TRAVESÍA Nº 402 - 28/02/2010 - HOYA DE HUESCA

AGÜERO – PUNTA COMÚN – CERRO DE LA CASTERELLA – BARRANCO DE RABASERA – AGÜERO

 

TRÁNSITO SILENCIOSO POR EL REINO DE LOS MALLOS

 

 

 

ESTUPENDA JORNADA DEPORTIVA POR EL MONTE DE AGÜERO

La travesía programada para esta jornada desde Lárrede hacia el Puerto de Santa Orosia con final en Fanlillo, la hemos tenido que posponer para el 28 de Marzo, debido a la gran cantidad de nieve que hay en buena parte de su recorrido, disponiéndonos a realizar la que precisamente estaba prevista para dicha fecha, es decir, que este último domingo de Febrero nos vamos hacia Agüero. Pensamos subir hasta Punta Común, crestear hasta las inmediaciones del cerro de La Casterella y por el barranco de la Rabosera, regresar de nuevo hacia Agüero.

Los ladridos de los perros en los remolques y el transitar de vehículos todo terreno, indican claramente que en su última jornada cinegética de la temporada, los cazadores también se disponen a salir al monte. Prudentemente iniciamos la ruta desde la parte alta del lugar y contrariamente a lo previsto, por el sendero cercano al hostal La Costera, señalizado como ruta circular a los mallos y hacia Carcavilla. El día ha salido estupendo, sin nubes y con un sol radiante que a estas primeras horas de la mañana está comenzando a acariciar la cimera de los impresionantes farallones que nos acompañan a nuestra izquierda. La senda, aunque pendiente, es muy agradable tanto por las vistas como por su trazado y el matinal olor de la húmeda vegetación. Los vigilantes buitres ya sobrevuelan la cima. Al desembocar en la pista, también ascendente, vamos sorteando como podemos el lodazal provocado por las recientes y copiosas lluvias de días anteriores, pero en corto trecho volvemos a retomar la senda que nos va a llevar hasta unos vestigios pétreos donde suponemos hubo en tiempos pasados algún refugio o paridera. Antes hemos observado cómo algún gran bloque de piedra desprendido de lo alto ha dejado maltrecho a un gran pino y derribado a otro que interfiere la senda.

Las diez de la mañana, al sol y con una panorámica estupenda no cabe duda que es el mejor momento para almorzar con tranquilidad. Sosegadamente reiniciamos la ascensión hacia Punta Común (límite de las provincias de Huesca y Zaragoza)  y poco antes de su final, en el collado que precede a la cima,  nos topamos con un cazador “que nos permite pasar agrupados y en riguroso silencio por un tiempo de quince minutos”. Inaudito. No podemos ni contactar vía emisora con los compañeros que vienen rezagados. Subimos a la cima, tocamos chufa y para abajo que “se pasa el tiempo concedido”. Los rezagados tendrán que subir otro día. No producimos más sonido que el de las botas por el sendero. El del rifle con mira telescópica debe tener muchas ganas de perdernos de vista y nosotros todavía más. Llegados al desvío que va hacia Carcavilla nos reagrupamos todos, pero seguimos en silencio porque vemos que hay otros cazadores apostados a juzgar por el reflejo del sol en el cañón de sus rifles. Sin más comentarios.

Seguimos avanzando dirección norte por los sube y baja de las sendas que coronan las herbóreas crestas y observando cómo nos han precedido vacas y caballos que están pastando por las laderas de La Tolosana. Aquí las panorámicas son excelentes en prácticamente todas direcciones, con el Moncayo, los mallos de Riglos sobre la vía férrea, el pantano de La Peña, el valle del Garona, Oroel y sierra de S. Juan de la Peña, etc. etc. Por encima de todo el impresionante Midi y toda la nevada cordillera hasta el Turbón.  Hay que ir con cuidado y mirar bien al suelo para no engancharte o herirte con el alambre de espino venido al suelo al pudrirse las estacas de madera que lo sustentaban. La temperatura es muy buena cuando llegamos a la Fuente de la Rabosera. Hoy está la poza enturbiada por las vacas, pero esa es la fuente de su sustento.

Ahora toca bajar por fuerte pendiente entre el arbolado hasta el barranco de La Rabosera, un precioso y recoleto espacio con agua que fluye por todas partes. Un buen sitio para comer y echar una pequeña siesta al sol. Después y ya más descansados reiniciamos el regreso hacia Agüero por una corta senda que en pocos minutos baja hasta el cauce del barranco para cruzarlo y transitar en altura por su orilla orográfica izquierda. Posteriormente hay que volver a cruzarlo a su orilla derecha, continuando por una intrincada trayectoria ascendente-descendente exenta de todo tipo de sendero, por cuanto la exuberante y espinosa vegetación hace mucho tiempo que lo ha engullido. Pero vamos avanzando lentamente con reagrupamientos en puntos estratégicos al objeto de caminar agrupados y no tomar direcciones erróneas. Llegamos al fin a un punto más o menos por debajo del corral de Abadías, en que la senda ya es más evidente, aunque muy vestida, viendo en algunas tramos el trabajo que se tomaron los antiguos transeúntes en su plataforma, para salvar los muchos impedimentos que presenta el terreno por el que discurre. Divisamos en altura la ermita de San Esteban casi al mismo tiempo que pisamos por fin el camino que conduce hasta La Osqueta (desde cuyo punto se desciende a Salinas y Villalangua).

Descendemos al barranco y lo cruzamos por última vez a su orilla izquierda, para en breve subida solazarnos con el precioso espectáculo que ofrece el encajonamiento del Rabosera a su paso por la foz que durante siglos viene  horadando, así como la gran cavidad junto a la ya amplia senda que compartimos con la oculta conducción de agua hasta los depósitos abastecedores. Rodeamos la falda de Peña Sóla junto al resto de conglomerados y en unos minutos nos hallamos de nuevo en las estupendas calles de Agüero, estas calles que mantienen su característica estructura medieval de montaña, empinadas y estrechas, albergando estupendos edificios de piedra típicos de la popular arquitectura de esta zona y sin olvidar el sobresaliente perfil de su románica iglesia parroquial de San Salvador. Las bellezas que atesora Agüero, hacen que siempre sea muy agradable su visita en cualquier época del año.

Estupenda jornada deportiva. Catorce kilómetros con setecientos cincuenta metros de desnivel acumulados tanto de subida como de bajada. A ver si la nieve nos permite el paso por Serrablo el último domingo de Marzo.