han tardado un poco más. Foto
rápida de la cumbre y corriendo, bueno, más que corriendo, deprisa,
que el cuerpo no da para más, regresamos al Spijeoles con tan solo
diez minutos de retraso sobre el horario que nos habíamos dado.
Y comenzamos el fuerte descenso hacia el refugio de Espingo, en la
vertiente de Oô, en las orillas del lago del mismo nombre donde,
como estaba previsto, nos reagrupamos todos y completamos el
descenso hasta las Granjas de Astau, donde nos espera nuestro
autobús.
Ha sido una bonita excursión del Pico a Pico que al final, después
de tanta incertidumbre, ha salido satisfactoria. Hemos tardado trece
horas desde que salimos de La Soula hasta el autobús pero ahora
tenemos todo el largo viaje de vuelta para descansar.
Lorenzo Ortas |