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25 y 26 de julio de 2009 - Picos Ramougn (3.011 m) y Neouvielle (3.091 m) |
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Definitivamente, lo del Pic Long no era una buena idea. Fuimos con unos amigos a reconocer la montaña, bueno, más que a reconocerla, a constatar lo que ya sabía porque era la cuarta vez que subía a esta cumbre, y encontramos la ascensión demasiado peligrosa para un grupo numeroso. La roca es muy descompuesta, el camino no está muy bien definido y abundan los peligros objetivos. Total, que decidimos cambiar el plan por otro mejor. Y la solución la teníamos delante de nosotros, en el pico Ramougn, una cumbre de tres mil metros, poco ascendida por su dificultad, pero con una roca granítica excelente. Completaríamos la excursión ascendiendo a su vecino, el Neouvielle, pero escalándolo por la cara este y descendiendo después por la vía normal. Así pues, el sábado salimos en nuestros coches particulares para desplazarnos hasta la vertiente francesa del Pirineo por el túnel de Bielsa, a la Reserva Natural de Neouvielle, un lugar paradisíaco con numerosos lagos, bosques y esbeltas cumbres, muchas de ellas de más de tres mil metros. Un lugar recomendable incluso para los que no les apetece alejarse más de cinco metros del coche. Acampamos en la orilla del lago Aubert, justo a los pies del Neouvielle y del Ramougn, y a la mañana siguiente, todavía de noche, nos levantamos con los cuerpos más o menos doloridos por el duro suelo. Alguna, que no ha parado de roncar en toda la noche, asegura que no ha dormido nada de nada. Al amanecer cruzamos la presa del lago y comenzamos la ascensión. Al principio por un camino muy marcado entre prados donde proliferan tanto los mojones que es difícil saber cual es el camino más adecuado. Después los bloques ganan la partida a la pradera y hay que estar atentos para desviarnos a la derecha, justo debajo de la arista que baja del pico Ramougn, para cambiar de vertiente. Al otro lado de la arista ya todo es un mar de grandes bloques de granito blanco. Ya no hay camino aunque puede intuirse siguiendo los mojones que llevan en la dirección correcta. Se trata de ir ganando altura por el canchal en dirección a los neveros que hay bajo la cresta que une el pico Ramougn y el Neouvielle. Los lagos de Aubert y Aumar se quedan muy abajo y sus aguas azules destacan entre el verdor del valle. Varias montañas de suaves pendientes aparecen en el horizonte y reconocemos al Midi de Bigorre con su cima repleta de antenas y observatorios. Mientras ganamos altura, los contrafuertes que defienden la cima del Ramougn se van mostrando cada vez más inaccesibles y, aunque sabemos que se trata de una corta y fácil escalada, inconscientemente buscamos sin encontrar el camino hasta la cumbre. Después de cruzar algún nevero que ocupa lo que antiguamente era el Glaciar de Ramougn, llegamos al pie de la cresta que ganamos con facilidad siguiendo una amplia vira hacia la izquierda. Nos colocamos los cascos, los arneses y las bagas para asegurarnos, y dejamos las mochilas para escalar más ligeros. Aunque la vía de ascensión sigue sin verse claramente, los introducimos en el laberinto de diedros, placas y chimeneas encontrando el camino más adecuado que apenas está marcado por algún mojón. Instalamos alguna cuerda fija para facilitar y asegurar el paso por algún tramo más difícil y, poco a poco, vamos llegando a la cima de este modesto tresmil.
Arriba, como no podía ser de otra manera, la vista es soberbia. Hacia el oeste domina la mole del Neouvielle y miramos inquietos la arista que pretendemos escalar a continuación. Hacia el sur, a nuestros pies, el lago Cap Long y las cumbres del Staragne, Cambiel y el cresterío del Pic Long. Detrás el macizo de La Munia y todas las cumbres del macizo de Monte Perdido en la que destaca la sombría cara norte y su glaciar. Disfrutamos del paisaje, descansamos y fotografiamos todo en un vano intento de guardar fielmente en nuestra memoria todas las sensaciones. Otra cuerda fija a modo de pasamanos o quitamiedos, ayuda y facilita el descenso hasta las mochilas. Otra pequeña parada para echar un tentempié y nos dirigimos, cruzando otro pequeño nevero, al pie da la cara o arista este del Neouvielle que escalamos buscando el camino más fácil. Como en el Ramougn, la roca es excelente lo que facilita la progresión y, sobre todo, la hace mucho más segura. Somos veintitrés montañeros y formamos una larga fila multicolor que, como un ciempiés, trepamos por la pared hacia lo más alto. La pared termina en una arista que, vertiginosa, se asoma al lago Cap Long. Con una cuerda fija aseguramos la travesía de una aérea placa y los últimos pasos cerca de la cima. Algunas cordadas están terminando de escalar la arista de Los Tres Consejeros y coincidimos en el tramo final, ya junto a la cumbre. Cuando llegamos al Neouvielle nos confundimos entre otros grupos que han ascendido por la vía normal y que a estas horas abarrotan la cima disfrutando como nosotros de un magnífico día y de un paisaje que se ha visto completado hacia el oeste con las cimas del Vignemale, los Infiernos y el Balaitous. El descenso, sin historia, lo realizamos por la vía normal, un camino bastante marcado entre los bloques de la cara norte y los restos de un gran nevero por donde nos deslizamos cómodamente hasta los primeros prados. Ya solo queda seguir el camino, muy marcado, de la vía normal que atraviesa hacia el este para llegar al paso bajo la arista del Ramougn por donde habíamos pasado por la mañana, y el descenso entre rocas y prados hasta la presa. Casi nueve horas y media más tarde, y después de más de 1.100 metros de desnivel, llegamos a los coches en una tarde muy calurosa. Abajo, mucho movimiento turístico, autobuses, coches, montañeros, turistas… y es que, aunque es el paisaje de Alta Montaña a pie de coche, el lugar merece mucho la pena. Lorenzo Ortas |