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ESTUPENDA JORNADA
DEPORTIVA POR EL MONTE DE AGÜERO
La travesía
programada para esta jornada desde Lárrede hacia el
Puerto de Santa Orosia con final en Fanlillo, la
hemos tenido que posponer para el 28 de Marzo,
debido a la gran cantidad de nieve que hay en buena
parte de su recorrido, disponiéndonos a realizar la
que precisamente estaba prevista para dicha fecha,
es decir, que este último domingo de Febrero nos
vamos hacia Agüero. Pensamos subir hasta Punta
Común, crestear hasta las inmediaciones del cerro de
La Casterella y por el barranco de la Rabosera,
regresar de nuevo hacia Agüero.
Los ladridos de los
perros en los remolques y el transitar de vehículos
todo terreno, indican claramente que en su última
jornada cinegética de la temporada, los cazadores
también se disponen a salir al monte. Prudentemente
iniciamos la ruta desde la parte alta del lugar y
contrariamente a lo previsto, por el sendero cercano
al hostal La Costera, señalizado como ruta circular
a los mallos y hacia Carcavilla. El día ha salido
estupendo, sin nubes y con un sol radiante que a
estas primeras horas de la mañana está comenzando a
acariciar la cimera de los impresionantes farallones
que nos acompañan a nuestra izquierda. La senda,
aunque pendiente, es muy agradable tanto por las
vistas como por su trazado y el matinal olor de la
húmeda vegetación. Los vigilantes buitres ya
sobrevuelan la cima. Al desembocar en la pista,
también ascendente, vamos sorteando como podemos el
lodazal provocado por las recientes y copiosas
lluvias de días anteriores, pero en corto trecho
volvemos a retomar la senda que nos va a llevar
hasta unos vestigios pétreos donde suponemos hubo en
tiempos pasados algún refugio o paridera. Antes
hemos observado cómo algún gran bloque de piedra
desprendido de lo alto ha dejado maltrecho a un gran
pino y derribado a otro que interfiere la senda.
Las diez de la
mañana, al sol y con una panorámica estupenda no
cabe duda que es el mejor momento para almorzar con
tranquilidad. Sosegadamente reiniciamos la ascensión
hacia Punta Común (límite de las provincias de
Huesca y Zaragoza) y poco antes de su final, en el
collado que precede a la cima, nos topamos con un
cazador “que nos permite pasar agrupados y en
riguroso silencio por un tiempo de quince minutos”.
Inaudito. No podemos ni contactar vía emisora con
los compañeros que vienen rezagados. Subimos a la
cima, tocamos chufa y para abajo que “se pasa el
tiempo concedido”. Los rezagados tendrán que subir
otro día. No producimos más sonido que el de las
botas por el sendero. El del rifle con mira
telescópica debe tener muchas ganas de perdernos de
vista y nosotros todavía más. Llegados al desvío que
va hacia Carcavilla nos reagrupamos todos, pero
seguimos en silencio porque vemos que hay otros
cazadores apostados a juzgar por el reflejo del sol
en el cañón de sus rifles. Sin más comentarios.
Seguimos avanzando
dirección norte por los sube y baja de las sendas
que coronan las herbóreas crestas y observando cómo
nos han precedido vacas y caballos que están
pastando por las laderas de La Tolosana. Aquí las
panorámicas son excelentes en prácticamente todas
direcciones, con el Moncayo, los mallos de Riglos
sobre la vía férrea, el pantano de La Peña, el valle
del Garona, Oroel y sierra de S. Juan de la Peña,
etc. etc. Por encima de todo el impresionante Midi y
toda la nevada cordillera hasta el Turbón. Hay que
ir con cuidado y mirar bien al suelo para no
engancharte o herirte con el alambre de espino
venido al suelo al pudrirse las estacas de madera
que lo sustentaban. La temperatura es muy buena
cuando llegamos a la Fuente de la Rabosera. Hoy está
la poza enturbiada por las vacas, pero esa es la
fuente de su sustento.
Ahora toca bajar por
fuerte pendiente entre el arbolado hasta el barranco
de La Rabosera, un precioso y recoleto espacio con
agua que fluye por todas partes. Un buen sitio para
comer y echar una pequeña siesta al sol. Después y
ya más descansados reiniciamos el regreso hacia
Agüero por una corta senda que en pocos minutos baja
hasta el cauce del barranco para cruzarlo y
transitar en altura por su orilla orográfica
izquierda. Posteriormente hay que volver a cruzarlo
a su orilla derecha, continuando por una intrincada
trayectoria ascendente-descendente exenta de todo
tipo de sendero, por cuanto la exuberante y espinosa
vegetación hace mucho tiempo que lo ha engullido.
Pero vamos avanzando lentamente con reagrupamientos
en puntos estratégicos al objeto de caminar
agrupados y no tomar direcciones erróneas. Llegamos
al fin a un punto más o menos por debajo del corral
de Abadías, en que la senda ya es más evidente,
aunque muy vestida, viendo en algunas tramos el
trabajo que se tomaron los antiguos transeúntes en
su plataforma, para salvar los muchos impedimentos
que presenta el terreno por el que discurre.
Divisamos en altura la ermita de San Esteban casi al
mismo tiempo que pisamos por fin el camino que
conduce hasta La Osqueta (desde cuyo punto se
desciende a Salinas y Villalangua).
Descendemos al
barranco y lo cruzamos por última vez a su orilla
izquierda, para en breve subida solazarnos con el
precioso espectáculo que ofrece el encajonamiento
del Rabosera a su paso por la foz que durante siglos
viene horadando, así como la gran cavidad junto a
la ya amplia senda que compartimos con la oculta
conducción de agua hasta los depósitos
abastecedores. Rodeamos la falda de Peña Sóla junto
al resto de conglomerados y en unos minutos nos
hallamos de nuevo en las estupendas calles de
Agüero, estas calles que mantienen su característica
estructura medieval de montaña, empinadas y
estrechas, albergando estupendos edificios de piedra
típicos de la popular arquitectura de esta zona y
sin olvidar el sobresaliente perfil de su románica
iglesia parroquial de San Salvador. Las bellezas que
atesora Agüero, hacen que siempre sea muy agradable
su visita en cualquier época del año.
Estupenda jornada
deportiva. Catorce kilómetros con setecientos
cincuenta metros de desnivel acumulados tanto de
subida como de bajada. A ver si la nieve nos permite
el paso por Serrablo el último domingo de Marzo.
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