El GASHERBRUM-II no quiso.

 

Cualquier expedición en nuestro caso, una vez alcanzado el Hidden Peak con toda la satisfacción de haber hecho cima, hubiera cogido los trastos y más felices que unas pascuas habrían marchado para casa. Pero nosotros no, ¿por qué puñetas debemos quedarnos e intentar otra cima?. Allí en esos momentos no lo entendía y supongo que mis compañeros tampoco, de todas formas da igual que pensaran como yo, el caso es que a nadie se le oyó ni siquiera murmurar sobre si deberíamos salir para arriba o dejarlo.

Ya no se trataba de intentar amortizar un permiso (200.000 ptas.) por cima, que religiosamente habíamos pagado escotándonos los componentes de la expedición, sino que era aprovechar una oportunidad que en casa, cuando hacíamos los planes veíamos factible, dadas las características de la cordillera para sacar mas partido a la expedición. La idea de atacar varios ocho mil no se nos ocurrió solo a nosotros, y casualmente este año por el Karakorum han pasado diferentes grupos, que unos con mas suerte que otros, han puesto en práctica planes similares. No cabe duda que la experiencia es interesante y en lo sucesivo se tendrá mas en cuenta. El razonamiento es sencillo, una vez en el C.B., que mas da alargar la estancia 15 días, hacer los cálculos de provisiones y gas, con el consiguiente incremento pequeño de porteadores, pagar dos permisos en vez de uno al Gobierno de Pakistán e intentar apuntar en la cuenta un nuevo 8.000. Esto en casa sentados en el sofá del cuarto de estar se ve muy bien, pero en el C.B. después del G-I con el cuerpo machacado no se ve tan claro.

Como un ejército después de una dura batalla, hacemos recuento de nuestros efectivos para la siguiente.

Tenemos un depósito de comida, gas y material que bajando del Hidden, habíamos dejado en el punto donde la ruta del G-I y G-II se separa, esto se encuentra a unas tres horas del campamento base.

Hacemos los cálculos de los días necesarios para la ascensión. Subiendo cada día lo que fuéramos capaces, calculamos 4 a la cima y 2 de bajada, esto con todo el equipo a cuestas. No es posible dejar de margen ni un solo día por si hace mal tiempo, si no es a costa de los días de descanso entre cima y cima, y aún así solo disponemos de tres jornadas para relajarnos. Tres jornadas en la que la primera la dedicamos a recoger lo que habíamos usado, la segunda si que fue de descanso y la tercera a preparar lo que íbamos a necesitar.

Lo peor era que el grupo se veía mermado, dos hombres estaban fuera de combate, Lorenzo a causa de unas congelaciones en las manos y Toño que había sufrido un cólico. Lorenzo fue el encargado de bajar al valle a por los porteadores y esto junto con la reserva en la compañía aérea, ponían fecha a nuestro regreso.

Así pues, el 29 de Agosto no muy temprano salimos del C.B. cuatro personas; Javier, Víctor, Jero y yo. El tiempo es bueno, ayer nada hacia presagiar este día y hoy esta totalmente despejado, si se mantuviera así tendríamos muchas posibilidades de llegar arriba, pero cinco días buenos es mucho pedir. Desde que llegamos no hemos tenido tantos seguidos excepto los primeros quince que fueron francamente estupendos y, gracias a los cuales, adelantamos enormemente en la instalación de los primeros campamentos del Hidden Peak.

Por enésima vez recorremos la morrena antes de meternos de lleno en el glaciar. Toño nos acompaña unos minutos para localizar el lugar mas idóneo, desde donde se domine todo el G-II. Sería interesante que mientras estamos subiendo, filme unas escenas para la película. Allí nos despedimos y nos desea suerte, nos hubiera acompañado a gusto, pero su cuerpo ha dicho que no, debe permanecer en el campo base reponiéndose; al fin y al cabo el regreso a Dasso debe hacerlo por sus propios medios y será duro.

El estilo de ascensión del G-II es totalmente distinto en comparación al G-I, la aclimatación no va a ser un problema, y podemos dedicarnos de lleno a escalar, a subir mientras haya montaña. Esto supone cargar con mochilas fenomenales que rondan los 25 Kgs. Nada mas ponerlas a las espaldas, los hombres se quejan, la carne está todavía macerada, enrojecida: en algún momento comentamos que es precipitado salir, que no estamos recuperados todavía, pero que podemos hacer, ¿dejarlo y ni siquiera intentarlo? No podemos.

