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23.08.09 - Bco. del Sen + Gta. de Pecadores |
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Aún en Agosto, el mes de las aglomeraciones, podemos encontrar lugares en los que disfrutar de un medio como los barrancos sin necesidad de ser engullidos por la corriente humana a la que, en estos meses de calor y estío, nos tienen acostumbrados los barrancos y gargantas más “divertidos” y refrescantes del Pirineo Central. En esta ocasión, recibe nuestra visita el Valle de Chistau, quizás uno de los menos concurridos del más alto Sobrarbe, a pesar de sus dimensiones y belleza. El descenso elegido…, el Bco. del Sen, un importante afluente del Cinqueta por su margen izquierda, sito en las proximidades de San Juan de Plan. Procedentes de Huesca, Zaragoza y Madrid, nos juntamos en Plan un grupo de nueve barranquistas, acompañados en esta ocasión por tres senderistas interesadas en lo que el Valle de Chistau puede aportar, también fuera de los barrancos. Pronto nos redistribuimos en los coches y emprendemos la marcha hacia el cercano San Juan de Plan, desde el que bajamos hasta el Cinqueta. Atravesamos este y proseguimos hasta el puente sobre el Bco. del Sen.., el nuestro. Aparcamos los coches en los ensanches que habitualmente encontramos próximos a los puentes y que tan bien nos vienen a los practicantes de este deporte, nos repartimos el material (y el peso) y emprendemos la marcha, ya a pie y tras acertado consejo de los más andarines del grupo, por la senda más evidente (camino viejo). Tras escasos 20 minutos y siempre bajo el denso bosque que nos protege de la desagradable solanera del mediodía, llegamos a una pasarela de hormigón que cruza el barranco, sobre la que nos enfundamos el traje de faenar. Una vez preparados.., echamos a andar por una senda que discurre paralela al cauce evitando de manera cómoda el primer pasaje del barranco, abierto y con menos interés, hasta que esta comienza a separarse. Adentro!! El Bco. del Sen es un corto descenso, aunque no por ello desdeñable, en el que la tonalidad rojiza de los primeros pasos, propia de la cuenca alta del Cinqueta, se torna grisácea y clara, en esta formada garganta cada vez más profunda, en la que la luz del Sol entra tamizada por el techo arbóreo, y en la que disfrutar, además del agua tan ansiada en este caluroso mes de Agosto, de la ansiada tranquilidad, para nada perturbada por el único barranquista que encontramos, y que encontró en nosotros un grupo con el que compartir el descenso.
Cuatro rápeles no muy largos pero sí algo complicados, algún tobogán de los que arrancan alguna que otra risa, y varios resbalones causados por la cantidad de verdín que hizo para algunos.., de cada paso.., un ejercicio de equilibrio (o una “figura de baile”), nos llevaron, casi sin darnos cuenta, hasta el puente en que poco antes aparcamos los coches. Era pronto todavía, aún quedaban ganas, el Valle de Chistau da para mucho, y pocos cientos de metros aguas arriba de la desembocadura del Bco. del Sen, encontramos la Gta. de Pecadores. Decididos pues a continuar con la actividad y sin quitarnos siquiera los neoprenos (no sea que con ello se nos quiten también las ganas de seguir barranqueando), nos repartimos de nuevo en los coches (no sin antes protegerlos del caldo que portan nuestras vestimentas) y nos dirigimos primero, al puente sobre el Cinqueta, y después, a buscar la pista de acceso a las Bordas de Biados. A pocos metros de la entrada de la pista aparcamos los coches y bajamos al cauce. En este río, siempre alegre, y por cortos tramos en los que el calado lo permitió, pudimos dejar que fuera el agua la que hiciera todo el trabajo, no sin pagar billete en forma de algún que otro morado que seguro hizo acto de presencia esa misma tarde. Pronto llegamos al lugar en el que las paredes que encauzan el río se juntan hasta formar una imponente y oscura garganta, coronada por el afamado Puente de Pecadores, que a tantos de toda índole ha visto pasar, y en el que según cuentan, alguna que otra triste historia terminó para siempre. Rápidamente vuelve a ensancharse el cauce, y la luz a hacer acto de presencia. En pocos minutos de paseo por el río llegamos al puente en que dejamos coche.., y algún miembro del grupo. No sin degustar las viandas que cada uno buenamente pudo aportar, y no sin echar el “café” de rigor, pusimos rumbo a casa, con muy buen sabor de boca por la buena jornada pasada en buen lugar, y con buena compañía. |
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