HACIA EL CAMPAMENTO BASE

 

Después de 3 años de trabajo preparando la expedición, reuniendo el presupuesto, estudiando todos los detalles y, naturalmente, entrenando intensamente para podernos enfrentar a los rigores de las grandes alturas, el sueño comenzó a hacerse realidad.

La noche del 30 de Junio al 1 de Julio no pudimos dormir ultimando los pocos bultos que íbamos a transportar con nosotros. Ya habíamos enviado por vía marítima cerca de 1.000 Kgs. De equipo. Las ataduras de los esquís no estaban terminadas, faltaba algo de comida, había que despedirse de los amigos y colaboradores, faltaban los candados, …..angustioso, no había tiempo. Solo con la ayuda de algunos amigos pudimos salir hacia Madrid, allí, en casa de Jerónimo estaban Pili y Trini, las navarras que iban a venir hasta el Campamento Base de nuestros amigos de Pamplona que intentaban escalar el K-2.

Aquella noche del 1 al 2 tampoco dormimos absolutamente nada, salía trabajo por todos los sitios, aquello parecía que no iba a terminar nunca.

Por fin nos fuimos al aeropuerto. Un puñado de amigos nos había venido a decir adiós y, aunque casi no pudimos estar con ellos, la despedida fue emocionante y por mas de alguna mejilla rodaron lágrimas. Había comenzado la aventura.

Tras un largo viaje llegamos a Islamabad, capital de Pakistán. Instalados en el hotel M.S. Davies en Rawalpindi, continuamos con los preparativos mientras Javier y Jerónimo realizaban las gestiones burocráticas en compañía del Oficial de Enlace. El resto pusimos los casi 3.000 Kgs. de comida y material en bultos de 25 Kgs. , todo lo mas ordenado posible; bultos para el Campamento Base, bultos para la marcha de aproximación, comida para los porteadores, tiendas de alturas, … Cuatro días seguidos, con un calor insoportable, y, al fin, todo estuvo listo para partir.

Nuestros amigos navarros nos habían dejado por escrito todos los trámites y todos los consejos necesarios para agilizar las gestiones burocráticas y, gracias a esto, el día 7 pudimos partir a bordo de un pintoresco autobús camino de Skardu, ciudad situada a pie del Karakorum.

Durante más de 30 horas fuimos amontonados con los 3.000 Kgs. de material. Éramos 9 los pasajeros: nosotros 6, nuestras 2 amigas navarras y Chanzeb, nuestro Oficial de Enlace, un capitán de Infantería de 25 años de un aspecto europeo del que, con el tiempo, nos hicimos muy amigos.

Después de recorrer los tortuosos 800 Kms. que nos separaban de Skardu, siguiendo el curso del Indo, habíamos ensayado todas las posturas posibles, habíamos cantado, hablado, dormido y sudado, todo ello escuchando la estridente música india que tanto gusta a los Pakistaníes. El día 8 por la noche llegamos a Skardu agotados, pero todavía no había acabado todo, un cable eléctrico excesivamente bajo impedía llegar con el autobús al hotel K-2 donde nos hospedamos y tuvimos que llevar los bultos uno por uno, del autobús al hotel, unos 200 metros… Aquello fue matador.

   

Al día siguiente conocimos a Abdel Krim, nuestro cocinero, amigo de Jerónimo y cocinero de ellos en Broad Peak, hombre de aspecto tibetano, amable y no muy hablador.

También se nos presentó Gulan Navi, él era sirdar y su currículo vitae era impresionante, había estado con los más famosos alpinistas y, a pesar de que los navarros nos habían aconsejado prescindir de sirdar, la inexperiencia del oficial de enlace nos hizo decidir a contratar a Gulan, joven, muy extrovertido y con gran autoridad entre los porteadores. Este mismo día se contrató a los 114 porteadores que tras superar el examen médico a que les sometió Toño, nuestro doctor, firmaron el contrato de trabajo.

Hicimos las últimas compras y decidimos tomarnos el día siguiente de descanso porque nos sentíamos agotados con tanto trabajo y los nervios necesitaban relajarse.

Alquilamos unos jeeps y unos tractores y el día 11 salimos hacia Dasso, pequeña aldea a unos 80 Kms. de Skardu donde termina la pista y comienza la larga caminata para llegar a la base del Gasherbrum I.

Tras el reparto de cargas entre los porteadores, Gulan los reunió a todos y les repartió guantes y calcetines y les echó la primera arenga, al final de la cual, todos gritaron varias cosas, más tarde supimos que eran vivas a Alá, a la expedición, al oficial de enlace y a él mismo, grito este último que era dado por el "pelota" mas inmediato y coreado por todos los demás. Esta escena iba a ser habitual antes de cada salida durante los días que nos acompañó Gulan.

