11 y 12 de julio de 2009 - Picos Veteranos (3.125 metros) y Gemelos (3.160 metros)


Cuando tenía quince años y comenzaba a subir mis primeras montañas, me regalaron un libro, “Entre Tierra y Cielo” en el que Gastón Rebufat describía su oficio de guía como el de un jardinero que enseña su jardín. Y yo soñaba con guiar algún día a alguien y “enseñarle mi jardín”  y mi jardín siempre era el valle de Estós que en aquellos años visitaba frecuentemente y cuyas montañas enseguida me fueron familiares.

Hoy, de nuevo, estoy en Estós  y, de nuevo, tengo aquellas sensaciones que soñé de crío en las que guiaba a mis amigos a través de mi jardín. Y es que el valle está precioso, como un jardín. El río baja caudaloso a través del bosque por donde sube el camino. Un camino ancho y muy frecuentado jalonado por molestas señales indicadoras y por ¡bancos de madera! Tanta “urbanización” no consigue quitar el encanto a este valle, siempre tan verde, siempre tan florido. Por encima de los prados asoman las cumbres, todavía con manchas de nieve, del Perdiguero, el Seil dera Baquo y, al fondo, los Gías y Clarabides.

Antes de llegar a la señal del desvío hacia Batisielles, otra señal nos indica que estamos en la fuente de Coronas, muy pintoresca con su caño de madera y su pila de tronco ahuecado, pero ¡cuidado! el cartel avisa “agua sin tratar”, el que avisa no es traidor, las cagueras son por cuenta propia. Pues bebemos bien a gusto mientras pensamos si lo más sensato no sería darle una patada al cartel.

En la cabaña de Turmo el camino se estrecha y se convierte en senda. Ahora proliferan las praderas donde sobresalen las gencianas luteas con sus flores amarillas a las que solo les hacen competencia algunos lirios violetas.

Llegamos al refugio de Estós ya  avanzada la tarde aunque podemos descansar un rato en la terraza y disfrutar del paisaje antes de cenar.

Esta vez somos un grupo numeroso, treinta y cinco, que hemos llegado hasta el Puente de San Jaime, nada más pasar Benasque, a bordo de “nuestro” autobús. En apenas dos horas hemos subido hasta el refugio para ascender a los Gemelos, dos cumbres subsidiarias del Posets del que están separadas por la difícil y nada recomendable Brecha Carribé.

 

Álbum de fotos de Juan Brioso

 

Estas cumbres de más de tres mil metros de altura, el Gemelo Norte y el Gemelo Sur fueron objeto de polémica cuando un belga afincado en España, Juan Buyse, formó un equipo de expertos para confeccionar una exhaustiva lista de todas las cumbres, cimas y promontorios de más de tres mil metros del Pirineo. El problema surgió cuando este equipo se puso a bautizar cumbres que otros no consideraban tales, o, como en el caso de los Gemelos, otros consideraban que ya tenían nombre. Al final el tiempo templa los ánimos y ahora ya están asumidas algunas de las propuestas de Buyse como la de llamar a la cumbre Norte de los Gemelos, pico de Los Veteranos.

Bueno, pues para subir a los Gemelos y al Veteranos nos levantamos a las cinco de la mañana y después de tomar un ligero desayuno en el refugio, comenzamos a caminar en dirección al collado de Viadós, en algunos mapas también llamado Puerto de Chistau. La senda, un tramo de la GR 11, va ganando altura suavemente en dirección oeste atravesando prados de lotos, tréboles y miosotis. Nos preguntamos por qué no hay ganados aprovechando tanto pasto, tenemos la sensación de que si estuviéramos en Francia seguro que estaríamos caminando entre vacas, ovejas o caballos.

Cuando pasamos frente a las agujas de la Paul encontramos los primeros canchales y algún nevero que podemos bordear fácilmente. Una marmota invisible silba insistentemente alertando a la comunidad de nuestra presencia. Las gencianas alpinas comienzan a florecer en los prados más altos.  Enseguida estamos en el collado y vemos al otro lado el valle de Viados y el macizo del Bachimala fácilmente reconocible.

