4 de Julio de 2010 - Besiberri Sur (3.017 mts) y Pico Comoloformo (3.033 m)

AL BUEN TIEMPO, MEJOR CARA

Nada hacía presagiar que el día iba a ser así, todo empezó en la Intermodal, a las cinco de la mañana, la hora en la que nos juntamos los que se van, los que se vienen y los que se quedan. Aunque todavía es de noche, el cielo se intuye nublado y algunas gotas confirman lo peor.

Medio dormidos unos y medio despiertos otros, vamos hacia las montañas con la esperanza de que la lluvia que martillea al parabrisas del autobús amaine algo y nos permita dar algún paseo. Al amanecer, a lo lejos, la cortina de agua que cae en alguna parte se ve cortada esporádicamente por algunos rayos. Tal vez no es el mejor día para ir al monte, los pronósticos son casi unánimes; cielo nublado y alguna lluvia a partir del medio día. Resignados seguimos adelante a ver cómo evoluciona el tiempo.

Tres horas más tarde, cuando llegamos a Caldas de Boi, en las puertas del Parque Nacional de Aigües Tortes, el cielo sigue cubierto aunque no llueve y comenzamos la ascensión hacia los lagos (perdón, estanys) de Gémena por un bosque humedecido por el último chaparrón donde los avellanos y viejas hayas preceden a los pinos y los abetos que este año presentan una considerable presencia de brotes verdes (lo juro, aquí sí que hay brotes verdes, yo los he visto). Los rodondendros en plena floración y el sol que tímidamente parece querer iluminarlo todo alegran la penosa subida por un camino a menudo invadido por los riachuelos desbordados por tanta lluvia.

Más arriba dejamos un pequeño refugio a la derecha y seguimos por un sendero que, después de atravesar el riachuelo, escala la fuerte pendiente encima de la cual están los estanys de Gémena que desaguan formando una bonita cascada.

Con los estanys a nuestros pies, echamos un tentempié. Llevamos más de dos horas caminando y necesitamos reponer fuerzas.

El sendero, más evidente que visible, continúa por una media ladera y algunos hitos ayudan a seguirlo. Ascendemos en dirección al collado de Abellaners, justo al pie de fácil cresta que lleva al Besiberri Sur.

Con el paso “cansino” de Javier, poco a poco, mientras las nubes desaparecen definitivamente, ascendemos las últimas pendientes nevadas hasta el collado. Vamos dejando atrás los contrafuertes del Comoloformo, surcados por canales pedregosas y poco atractivas por donde marcan la vía normal que hoy desechamos para ir a su cumbre. Hace calor y avanzamos formando una apretada fila detrás de Javier aunque al final, los más jóvenes, fuertes e impetuosos, rompen la formación para, en un esprint, llegar destacados al collado. Una de dos (o las dos) o los jóvenes están cada día más fuerte o ya nos van pesando los años.

Disimulando la maltrecha dignidad, echamos otro bocado ligero en el collado mientras admiramos el paisaje que se ha ampliado considerablemente y recobramos el aliento. Frente a nosotros, el macizo de la Maladetas, destacando el Aneto que hacía pocos días no pudimos subir. Todavía hay abundante nieve; año de nieves, puede que sea de bienes.

Tan seguros estábamos de que nos íbamos a mojar que he decidido llevar mi paraguas y ahora me siento un poco fuera de lugar caminando con un cielo totalmente despejado, una mano en el bastón de esquí y  la otra en el paraguas a modo de bastón.

En la cima, como siempre, foto de familia, “para la web”, y a disfrutar un poco de la vista, pero solo un poco porque es muy tarde, hemos tardado unas cinco horas en superar los 1.600 metros de desnivel desde Caldas y todavía hay que llegar al Comoloformo que se ve destacado al otro lado de la cresta.

Somos veintinueve montañeros y llenamos totalmente la cima. A nuestro alrededor cumbres conocidas y anteriormente visitadas, el Besiberri Norte, la Cima Alta, el Montardo, a lo lejos las dos cimas de la Forcanada, el Mulleres, el Aneto y Maladetas y el Turbón, premio de consolación del último Pico a Pico.

Algunos deciden que con el Besiberri Sur ya les vale y otros abandonamos la cumbre destrepando por la cresta, por un terreno inestable, en dirección a una pequeña brecha por la que accedemos al nevero de la cara este. Por nieve blanda pero franca, atravesamos por terreno pendiente para evitar la cresta hasta un corto corredor más pendiente que nos devuelve a la cresta, ya muy cerca de la cumbre del Coloformo. Cuarenta minutos más tarde estamos en la cima desde donde saludamos a los que se han quedado en el Besiberri. Otra foto de cumbre y a desandar el camino para regresar al collado de Abellaners. Esta vez hemos colocado una cuerda de sesenta metros en el corredor para facilitar el destrepe y sin más incidencias nos juntamos un rato después en el collado.

Siguiendo el plan previsto, descendemos hacia los estanys de Besiberri en dirección a la boca sur del túnel de Viella donde nos espera el autobús. Hay abundante nieve en esta vertiente y la bajada se hace más agradable, por lo menos hasta que llegamos a las piedras.

Hace años que subimos al Besiberri Sur por esta vertiente y recordábamos este magnífico valle glaciar que se precipita hacia en valle del Noguera Pallaresa. Una zona de turberas nos lleva hasta la orilla del estany del Besiberri que bordeamos por la derecha para continuar por un bosque de robustos abetos y por un sendero cómodo, sino fuera porque nuestras rodillas ya hace ratos que se quejan después de tantas horas de caminar, llegamos a la pista paralela a la carretera y, once horas y media después de salir de Caldas de Boi, después de 1.700 metros de subida y más de 1.650 de bajada, llegamos al autobús.

Nubes algodonosas y amenazantes han ido creciendo y cubriendo las montañas de nuestro alrededor pero, encima nuestro, el cielo sigue azul. Nos han fallado los meteorólogos y hemos disfrutado de un día magnífico, se nos nota en la cara de satisfacción.

Lorenzo Ortas