La marcha de aproximación al corazón del Karakorum quizás no sea la mas larga que haya que realizar para llegar a un 8.000, pero sí es una de las mas difíciles y peligrosas. Podemos dividirla en dos partes, una hasta el cruce del glaciar de Biafo y otra desde allí hasta el Campamento Base. Cerca de 200 Kms. nos separaban ahora del pié del G-I

La primera parte es la que recorre la zona habitada. Partiendo de Dasso y siempre siguiendo la margen derecha del río Braldo, se llega en una primera etapa a Shagpo, pintoresca aldea colgada en una ladera y rodeada de fértiles campos donde la cosecha de trigo prometía ser buena. Chopos, moreras, albaricoqueros, sauces, manzanos y perales son la vegetación predominante, todo muy similar a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestra tierra. Pero el verdor que envuelve a estos pequeños poblados contrasta en gran manera con la aridez de estas montañas. Alrededor de estos oasis, las rocas y, en lo alto la nieve es lo que predomina. Cuando por alguna barranquera baja un torrente, es desviado hasta el poblado mas inmediato mediante acequias para su aprovechamiento.

El tiempo en esta primera etapa no fue muy bueno, incluso antes de partir de Dasso estuvo lloviendo, Y no mejoró el segundo día de marcha que fue cuando cruzamos el tramo más peligroso, unas fuertes laderas de tierra donde los primeros porteadores armados con piolets tuvieron que tallar las huellas y donde una caída suponía ir a parar al Braldo que por aquí tiene un aspecto tenebroso con sus negros torbellinos y su ruido ensordecedor.

Nueva parada en Chongo. Acampamos en medio del pueblo ante la curiosidad general. Nos llama la atención la relativa higiene personal de los hombres en contraste con la de las mujeres que por aquí comenzamos a ver. La falta de higiene en los niños es todavía mayor, algunos de los cuales van con verdaderos depósitos de porquerías en el cuello y en las orejas. Hacemos continuamente fotografías y con la ayuda del teleobjetivo y de un poco de suerte captamos la imagen de alguna mujer (el Gobierno lo prohíbe en las normas para las expediciones) pero tienen un sexto sentido y siempre descubren nuestro indiscreto objetivo escondiéndose rápidamente.

Al día siguiente, al salir de Chongo, pasamos por unas bañeras excavadas en las rocas para el aprovechamiento de las aguas termales que allí surgen. Un baño es obligado y nos deja totalmente relajados y limpios, que buena falta nos hacía ya.

Por un camino que discurre entre campos de cultivos y pequeños riachuelos perfectamente canalizados, llegamos a Askole, última población antes del Baltoro y una de las más importantes del valle. Aquí hay dos policías, un maestro y un enfermero.

Realizamos las últimas compras, entre ellas 240 huevos y un sho, especie de híbrido de vaca y yac. En este pueblo hay un personaje curioso y a la vez exasperante, es el alcalde (?). A él le hemos tenido que comprar los huevos y el sho, a él hay que pagarle por dormir en un campo del pueblo, es el que cobra por cruzar el río en la polea, él … un verdadero cacique.

Por la noche el tiempo, que había estado muy nublado durante el día, se ha despejado y parece que va a mejorar definitivamente.

El día 15 proseguimos la marcha y rápidamente alcanzamos la morrena terminal del glaciar Biafo. Este marcaba el final de la zona habitada, ahora nos adentrábamos en la alta montaña.

Este día al ser Viernes, fiesta religiosa de los musulmanes, hemos estado detenidos mas de dos horas para que los porteadores pudieran realizar sus rezos.

Por la tarde llegamos al río en el que estaba instalada la polea, pero al estar el tiempo tan nublado, el caudal es inferior de lo normal debido a que el deshielo en las alturas es menor; gracias a esto podemos cruzarlo a pie ahorrándonos varias horas de marcha. Mientras cruzábamos el río con agua hasta la cintura, la corriente arrastró a uno de los porteadores y, solamente, con la ayuda de varios compañeros que corrieron a socorrerle se pudo evitar que muriese ahogado. Verdaderamente estos ríos de negras aguas y fuerte corriente son muy peligrosos.

Gulan Navi se ha lesionado una pierna al ser golpeado por una piedra que arrastraba el río y cojeando ha podido llegar hasta la otra orilla, pero se queja mucho y nos asegura que no puede continuar. Acampamos allí mismo, en la orilla del río, esperando que el sirdar mejore al día siguiente.

