1.983 - Una primera española en el GASHERBRUM-I (8.068 metros)

 
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22 de julio, después de 11 días de andar, vemos por primera vez nuestro objetivo, el Hidden Peak o Gasherbrum I. Hoy hemos forzado a los porteadores a caminar un poco más y acercarnos al campo base, de forma que al día siguiente, lleguemos al mismo por la mañana. Estamos en Sagrin y bastan 10 minutos para ver en toda su magnitud nuestra montaña, que con razón lleva el nombre de Pico Escondido. La altura se deja notar y no todos tienen ganas de asomarse al espectáculo, que durante más de un mes y medio nos va a dominar. Hacemos varias fotos y algunas con la Polaroid, a fin de enseñárselas a nuestros compañeros.

En este último campamento todos juntos, mirando las fotos recientes, hacemos cábalas sobre el itinerario que pretendíamos seguir en días próximos. Incluso, calculadora en mano, sacamos las proporciones necesarias para saber la inclinación de la pendiente, 60º y tremendamente larga. La parte superior debe alcanzar los 6.800 m. y después una incógnita.

Planeamos. Lo haremos muchas veces. No decidiremos hasta realizar un reconocimiento de las dificultades y peligros del itinerario proyectado.

24 de julio, por la noche ha nevado. Esperamos hasta las 9 a que las condiciones meteorológicas se estabilicen y salimos de reconocimiento. Una nueva aventura comienza.

El campamento base está situado en una morrena central del glaciar, originada por el encuentro de los glaciares Abruzzi y Gasherbrum Sur, que toman contacto unos 3 kms más arriba. Desde ahora vamos a vivir a más de 5.200 metros, bastante más alto que nuestro Pirineo y por encima de cualquier punto de Europa.

Tras un intento de caminar por el glaciar, volvemos a la morrena en dirección a sus faldas del Hidden Peak Sur. Una vez bajo la montaña nos metemos en el glaciar, sencillo pero amenazado continuamente por avalanchas, que caen con frecuencia, más que diaria, de las cascadas de los seracs, que lo dominan. Nos separamos de las laderas, más allá de los bloques desprendidos, más alejados. Precaución inútil, ya que días más tarde, un alud enorme borraba nuestras huellas y ponía el límite de los bloques 300 m más abajo.

 

Ascendíamos por la margen izquierda del glaciar Gasherbrum Sur, debiendo atravesar 5 conos de avalanchas y entre ellos, zonas de rocas descompuestas, en continua amenaza de desprendimiento. Muchas veces nos veríamos obligados a atravesar estos lugares y siempre lo haríamos con el corazón encogido. De una a otra vez el terreno cambiaba, se abrían grietas que nos obligaban a cambiar continuamente de camino, hasta hacernos dudar de cual era el bueno, o habían caído bloques o avalanchas. Tanto temor le teníamos a este tramo, aproximadamente entre 5.300 y 5.450 m, que forzamos un camino por el centro del glaciar. Éste , no era mejor, todo eran grietas y bloques, pero al menos se estaba al abrigo de las avalanchas; como desventaja, era más largo y no podía recorrerse con seguridad a partir de las 9 de la mañana, en que el sol reblandecía los puentes de nieve que permitían atravesar las grietas. Por cualquier camino se llegaba al pie del quinto cono de avalanchas y por él se ascendía hasta alcanzar la arista noroeste del Hidden Peak Sur. El cono consistía en un canal de brazos múltiples, de la cual seguíamos la más al norte y que salvo en pequeños tramos de roca difícil, todo era una pendiente de nieve de unos 45º. La dificultad del conjunto era variable, de todas formas, cuando la nieve estaba dura, no se podía tener un mínimo descuido. Una caída suponía rodar de forma imparable los 300 metros del corredor y meterse para siempre en las grietas del glaciar que discurre por su base.

En el primer reconocimiento empleamos 6 horas para llegar a la cota 5.700 de la arista noroeste, tiempo que se reduciría a la mitad en las siguientes ascensiones. A pesar de que el mal tiempo no era bueno escalamos un corto corredor de hielo vertical al otro lado de la arista y tras atravesar unas grietas por puentes de nieve inestables, llegamos a encima de un gran serac, desde donde podemos ver lo que va a ser la primera ascensión aragonesa a un pico de 8.000 metros. Delante de nosotros se encuentra la arista y a la izquierda una gran muralla de hielo de unos 800 a 900 metros, que colgaba como una sábana almidonada de la arista.

