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“La provincia
paso a paso” del Club Peña Guara entra en el otoño con una bella, larga y bien
diseñada excursión montañera, la número 397, aproximándose a las 400 que pronto
se cumplirán, recorriendo buena parte de las sierras que por el Norte cierran la
Hoya de Huesca en el entorno más conocido de la Sierra de Guara, y que nos
recuerdan una vez más que la capital de la provincia está situada al pie de
sierras que poseen unos rincones montañeros hermosísimos. De ahí que el conjunto
mereciera la calificación protectora de Parque Natural. Por el entorno del
Picón o Pico del Mediodía y con el Matapaños como cumbre principal de la jornada
discurrió el domingo este recorrido montañero para seguir disfrutando de la
provincia paso a paso.
De mañana y
con un tiempo otoñal bastante estable aunque algunas neblinas manchaban el
cielo, la excursión partía del cruce de Sta. Eulalia de la Peña, santa Olarieta
como se la conoce, por un tramo de pista y sendero que rápidamente fue
situándonos en las laderas del Flumen, dejando al Este el conjunto de moles
calcáreas de la PEÑA DE AMAN y de SAN MIGUEL, para adentrarnos por buena senda
en los valles que se ocultan tras la puerta que el mítico Roldán vino a
zanjar con su espada. Por las laderas del río donde antiguamente hubo
huertos de Santolarieta caminamos por el valle del Flumen, río de Huesca, hasta
el punto que descendiendo llegamos a una escondida palanca que nos permite
saltar el río sin el temido chapuzón mañanero. Hemos bajado unos metros de
altitud e iniciamos el recorrido por el barranco de Valleclusa que por buen
camino entre el variado bosque de montaña solariega, nos conducirá hasta el
Collado de Collicierco que a 1405 metros constituye un buen mirador de la
comarca y de todo el conjunto serrano de Guara. Antes del collado aún hemos
reposado unos minutos porque la cuesta lo requería en una gran cueva abrigo de
neolíticos habitantes de estos frondosos bosques, y nos hemos acercado a
divisar los barrancos de este paisaje dominados por la Peña del Picón o del
Mediodía, que con su figura de caliza espléndida preside todo el recorrido.
En el Collicierco, collado ancho, redondo, un buen
reposo nos dará pie para dirigirnos aún a la cumbre
más alta de la jornada, el pico de Matapaños que con
sus 1530 metros de altitud nos sirve de nuevo de
espléndido mirador de todo el conjunto de Guara y
sus sierras, los campos, los pueblos de la Hoya y
Huesca al fondo algo cubierta de brumas otoñales.
El Matapaños es un conjunto de cumbres a donde
ascendían caminos carboneros y viejas sendas de
ovino y caprino hoy casi abandonadas, y que perdidas
esas costumbres de la vida en la montaña año a año
van vistiéndose sin remedio de la espesura vegetal
del arizón y otros matorrales que cada vez
dificultan más el recorrido de estos montes, como
daremos buena cuenta de ello.
El descenso
del Matapaños se convierte en lo más arduo de la jornada por los arizones que
han tapizado las laderas y por unas empinadas pedreras que con la necesaria
precaución nos llevan hasta la senda de los Burros y a La Viñeta, otro de los
momentos paisajísticos más intensos de la jornada, puesto que las Peñas de San
Martín presidiendo el profundo Val de Onsera, es un entorno de paredones calizos
bellísimo, tapizado de buitreras, en cuyo fondo fue a esconderse la Ermita de
San Martín de la Val de Onsera, quién sabe si en tiempos donde aún merodeaban
los osos que dieron nombre a este profundo valle.
Jesús uno de nuestros guías ha trazado un descenso
inteligente dado su conocimiento profundo de este
terreno, como José Ramón que ha ido buscando senda
entre arizones altísimos, y nos esperan en este
mirador de la Viñeta.
De ahí a bajar la Puerta del Cierzo se hace
entretenido y juguetón por unas sirgas que ayudan a
evitar un cierto riesgo en un punto muy transitado
de este camino circular que para visitar la Ermita y
el alto val de Onsera, parte de San Julián de Banzo
donde al final nos dirigimos.
El descenso hasta San Julián discurre
por un Barranquillo empedrado de piedras rodantes
entre formaciones rocosas conglomeráticas y calizas
que nos conduce amablemente a los labrados campos
que soleados a esta hora del día nos deleitan el
final de la jornada. Unas alpargatas calizas
destacan poniendo la nota de contraste en el verdor
otoñal de la montaña baja y de nuevo la vista de las
peñas del Salto de Roldán, iluminadas ahora del sol
poniente, donde hace ya unas horas iniciamos la
jornada. |