2005; EL BARUNTSE HACE 25 AÑOS

     
             
         
   

Hace 25 años, en 1980, una expedición compuesta por alpinistas de Montañeros de Aragón de Zaragoza y Peña Guara abrió una nueva y difícil ruta de escalada ascendiendo por segunda vez a la cumbre del Baruntse, una montaña de 7.220 metros de altitud situada al sur del Lhotse y el Everest y al oeste del Makalu. Era la primera expedición aragonesa al Himalaya y desde entonces numerosas montañas de esta cordillera han sido visitadas por alpinistas aragoneses y en muchas de ellas Peña Guara ha tenido un protagonismo especial.

La Expedición Aragón Himalaya, Baruntse 1980 estuvo formada por: Pepe Díaz (jefe de expedición), José Ramón Morandeira (médico), Javier Escartín, Gonzalo Prado, Jerónimo López, Carlos Buhler, José Manuel Blanchard y Lorenzo Ortas.

Pepe Diaz escribió un libro relatando los pormenores de la expedición del que a continuación se reproduce un extracto.

En las últimas horas el Campo II ha estado bajo la influencia de las avalanchas que a intérvalos regulares barrían el muro en toda su longitud. A pesar de estar protegidas por un saliente de roca, la nieve en polvo acumulada era una amenaza para las tiendas. Tenía que hacerme sitio continuamente –escribe Lorenzo- empujando para no caer encima de Carlos. El miedo a quedar sepultado por alguna avalancha me producía tal sensación de claustrofobia que no me dejaba dormir.

No es de extrañar que después de semejante noche tuviesen ganas de salir. A pesar del ambiente desapacible y frío, inician la ascensión. Seis horas más tarde está en el punto más alto alcanzado por sus compañeros. El viento es helador pero han de aprovechar el esfuerzo que les ha costado llegar hasta allí. Comienzan a escalar los cuarenta metros que les separan de lo que llamamos Primer Serac. El terrenos es delicado y deben avanzar con precaución. … cuando alcanzo la base del serac –sigue escribiendo Lorenzo- intento colocar un tornillo para montar la reunión, pero solo consigo tirar unos bloques que irremisiblemente van a para sobre Carlos que grita algo en ingles. Por fin coloco una clavija no demasiado buena, el hielo es durísimo y frágil, así que decido continuar para ver si arriba el hielo es mejor. Es casi imposible remontar este gran bloque, pero por la arista tiene un filón de nieve adherida  que parece más factible. Me dirijo hacia allí y cuando lo alcanzo aparece la otra vertiente de la arista.

El espectáculo es magnífico, lástima del fuerte viento que me obliga a estar atento para no desequilibrarme. La nieve está más suelta de lo que esperaba y tengo que progresar clavando los mangos de los piolets. Son quince metros de gran tensión hasta alcanzar la salida de este gran bloque. Finalmente supero el obstáculo y con gran alivio puedo recorrer los pocos metros que me dan de sí las cuerdas.

Carlos alcanza rápidamente la reunión y continúa por las fuertes pendientes otros sesenta metros. Delante de ellos la arista, afilada como un cuchillo, se eleva hasta confundirse con la gran pared achatada por la perspectiva. Una gran promesa para la cordada que mañana deba aventurarse por  este largo y difícil camino. Ellos, de momento, regresan al Campo II. Otra incógnita ha sido desvelada.

   
   
     

 

SHERPAS

 

Camino del Campo Base, pasamos por rododendros arbóreos

   
         
   

Nada más superar esta difícil barrera de hielo muy duro –escribe Jerónimo- estamos en el punto que ayer, después de un buen trabajo, alcanzaron Lorenzo y Carlos. A partir de aquí el terreno es desconocido. Por la empinada vertiente derecha de la arista superamos otros dos largos de cuerda, unos ochenta metros, y llegamos a un tramo menos pendiente. Este es un sitio en el que ya desde abajo veíamos como el único medianamente favorable para instalar el que será nuestro Campamento III.

Hoy no volveremos a descender al campamento situado bajo el muro de hielo y, si todo va bien, no lo haremos hasta después de haber pisado la cumbre del Baruntse.

Como cada día, al principio de la tarde comienza a soplar el viento y a nevar. Estamos justo en un filo y a 6.750 metros de altitud. No va a ser cómodo aguantar aquí varias noches y además vamos a tener que trabajar duro para allanar el terreno. Parece que no hay otro remedio. Nos consuela saber que las pequeñas y resistentes tiendas de altitud ofrecerán un mínimo de oposición al viento y que van a aguantar la prueba.

Habiendo estado otras muchas veces en situaciones parecidas, nuestra mentalidad de alpinistas comienza automáticamente a sopesar las posibilidades, a imaginar de dónde vendrá el viento, dónde, picando menos, tendremos la mejor protección.

De repente Javier, que se ha alejado algunos metros acercándose al filo, me llama: ¡¡Eh, parece que aquí hay un agujero!!   

En efecto, es una grieta en el hielo y allí abajo, a unos cuatro metros, está cegada por nieve y por bloques caídos. Me acerco y entre los dos agrandamos, con las manos y los piolets, el hueco que apenas tiene unos diez centímetros de diámetro. Ponemos un tornillo en el hielo franco del borde de la grieta y nos descolgamos al interior. Al principio pisamos con aprensión pues no deja de ser un extraño lugar. Estamos justo sobre el filo de la arista. Incluso un agujero nos comunica con la vertiente contraria a la de nuestro campamento II. Si tiramos algo por aquí, descenderá unos dos mil metros hasta caer sobre el glaciar, ya que la rocosa vertiente sur de nuestra arista está cortada a pico. Enseguida comprobamos que el lugar es pequeño y algo siniestro, pero parece seguro y, trabajando un poco para allanarlo y agrandarlo, puede quedar bastante cómodo. Nos termina de animar la notable diferencia de temperatura con el exterior, donde el viento crea un ambiente desapacible.

