19 y 20 de septiembre de 2009 - Pico Eriste Sur (3.040 metros) y Tuca de Bagueña (2.950 metros)


LAS PRIMERAS NIEVES

Cuando llegamos al desvío, la carretera se empina y comienza a escalar la ladera este de la sierra de Chía mientras que Castejón de Sos y el valle de Benasque se van quedando cada vez más abajo. Las cumbres del Gallinero muestran el manto blanco de las primeras nevadas y las Maladetas están cubiertas por densas nubes.

En Chía la carretera se convierte en pista que entre abedules sigue ganando altura hacia el collado de Sahún. Cerca del collado, desaparecen los árboles y los prados y las vacas componen un apacible paisaje que apenas podemos disfrutar desde el coche.

Cuando llegamos a lo alto del collado, nos sorprende la belleza del lugar. Asomado a la vertiente oeste y situado entre algunos pinos, el pequeño refugio de Marradetas, nos parece, sencillamente, encantador. Ayudan a crear esta imagen idílica las nubes que ramonean entre las cumbres mientras el sol se va ocultando en el horizonte.

Somos veintitrés montañeros que ocupamos todas las plazas del refugio que, más que pequeño habría que decir que es coqueto y confortable. Cenamos de maravilla y no acostamos pronto para madrugar porque el pronóstico el tiempo solo lo da bueno por la mañana.

Antes del amanecer hemos desayunado y nos despedimos de Tete y su mujer que nos han tratado con todo el cariño y nos prometemos volver.

A la luz de las linternas comenzamos a descender por la pista que lleva al valle de Barbarisa por el que ascenderemos en dirección a los lagos. Antes de llegar a la cascada, al final de la pista, ya ha amanecido y, aunque está prácticamente despejado, algunas nubes aborregadas anuncian que el buen tiempo no es para todo el día.

Por un sendero bien marcado subimos entre prados hasta la cuenca de los lagos, al pie de las cumbres de la Tuca de Bagueña y del Eriste Sur que ya están blanqueadas por las nieves otoñales.

Desde el ibón de Barbarisa nos dirigimos al collado de Comajuana que une este valle con la Aigüeta de la Vall, el valle que por el otro lado sube desde Eriste.

Almorzamos en el collado donde disfrutamos del tímido sol de la mañana y del paisaje que se va nublando poco a poco.

Un sendero poco marcado pero señalizado con mojones cruza a media ladera hacia el norte, hacia un collado bajo la cumbre del Pico Comajuana o Tuca de Bagueña. La nieve ya cubre levemente las piedras y hace incómoda la progresión. Las nubes que provienen del norte siguen cubriendo las montañas aunque los Eristes todavía están despejados. Bajo la última pendiente de la Tuca de Bagueña nos dividimos, unos subirán a este bonito pico de más de 2.950 metros y otros iremos, atravesando un gran canchal de bloques nevados, hacia la cumbre del Eriste Sur que parece todavía muy lejano.

Caminamos entre bloques nevados, sin ganar altura, hasta el contrafuerte que hay bajo la cumbre del Eriste Sur, el mal tiempo ya está llegando a la vecina cumbre del Gran Eriste pero la cosa no parece muy seria, así que continuamos escalado por rocas fáciles hasta la cresta cimera. Algún paso delicado nos separa de la cima. A nuestra derecha, un precipicio y el Ibón Chelau, y más al norte, entre nieblas, los lagos de Millares y el valle de Viadós. A pesar de las nubes, o tal vez gracias a ellas, disfrutamos de un gran ambiente de alta montaña.

En la cumbre, como siempre, foto de grupo y a descender rápidamente porque se está deteriorando y queremos atravesar los canchales con visibilidad. La nieve poco consistente obliga a descender con precaución por la cresta y cuando destrepamos el contrafuerte ya está nevando ligeramente.

Desandamos el camino hacia el collado en medio en medio del mal tiempo que no termina de instalarse. La propia montaña retiene estas nubes provenientes del norte y en la ladera sur se alternan el sol y las pequeñas borrascas y no hacemos más que taparnos y destaparnos, al final para acabar mojados, aunque no chupidos.   

En la cascada, al final del valle, donde comienza la pista que nos llevará de nuevo al collado de Sahún, nos juntamos todos y echamos un bocado aprovechando el sol. Estamos contentos. Algunos pronósticos daban muy malo para hoy aunque preferimos fiarnos de otros más optimistas y esta vez lo acertamos.

Nueve horas y 1.500 metros de desnivel después estamos de nuevo en los coches, descendiendo por la aérea pista. En Benasque el tiempo se ha puesto de norte.

Quedamos en Campo a echar una cerveza y aprovecharemos para hacer nuevos planes.