18 y 19 de septiembre de 2010 - Pico Balaitus (3.144 metros)

Balaitous (3.144 m) desde Respomuso por los lagos de Arriel y la Gran Diagonal y descenso por la Brecha Latour.

En la cabecera del Gállego, en lo más alto del valle de Tena, se erige, como una gran fortaleza, el macizo del Balitous, que con sus 3.114 metros es el tresmil situado más al oeste del Pirineo.

Si las Maladetas son el macizo de los glaciares, Monte Perdido el macizo de los grandes circos y el Vignemale el macizo de las grandes paredes, el Balaitous es el macizo de las grandes aristas. Esculpido por la erosión glaciar, largas y afiladas crestas de granito albergan algunas de las cumbres más inaccesibles del Pirineo, el Pico Solano como punto culminantes de las impresionantes Crestas del Diablo jalonadas de “gendarmes”, las Crestas de Casterillou con la Torre del mismo nombre, el tresmil pirenaico más difícil, la Arista Noroccidental y su afilada Aguja Lamathe y el cordal formado por las cumbres de los Frondellas y la Punta Cadier. Todo ello situado en un entorno de agrestes cumbres como el Palas o la misma Gran Facha que se elevan desde valles salpicados de ibones de origen glaciar conforma el paisaje más alpino de nuestra cordillera.

A pesar de los avisos de “gota fría”,  “alarma naranja” y todas esas cosas que ahora se emplean para decir que va a llover, unos cuantos asiduos de Pico a Pico, concretamente veintitrés, haciendo caso a los pronósticos más optimistas que daban tiempo nuboso pero sin lluvias para el sábado por la tarde y tiempo despejado para el domingo, partimos el sábado a bordo del autobús de Peña Guara rumbo a La Sarra.

Cerca de Sallent de Gállego las nubes ya se fueron disipando y dejaron entrever unas cumbres soleadas y limpias de nieve así que decidimos dejar los piolets y los crampones en el autobús para subir más ligeros al refugio de Respomuso, en el Circo de Piedrafita.

Más aprisa de lo acostumbrado porque la tarde ya estaba algo avanzada, seguimos el marcado camino entre hayas que, atravesando el conocido Paso del Onso, lleva a los Llanos de Cheto. El torrente de Aguas Limpias se precipita por una hermosa cascada al lado del camino que, mucho más pendiente, trepa en dirección a la presa que retiene las aguas del ibón de Piedrafita.

A los pies de la presa pueden verse los restos del poblado que albergó a los obreros que en los años cincuenta construyeron esta imponente obra que recoge las aguas de los ibones del circo de Piedrafita y de Arriel para alimentar la central eléctrica de La Sarra y suministrar energía a las empresas de Sabiñánigo. Esta fue la culminación de unas obras que se iniciaron en todo el Pirineo al final del siglo XIX fomentadas por la “Revolución Industrial”. Solo la ermita situada junto a la presa queda en pie como único testigo de aquellos duros tiempos.

A últimas horas de la tarde, todavía a tiempo de poder disfrutar de la vista de las cumbres de Campo Plano y Gran Facha asomándose entre las nubes al atardecer, llegamos al refugio de Respomuso.

A la mañana siguiente, todavía de noche, desandamos el camino hasta la presa para desviarnos hacia los ibones de Arriel. Siguiendo el canal que trasvasa las aguas hasta Piedrafita, apenas sin ganar altura, caminamos rodeando las laderas de las Frondillas en dirección a la cara oeste del Balaitous. Hora y media después de salir del refugio apenas hemos ascendido diez metros pero ya estamos en los ibones de Arriel y comenzamos a subir por la senda de las Frondillas. Solo algunos mojones y la intuición nos ayudan a seguir el camino que perdemos en varias ocasiones.

A las tres horas llegamos a la base de la Gran Diagonal que, como una gran vira pedregosa, cruza en diagonal, como no podía ser de otra manera, los acantilados de la cara oeste del Balaitous hasta unirse a la arista Noroccidental casi en la misma cima.

El Balitous es la cumbre principal de tresmil metros más difícil del Pirineo. Sus vías normales, la que va desde España por la Brecha de Latour y la que va desde Francia por la Chimenea de la Neus, se han convertido en delicadas escaladas debido al deshielo y a que, en lugar de los neveros, ahora hay que subir por canales llenas de rocas inestables y peligrosas. La Gran Diagonal, a pesar de ser la ruta más accesible, no se ha convertido en “vía normal” porque queda demasiado lejos de los refugios.

Después de un “tentempié”, el desayuno del refugio había resultado demasiado ligero para tanto rato, comenzamos la fastidiosa ascensión entre bloques inestables. Al pie de la Diagonal pasamos al lado del abrigo Michaud, un famoso vivac bajo una enorme roca que empleaban los pioneros franceses en sus primeras ascensiones.

El camino por la Gran Diagonal se va definiendo conforme la vira gana altura, se estrecha y se convierte en más aérea. Nos ponemos los cascos por si las piedras y también los arneses y, aunque en algunos momento tenemos que trepar por los resaltes, en ningún momento  necesitamos hacer uso e las cuerdas que llevamos.

A las once y media, cinco horas después de comenzar la ascensión, llegamos a la soleada cima del Balaitous. Descansamos bajo el trípode topográfico y nos hacemos las fotos de rigor mientras disfrutamos de un espléndido panorama que se extiende desde el lejano Aneto que se asoma entre las aristas del Posets hasta las cumbres ansotanas del Anie, Mesa de los Tres Reyes, Gamuela y Peña Forca que cierran el horizonte por el oeste.

Como decía el pronóstico, el tiempo es excelente, fresco y claro como los mejores días del inminente otoño.

Por rocas inestables hasta hace pocos años cubiertas por neveros, descendemos hasta la Brecha de Latour donde está la parte más complicada de la travesía. El grupo espera pacientemente al sol mientras los más expertos equipamos con cuerdas los cuatro rápeles que nos llevarán hasta el pie de la Brecha. Una vez colocadas las cuerdas, poco a poco pero sin parar, los veintitrés rapelamos el espolón rocoso que forma la Brecha evitando descender por las ruinosas y peligrosas pedreras de la canal.

Aunque para algunos es su primera experiencia en este tipo de maniobras, se nota que el grupo ya tiene una experiencia consolidada después de tantos años de Pico a Pico y, salvo alguna caída de piedras, terminamos de bajar sin ninguna incidencia.

Volviendo la mirada hacia atrás, nos admiramos de por dónde hemos bajado todos y nos alegramos de estar ya en la morrena del extinguido glaciar de Latour.

Más relajados, mirando de reojo las accidentadas Crestas del Diablo, descendemos por el circo de La Vuelta Barrada, por encima del ibón de Esclusere, hasta llegar de nuevo al refugio de Respomuso. Después de recoger algunos enseres, continuamos el descenso hacia La Sarra donde, después de más de doce horas de actividad nos recogerá el autobús. Hoy llegaremos tarde a casa.

Lorenzo Ortas