TRAVESÍA Nº 392 - 11 DE OCTUBRE DE 2009

MONASTERIO DE OBARRA – CALVERA – BORDA D’ANSUILO – PUERTO DE BONANSA

OBARRA: EL CONGOSTO SALVADO EN ALTURA

Los primeros rayos solares penetran en el autobús cuando en dirección a Barbastro vislumbramos que vamos a tener un precioso día a juzgar por el despejado cielo y la intensa luminosidad en el horizonte. La travesía que nos disponemos efectuar hoy, la tuvimos que suspender desde Graus el pasado mes de Abril por la beneficiosa e intensa lluvia que regaba campos y montañas.

En el sombreado aparcamiento del Monasterio de Santa María de Obarra, sopla un viento fresco que baja encajonado por el Isábena y que hace perdamos poco tiempo en los preparativos previos al inicio de la marcha. Atravesado el magnífico puente, copia del medieval desaparecido en una riada en los años 60 del pasado siglo, nos detenemos algunos minutos para admirar una vez más sus tres edificios principales (basílica de Sta. María -siglo XI-, palacio abacial -siglos XII-XVI- y la recoleta ermita de San Pablo -siglos XI-XII). Al final del prado está el poste indicador que señala el camino hacia Calvera. Es un antiquísimo sendero   flanqueado por tapial de gruesas piedras, desprendidas en algunos tramos, que en bien trazado ascenso permite contemplar los restos del conjunto abacial mencionado y la traza románico-lombarda de los ábsides de la iglesia.

Se agradece el estar ya al sol cuando llegamos a la explanada bajo los Puegos, altozano en el que asienta el cementerio de Calvera. La panorámica es muy buena con el Turbón de fondo sobre un espeso pinar por encima de Ballabriga. En dirección opuesta aparece la iglesia de Calvera y el humo de alguna chimenea bajo la cual se debe estar preparando un buen almuerzo. Imaginación que no falte. No vamos a pasar por el pueblo y en su lugar desde aquí mismo, tomamos una evidente y vestida senda que en bastante pendiente y dejando La Cuasta a la derecha, nos lleva a una zona con restos de aprisco para el ganado y en donde nos disponemos a almorzar. Es una gozada la inmensa panorámica que se abre por doquier, aderezada por la limpieza atmosférica que disfrutamos en este otoñal segundo domingo de Octubre. Vamos muy bien de tiempo y aprovechamos ya no sólo para solearnos, sino que dejando las mochilas, nos aproximamos a un cercano puntarrón desde el que privilegiadamente se disfruta de la vista de parte del valle del Isábena y por supuesto de todo el conjunto de Obarra.

Reiniciamos la marcha, con una temperatura muy agradable, por “imaginarias” sendas siempre ascendentes, plagadas de té de roca, jedreas, espliego, tomillos, bojes, gayubas y demás especies, sin olvidar a nuestras impenitentes compañeras las puñeteras aliagas colonizadoras. Sobre nuestras cabezas, puntiagudos mogotes y el cerrado pinar que atravesamos campo a través, hasta salir a una preciosa zona con multitud de bancales bien dispuestos y que en otro tiempo debieron ser cultivados con esmero. Ahora hay una fina hierba tapizada por islas de helechos que junto a las recias y grisáceas paredes que separan  los bancales, conforman una bella estampa que queremos ubicar en nuestras retinas y por supuesto en las tarjetas de nuestras digitales cámaras. Hasta aquí llega el camino que hubiésemos seguido desde Calvera, como lo hacían sus antiguos habitantes con sus ganados a juzgar por las derruidas casetas que todavía jalonan la pendiente.

Precisamente por encima de la más grande discurre el perdido sendero que en suave ascenso nos lleva hasta un collado en el que entramos en la vertiente del valle y desde el que sin perder panorámicas hacia el Turbón, podemos contemplar allá abajo el recomendable camino de La Croqueta (un P.R. marcado desde Ballabriga hasta la carretera de Espés-Abella-Laspaúles por el Río Blanco). Estamos en el punto más alto de nuestro recorrido y una vez reagrupados, iniciamos el descenso por una inimaginable senda en altura y de una extraordinaria belleza. Caminamos saboreando, oliendo las esencias naturales de esta montaña que en algunos tramos se hacen más acusadas, según vamos pasando y pisando con nuestras botas. Está muy vestida pero como no hay prisa, aseguramos el paso apartando ramas de arbustos y del variado arbolado. Atravesamos el pinar y nos encontramos con la inusitada belleza del hayedo, en ese juego relajante de luces y sombras otoñales que lo hacen único, en ese deseo de tapizar con sus caídas hojas el sendero que lo deja atravesar. Es la zona que en los mapas viene como “La Selva” sorteando el congosto de Obarra a varios cientos de metros por encima del río y la serpenteante carretera con sus túneles.

Se difumina y pierde la traza, descendemos por los dos barrancos que bajan de Pegá hasta encontrar los amojonamientos que dejamos meses atrás en el preceptivo reconocimiento de esta travesía, para continuar sin pérdida por el cansino ascenso que, atravesando zonas de cajigos, pinos y hayas, nos lleva hasta la Borda de Castellano. Estupendo sitio para comer bajo la mole esquelética de su fenecido árbol resistente a la caída. Descanso y siestecilla bien ganada sobre la abundante hierba, para continuar el ascenso por camino más ancho hasta la Borda de Ansuilo y su precioso mirador sobre el valle. Accedemos en corto trecho hasta la pista en la que se hallan algunos vehículos de jóvenes matrimonios que con sus hijos han llegado hasta aquí a pasar el día y coger setas, porque haberlas haylas y en cantidad. Si llega a venir hoy nuestra querida amiga “la brujeta de Siétamo”, se hubiera llevado singulares ejemplares para la exposición micológica que pretende instalar en el edificio anexo a la ermita del Viñedo de Castilsabás.

No hay mas que seguir el descendente trayecto de la pista, admirar el enclave del pueblecito de Alins, para pasando por el refugio forestal arribar hasta la carretera en el Puerto de Bonansa, donde ya nos está esperando Rubén con su autobús. 825 m. acumulados de subida y 500 de bajada en aproximadamente 11 kilómetros de recorrido. Otra travesía de “Paso a Paso” para no olvidar. Ha supuesto varios viajes de esforzado reconocimiento y al fin, todos juntos, hemos superado en altura el Congosto de Obarra. Cuando desde el autobús, ya bajando, intuimos el sendero por su intrincada orografía, parece mentira que por allí se pueda pasar. Pues se pasa y sin ningún riesgo. Animamos al Ayuntamiento de Calvera, a la Comarca de Ribagorza o a quien corresponda, el que se acondicione y señalice el itinerario que hemos realizado, para su disfrute por tantas gentes que conformamos y lo harán en el futuro, el amplio espectro del senderismo. Que así sea.      

 

Esta travesía estaba programada para realizarse el 26 de Abril y se tubo que suspender por causas meteorológicas.