Como ha cambiado la montaña desde que llegamos, que transformación ha sufrido el glaciar, no hay ningún tramo igual a cuando hicimos aquel reconocimiento nada mas llegar. El trecho hasta el depósito no me resulta bonito, es incluso peligroso, debemos de pasar numerosos conos de deyección, por encima de los cuales hay cientos de metros de roca y nieve. Con el rabillo del ojo miramos para arriba, hacia donde en cualquier momento puede bajarnos una lluvia de piedras o hielo. Han aparecido nuevas grietas y los seracs en esta parte están mas descarnados que nunca, negros, muy sucios, por las rocas y tierra que junto con el hielo los forman.

Al depósito llegamos a las 11.50. A nuestras ya abultadas mochilas debemos añadir todo aquello que vamos a necesitar, sobre todo comida. En el momento de prepararnos en el C.B. ya tuvimos en cuenta lo que aquí había, no transportando así un peso innecesario.

Un poco si que debimos hacer el remolón, porque hasta las dos no nos ponemos en marcha. Antes bebemos y comemos hasta saciarnos. Lo que en el estómago llevemos no irá a la espalda. Eso parece que pensamos a juzgar por el entusiasmo que ponemos en devorar el estupendo queso, las sabrosas longanizas y el exquisito jamón de la tierra, todo ello regado con una insuperable "naranjada" a base del inevitable olé.

Si peligroso es el tramo hasta el depósito, lo que a partir de aquí viene no lo es menos. Penetramos en la zona de peor fama de todo el Karakorum, el glaciar superior de los Gasherbrum. Abandonamos las laderas para adentrarnos decididamente en el glaciar, muy tortuoso y estrangulado en este tramo. Conviene alejarse lo más posible de las faldas del G-I porque de allí bajan las más gigantescas avalanchas que hemos visto en todo el tiempo que llevamos de expedición. Hacemos las paradas en lugares supuestamente protegidos, como grandes seracs a cubierto de la trayectoria de los aludes o al otro lado de grandes grietas que se tragarían todo lo que bajara. Unas horas más y pasamos esta zona para entrar en otra con peligro igualmente de desprendimientos de seracs.

Desde el momento que vemos por primera vez el muro del Hidden, es el centro de todas nuestras miradas y buen número de fotos. Nos produce una inmensa satisfacción contemplarlo, recordar cada instante, cada metro allí superado. Debido a su orientación, en ningún momento hasta ahora lo habíamos contemplado en toda su extensión; allí estaban el Fraile, la Predicadera, el Coso, los Oscuros, sitios característicos a los que habíamos bautizado medio en broma, medio en serio con nombres entrañables para nosotros.

La abstracción que con frecuencia nos produce el muro y toda la vía del G-I, nos hace olvidar los peligros de la ruta en que estamos metidos y casi con un sobresalto volvemos a la realidad, un paso tras otro sorteando grietas unas veces, saltando otras y siempre con un serac como una casa, encima del cogote.

¡Pronto van a ser las 7! Ya está oscureciendo y para llegar al plató donde instalar el campamento queda un trecho todavía.

¿Por qué no nos quedamos aquí?, es un buen sitio protegidos por esta roca. Verdaderamente no es preciso llegar donde otras expediciones instalan el campamento 1º, si la noche nos ha cogido aquí, pues aquí nos quedamos, mañana continuaremos.

¿Qué es lo que se oye? Parece agua ¿no?. Sí, es agua

Esto si que no lo esperábamos, a pocos metros de las tiendas un pequeño torrente debido a la fusión del hielo. Hay que darse prisa, es posible que al bajar la temperatura se nos cierre la tajadera y nos quedemos sin este regalo. Llenamos todo aquello que puede contener líquido. Esto, aparte del ahorro de gas, supone el no tener que derretir el hielo para cocinar y acostarnos un par de horas antes y descansar…

A las 7 ya estábamos andando. Una pequeña rampa, y ante nosotros, el plató de los Gasherbrum. El panorama es majestuoso, llegamos en el mejor momento, en el que el sol acaba de salir y la luz lo ilumina todo con una especial claridad.