El tiempo ha empeorado y ha estado nublado todo el día. Por la noche despeja y podemos pasar una agradable velada acompañados de los cantos y bailes de los porteadores.

Una vez mas amanece con mal tiempo, pero esta vez está lloviendo torrencialmente; por otra parte la pierna de Gulan no ha mejorado nada, o por lo menos eso dice él, así que decidimos descansar un día entero en este lugar. Los porteadores miman a Gulan y están rezando constantemente para su curación, pero parece que tendremos que continuar sin él porque sigue igual. Cuando le han mirado Toño y Trini, estaba empeñado en que le oscultaran la pierna para ver si la tenía rota.

Por la tarde el tiempo ha mejorado y tres de nosotros hemos subido 900 metros de desnivel hasta una vecina montaña para aclimatarnos. Hemos llegado hasta los 4.200 metros.

Dejamos a Gulan Navi con dos porteadores más, y, entre lloros y abrazos, partimos dispuestos a cubrir una etapa más.

Con un tiempo espléndido llegamos a Paju, en la entrada al glaciar de Baltoro, último enclave donde hay árboles y por lo tanto leña. Desde aquí ya se empiezan a ver las altas cumbres que serán nuestras compañeras durante tantos días.

Procuramos saciarnos de verdor porque ya no veremos vegetales más que en pocas ocasiones y solo en forma de hierba. A partir de aquí comienza el reino de las rocas y el hielo.

Durante seis días anduvimos por el glaciar de Baltoro; en Concordia, lugar donde este se forma fruto de la unión de varios glaciares, continuamos por el Baltoro Superior y después por el glaciar de los Abruzzi hasta llegar al Campamento Base.

Solo la contemplación de las cumbres que jalonan estos glaciares amenizaba el monótono caminar por entre las piedras. Ya desde el primer día, cruzando la lengua del glaciar hasta Líligo nos sorprendió por su belleza la Torre Central del Trango y también la aguja del Uri Biaho. Desde Líligo el Paju Peak es impresionante. Nuestras mentes trabajaban trazando rutas a estas cumbres a las que posiblemente nunca iremos.

Urdokas es el último reducto verde, aquí ya no hay árboles, solo hierba, pero es un lugar agradable.

Concordia es un lugar único. Situado bajo el gigantesco Gasherbrum IV. Desde aquí se pueden contemplar algunas de las montañas más altas del mundo: el K-2 (8.611 m.), el Broad Peak (8.045 m), los Gasherbrunes IV, V y VI, el Baltoro Kangri, el Chogolisa, la Torre Mustag…

Hay varias expediciones en la zona, unos ingleses en el Broa Peak, los navarros y los madrileños en el K-2, unos suizos que ya han regresado y que han ascendido tres ochomiles en una misma expedición, el G-I, el G-II y el Broad Peak, unos polacos que en estos momentos están en el G-I, unos americanos que se han bajado del G-IV, otros del mismo país que van a la Torre Mustag, unos alemanes que han ascendido al Chogolisa y Renato Casaroto que ha subido en solitario la cumbre del Broad Peak que quedaba virgen. Pero a pesar de la gran actividad reinante, aquí se respira soledad.

Gregorio y Pitxi, los maridos de Pili y Trini, han bajado hasta Urdokas a buscar a sus mujeres y aquí en Concordia nos separamos. Les vamos a echar en falta, nos ayudaron mucho, eran ya unas mas de la expedición.

Después de once días desde que salimos de Dasso, al llegar a Sangrin vemos, por fin, el Hidden Peak, la "montaña escondida" según se traduce del inglés. Se ve enorme, muy blanca, hermosa, digna del esfuerzo que habíamos realizado para llegar hasta aquí. Instintivamente nuestras miradas se dirigen al espolón por donde habíamos previsto abrir un nuevo itinerario. Es demasiado complicado, parece difícil; pero a su izquierda, justo al lado de la roca hay una fuerte pala de nieve y ese será nuestro itinerario, por allí subiremos a la cumbre.

El día 23 de Julio, muy temprano llegamos al lugar donde instalamos el Campamento Base, no sin antes enfadarnos con los porteadores que cada vez que veían una lata oxidada se empeñaban en hacernos creer que ese era el mejor lugar para el C. Base.

Esta morrena situada en el glaciar de los Abruzzi, frente el glaciar de los Gasherbrum, casi bajo la muralla del Hidden Peak Sur, a 5.200 m. de altitud donde todo es hielo y piedras, era nuestra nueva casa; que cuando bajásemos días después de la montaña hasta se nos iba a antojar confortable. La marcha de aproximación había terminado.

 
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Lorenzo Órtas - Octubre de 1.983