Desde el primer momento este muro nos atrajo fuertemente. Se veía muy pendiente lo que impedía acumulaciones de nieve importantes en la misma, y por encima las cornisas de la arista tenían una apariencia estable. Comentadas las impresiones en el campo base, se decide atacar al G-I por dicha ruta, la proyectada antes de salir de España y que habíamos elegido, si no arbitrariamente, sí sin fundamentos suficientes.

El día 25 se hace una primera ascensión al muro, ascendiendo 200 metros, el 26 se monta una tienda en el campo I y el 27 otra. Este mismo día se ascienden otros 100 metros. El campamento queda instalado a 5.750 metros , más o menos, en las proximidades del serac, que nos había servido de mirador, en el reconocimiento inicial.

La ascensión del muro es muy dura, la pendiente muy fuerte y el peso, sobre todo debido a las cuerdas fijas, que es preciso transportar nos hacen emplear a fondo.

 
   

El día 28 se ascienden 250 metros más, alcanzando los 6.250, próximos a un costillar rocoso que surge del hielo y habiendo escalado los largos más pendientes del muro.

Por fin el 30 de julio y cargados con material para el campo II se vence esa difícil muralla de más de 800 metros, en la cual se han colocado 1.200 metros de cuerdas fijas de 7 y 9 milímetros en 29 fraccionamientos, algunos de ellos de más de 50 metros.

Además y desde el primer día, comprobamos que a la dificultad de la escalada hay que añadir el peligro de la caída de piedras desde la arista, que muy descompuesta domina la vía.

El casco es necesario y en más de una ocasión nos salva de graves accidentes. Por otra parte las cuerdas no sufrirán tanto, al no caer las piedras de golpe sobre ellas, ya que estas ruedan por la pendiente, produciendo un silbido que nos hace apretar contra el hielo y encogernos detrás del casco.

Indudablemente, este muro nos hizo pasar miedo a todos y es lo más fuerte de la ascensión. Superado con cuerdas fijas nos costaba un término medio de 8 a 10 horas, llegando al campo II, a 6.550 metros, totalmente agotados.

Curiosamente, a lo largo de los últimos metros, casi todos nosotros recordábamos a las familias y nos preguntábamos como éramos capaces de sufrir y hacer tanto esfuerzo.

Solamente el descenso de esta muralla, que cariñosamente llamábamos "El Palo", necesitaba de 29 rápeles y de 2 a 8 horas. Tal diferencia se debía por una parte a la necesidad de sacar las cuerdas del interior del hielo, a veces absorbidas por el mismo hasta 10 cm., y por otra a que llegábamos a encontrar los clavos de hielo totalmente sueltos, debiendo proceder a colocarlos de nuevo. Además de los 1.200 metros de cuerda, necesitamos unos 30 clavos de hielo, 5 estacas y 12 clavos de roca.

El día 1 de Agosto montamos el campo II, al final del "Palo", encima de una grieta y bajo una cornisa de nieve y hielo. Por las mañanas teníamos las tiendas rodeadas de nieve fresca, que se deslizaba por encima de la cornisa y que los remolinos de viento se encargaba de extender.

El 2 de Agosto, salimos del campo II con la intención de buscar una ruta entre las barreras de seracs que nos dominan. Al principio la solución se pone difícil, pero la suerte está con nosotros y a través de un callejón entre seracs, que llamamos "Los Oscuros", alcanzamos un plato esquiable a 6.750 metros. En esta ocasión no utilizamos esquís, pero a pesar de la nieve blanda, podemos llegar al collado que separa el Hidden Sur del G-I, a unos 6.980 metros.

El 4 de Agosto se alcanza de nuevo este alto collado, dejando un depósito de equipo con objeto de montar el campo III.

 

El día 5 estamos todos juntos en el campo I decididos a realizar el asalto definitivo. Al día siguiente salimos muy cargados y con los esquís hacia el campo II, al que llegamos muy separados y con mal tiempo. Así estaremos varios días hasta que el día 9 decidimos descender al campo base, ya que inmovilizados, estamos consumiendo toda la comida prevista para la cima. Vemos frustrado nuestro primer intento pero no estamos desanimados. Lo que nos asusta es el "Palo", que ya pensábamos que sería la última vez que lo habíamos subido.