Queda decidido, este será el Campamento III y desde aquí atacaremos la cumbre....................................

   
   
     

 

La grieta donde instalamos el Campo III

 

El muro de hielo situado sobre el Campo II

   
         
   

........      Es 27 de abril y media noche cuando el interior de la grieta donde está instalado el último campamento empieza a cobrar vida. La azulada llama del infiernillo da algo de calor al ambiente. Afuera se oye soplar el viento. La altitud, el frío y la vigilia gravitan sobre los cuatro hombres instalados sobre esa especie de nido de águilas. Cualquier movimiento adquiere proporciones gigantescas. El simple hecho de ponerse los crampones es una decisión heroica. Solo la idea de alcanzar la cumbre le impulsa hacia delante como obedeciendo órdenes del sudconsciente.

Transcurren casi dos horas hasta que las dos cordadas están preparadas. Cuando a la una y media salen al exterior, el viento les azota con tal violencia que apenas pueden mantener el equilibrio. El frío es intensísimo, unos 30 grados bajo cero.

Escalamos con la linterna frontal –escribe Jerónimo- pues la oscurida es completa. He guardado una pila nueva (protegiéndola contínuamente del frío) para este día. Hoy, durante la noche, incluso la he tenido dentro del saco de dormir. Sin embargo, aún no llevamos media hora de camino cuando mi linterna comienza a perder potencia rápidamente. En otra media hora más ya no tengo nada de luz y he de subir la cuerda fija que instalamos en el serac a oscuras. No me había ocurrido esto con anterioridad, imagino que es debido a la bajísima temperatura.

El frío es tan intenso que a pesar del material de abrigo y de estar moviéndonos, tenemos las manos y los pies insensibles. Aún es peor cuando empieza a amanecer. Por detrás del Makalu van colándose rayos de luz que van iluminando al Lhotse Shar. También a nosotros nos llegan los primeros rayos mientras nos protegemos del viento tras unos seracs.

Si las condiciones continúan así, no creo que lleguemos a la cumbre, pues moverse con este viento por la arista cimera debe de ser imposible.

De todas las formas, continuamos escalando, ahora por encima de los siete mil metros. El Island Peak queda hundido mucho más abajo y la pared sur del Lhotse, donde en estos momentos se encuentra Nicolás Jaeger intentando escalarla en solitario, aumenta su grandiosidad.

Parece que el viento disminuye, aunque puede ser sólo al habernos acercado al pie de la empinada pala de nieve que hemos de escalar para llegar a la arista norte. La nieve superficial, compactada por el viento sobre otros estratos, presenta peligro de desprendimientos en placa. Por ello subimos directamente en lugar de hacerlo en diagonal. Alcanzando el filo de la arista la vista es fantástica. Por la vertiente oeste, el Baruntse cae muchos metros, casi en vertical. La cresta es tan afilada que a veces llevamos un pie a cada lado. El viento ha disminuido mucho y el cielo está despejado. Vemos gran parte del Himalaya. El cercano y altísimo Makalu nos ofrece, en toda su grandiosidad, el fantástico Pilar Oeste. Con su enorme masa nos tapa la visión hacia el este perollegamos a ver el macizo del Kanchenjunga, al otro lado del profundo surco del río Arun. Si volvemos la cabeza, todo lo ocupa la enorme mole del Lhotse Shar, Lhotse y Nupse y detrás el Everest, ahora con su cumbre oculta. Allá a lo lejos, el Cho Oyu y el Gauri Shankar y más montañas y montañas cuyas siluetas no identificamos. Cerca y unida por una arista al Baruntse, vemos la bella pirámide del centinela del Khumbu, el Ama Dablam.

La arista se prolonga bastante. Mientras subo pienso en el descenso. Por fin, a la una del mediodía, ya no hay nada más alto. Estamos en la cumbre.

Abrazos, fotos, detalles y sensaciones que ya nunca podremos olvidar. De la mochila sacamos la bandera de Montañeros de Aragón, de Peña Guara, de Aragón, del Nepal y de España. Está allí con nosotros el recuerdo de todos aquellos que nos han apoyado.

A estas sencillas palabras con las que Jerónimo termina su relato podemos añadir el comentario de Lorenzo: - No he podido contener las lágrimas cuando abracé a mis compañeros. Hemos llegado a la cima de una montaña largamente deseada que ahora ya empieza a convertirse en recuerdo, pero la alegría de haber alcanzado el final, haciendo realidad nuestra ilusión y la de tantos amigos, es incomparable.

Al día siguiente, 28 de abril, tal y como estaba previsto, Lalo y Lhakpa coronan por segunda vez la cima del Baruntse. La ascensión, llevada a cabo en un tiempo verdaderamente record, está a punto de convertirse en un serio contratiempo como consecuencia de las congelaciones sufridas por Lalo en ambos pies.

   
   
     
 
 
 

Arista cimera del Baruntse, muy cerca de la cumbre

   
   
   
 

MAS FOTOS DE LA EXPEDICIÓN

   
   
   
 

Ficha de la expedición

   
   
   
 

Relato: 2005, el Baruntse 25 años después

   

Javier Escartín en la cima del Baruntse