Ya nos da el sol y descansamos un rato mientras llegan los más rezagados. A partir de aquí el camino apenas está marcado y trepa zigzagueante entre rocas en dirección sur, hacia el pequeño ibón del Pico Royo, donde arranca la arista de los Gemelos que termina en el mismo Posets.

El día es magnífico, claro y no muy caluroso, y, conforme ganamos altura, nuevas montañas surgen del horizonte conformando un paisaje de cumbres que, después de tantos años de Pico a Pico, podemos identificar recordando el día que ascendimos a cada una de ellas.

El ibón del Pico Royo está todavía prácticamente cubierto de nieve y destacan sus aguas turquesas. En un pequeño collado encima del ibón nace la arista donde están nuestros picos, el Gemelo Norte o Veteranos, de 3.125 metros, que desde aquí se ve perfectamente, y el Gemelo Sur, de 3.160 metros, que queda oculto por la misma arista.

Poco a poco trepamos por rocas descompuestas pero fáciles y el, al principio, compacto grupo multicolor se va estirando y desintegrando hasta ocupar prácticamente toda la arista. Más arriba ya podemos ver la cumbre del Gemelo Sur y detrás, como un telón de fondo, el Posets y la arista que lo une al Espadas.

Cuando alcanzamos la cima del Gemelo Norte o Veteranos descubrimos al otro lado la cuenca  del glaciar de la Paul, ahora oculto por un nevero que disimula su desolación, y el collado del mismo nombre de donde arranca la cresta que contiene las cumbres de los Bardaminas. Un gran collado nos separa del Gemelo Sur que apenas se distingue del macizo del Posets que nos oculta el paisaje hacia el sur. Podemos distinguir numerosas cordadas que llegan al Posets desde la vertiente de Viadós y que como puntitos de colores escalan las últimas pendientes de la cima.

Nos reagrupamos los treinta y cinco en la cima y, tras un tente en pie, nos dirigimos por la cresta que continúa descompuesta pero sin grandes dificultades, a la aérea cima del Gemelo Sur. Algunos se quedan en la cima del Veteranos descansando y pronto nos alejamos tanto que nos cuesta distinguirlos.

Nos hacemos la foto en la cima del Gemelo Sur y echamos una última mirada al Posets y a la Brecha Carribé que desde aquí nos parece un pasaje inaccesible y muy descompuesto.

Desandamos toda la cresta, recogemos las mochilas de la cima norte y volvemos hasta el ibón del Pico Royo, subimos a este picacho y descendemos por La Paul, de nuevo hacia el valle de Estós.

El camino de La Paul, antaño la vía más utilizada para ascender al Posets, en la actualidad es la ruta de ascensión menos usada por la longitud de su recorrido, su dificultad y porque la construcción del refugio Angel Orús en Eriste ha hecho mucho más cómoda la ascensión por esa vertiente, por eso encontramos el nevero sin huellas ni rastro de que haya pasado nadie en los últimos días. También el camino se nota con las piedras movidas, poco asentadas, signo del escaso tránsito por estos lares.

De nuevo cruzamos los prados bajo las agujas de La Paul y de nuevo nos sorprendemos con el manto florido en el que encontramos algunas edelwais. Y cuando perdemos altura, los rododendros y el bosque sustituyen a los prados y llegamos al río donde nos dividimos, unos volverán al refugio a recoger algunas cosas y descender hasta el puente San Jaime por el camino normal y otros seguirán por el camino que, sin apenas perder altura, lleva hasta Batisielles y el ibón de Escarpinosa para completar una vuelta panorámica del valle de Estós.

Tras casi doce horas de marcha, nos reunimos todos en el puente donde nos espera “nuestro” autobús. Todos coincidimos en el mismo comentario: “Bonita excursión”