El 16 de Agosto y tras muchos días de inestabilidad atmosférica decidimos atacar de nuevo. Llegamos al campo I, y el 17 subimos de nuevo "El Palo", del que ya nos vamos haciendo más amigos.

 

 

El día 18 tenemos la dicha de ponernos todos los esquís a 6.750 metros aunque no podemos gozar debido a las enormes mochilas que transportamos. Parece un castigo, pero no fiándonos llevamos comida para varios días.

Llegados al collado, tomamos una cresta que va a unirse a la principal unos 4 kms más adelante, en dirección Oeste – Este, y a 7.060 metros, montamos el campo III.

El 19, 20 y 21 hace mal tiempo y no podemos movernos, pero la comida es tan escasa que a las 10,30 de la noche del día 21 nos levantamos dispuestos a subir si el tiempo cambia o a bajar desde donde lleguemos. A las 11,30 estamos andando y con una sola tienda para dos, como único medio de protección en caso de vivac forzoso en el descenso.

Caminamos en medio de la ventisca, con crampones, próximos a la cresta, esperando que se hagan las 4,30 de la madrugada para saber donde estamos. Cruzamos una pendiente muy inclinada con los esquís, no pudiendo evitar que la nieve ceda bajo las tablas, deslizando por la pendiente. Abriendo huella, pasamos momentos de temor, pensando que esta nieve inestable puede arrastrarnos al fondo de las grietas y seracs que se ven 500 metros más abajo. Por otra parte la pendiente es tan fuerte que no podemos ni dar una vuelta "María", que nos permita retroceder.

Pasamos por fuerza, encontrando un terreno mucho más agradable a unos 7.550 metros.

 

Son las 7,30 de la mañana cuando superamos los 7.500, montamos la tienda y descansamos. Casi no hemos hecho desnivel pero la distancia son más de 3 kms. Ahora sí que nos vemos cerca de la cima. Todos no tenemos las mismas fuerzas, pero todos tenemos los mismos deseos de llegar a la cumbre.

Recomenzamos la ascensión 12 horas después de haberla iniciado. Vamos en esquís, abriendo una huella maravillosa y caminando separados pero misteriosamente enlazados.

Nos vemos obligados a descansar mucho, lo que hace que hasta las tres de la tarde no dejemos los esquís clavados a 7.750 metros, al pie de la pared terminal del G-I.

 

Superamos una rimaya sin dificultad y ascendemos, desencordados por pendientes de 50º de nieve y hielo muy cambiante. A veces hundidos hasta las rodillas, debemos hacer esfuerzos tremendos para encadenar los pasos. Tras 200 metros de escalada directa, atravesamos a la izquierda hasta la base de un ancho corredor que nos llevará cerca de la cumbre.

La pendiente no disminuye en ningún momento y la nieve empeora, debiéndonos proteger de avalanchas pequeñas que barren la pendiente. Caminamos muy lentamente y son las 7 de la tarde cuando los primeros alcanzan la cresta cimera. Minutos más tarde y tras superar un tramo muy delicado y peligroso de nieve muy inestable, caminamos por la afilada arista que da paso a la cima.

Con un pie a cada lado del agudo perfil, muy despacio, con humildad, vamos llegando a la cumbre. Nos notamos muy altos, son las 7,30 de la tarde y solo el K-2, de 8.611 metros y nosotros, estamos por encima de un inmenso manto de nubes que hacia el oeste se tiñen de un rojo oscuro intenso.

Unos lloran, otros gritan, todos estamos muy contentos de haber llegado hasta allá arriba, tan cerca del cielo. ¡Qué fácil dar gracias a Dios y que pequeños nosotros ante tanta grandeza!

 

Es 22 de Agosto de 1.983.

 
  • 1ª Ascensión nacional al Hidden Peak o Gasherbrum I (8.068 metros)

  • 1er Ocho mil aragonés.

  • Nuevo itinerario al G-I

  • 1ª Expedición nacional que ascienden a la cima todos sus miembros (6) el mismo día.

  • 1ª Expedición nacional que alcanza 7.750 metros con esquís de montaña.

  • 1ª Expedición nacional que alcanza la altura 7.700 en estilo alpino. (En el intento al G-II, frustrado por el mal tiempo, el 2 de septiembre de 1.983)

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Javier Escartín - Octubre de 1.983