Allí están, en torno a esta vasta llanura donde muy bien podría aterrizar un Jumbo, los seis Gasherbrum, como un magnifico rosario de increíbles cumbres.

Continuamente sacamos las cámaras para hacer fotos, es una borrachera, como sigamos así vamos a hacer corto con los carretes que traemos.

De dos horas a dos horas y media cuesta atravesar el plató, y situarnos bajo la arista inicial del G-II. Estamos a 6.000 m., comienza la verdadera ascensión de la montaña. Hasta aquí hemos seguido un itinerario común para todas las cumbres del circo, pero ahora comenzamos a remontar las pendientes iniciales de la cima que hemos elegido, el G-II, también conocida aunque menos por "la montaña de la luz". En dos ocasiones, montañeros españoles han recorrido este itinerario antes que nosotros, alcanzándola, la primera vez, montañeros catalanes en 1980 y la segunda un miembro de una expedición castellana en 1981. En 1956 se subió por primera vez, la expedición era austriaca, y desde entonces se ha subido en numerosas ocasiones, siendo uno de los 8.000 mas escalado. Este año precisamente lo han hecho suizos y polacos.

En algunos tramos las cuerdas abandonadas de la última expedición, la suiza, nos viene bien y hacemos uso de ellas enganchándonos los jumars.

El día va pasando, cuesta trabajo abrir huella en esa nieve tan profunda como ya nos pasó en el G-I. La montaña vuelve a darnos sus verdaderas proporciones; hasta que no estás metido en ella no es posible hacerse idea de su tamaño y dimensiones.

Se ha puesto el sol y todavía no encontramos un lugar donde pasar la noche, conviene no entretenerse, estamos en la cresta sin posibilidad alguna de emplazamiento del campamento. Miramos a un lado, a otro, es más, no se ve por donde continuar, la cresta se interrumpe en un serac, no hay otra posibilidad que destreparlo por un cortado y bajar a su base. Efectivamente, tras 20 m. cara a la pendiente, enlazamos con la cresta y allí mismo al lado de una grieta decidimos quedarnos a dormir.

Por la mañana, como tantas veces miramos el altímetro, la presión está como ayer, de momento por el tiempo no debemos preocuparnos. Sin salir del saco preparamos el desayuno, leche con Meritene y algunos frutos secos. Una vez fuera debemos recoger el campamento y lograr que en las mochilas vuelva a caber todo. Cuando te las colocas a la espalda, das cinco pasos y miras para arriba a ver lo que queda, parece que el cielo se te cae encima. Con lo cansado que estoy ya, ¿cómo es posible que quiera seguir?

La arista se pierde en una maraña de seracs puestos uno sobre otro; los atacamos por el sitio que mejor nos parece. Es preciso escalar cortos pero verticales muros. De nuevo las horas pasan con rapidez. En una suave pendiente después de los seracs, pasamos, creo yo, el momento más peligroso de la ascensión. Ya íbamos a la par, encordados de dos en dos pero todos al mismo tiempo, cuando de pronto, ¡brmmmmm! mi cordada que iba delante nos quedamos de piedra. Los otros ni se enteran, una placa de hielo se ha cortado en donde nos encontramos, por suerte no se ha movido, se ha quedado quieta, pero hemos visto perfectamente como se abría en toda su longitud, muchas decenas de metros a uno y otro lado. Si se pone en marcha damos un fenomenal salto de 800 m. Y lo peor es que seguimos en el mismo lugar, sin ninguna posibilidad de asegurar y con nieve por encima de las rodillas, al menos yo me encuentro angustiado. Lo único que se nos ocurre es encordarnos los cuatro, de forma que entre el primero y el último medien 100 m. de cuerda, caso que se vaya una placa es difícil que todos nos encontremos en la misma, o bien estemos en distintas vertientes, en fin que cuando no hay otra cosa mejor…

Por fin salimos a zona segura, que no vamos a abandonar hasta el tercer campamento. Cuando llegamos, todavía luce el sol y con mas tranquilidad podemos dedicarnos a montar las tiendas.

El panorama es magnifico. Buena parte de las miradas van a parar al Hidden Peak. Durante toda la ascensión lo tenemos allí, majestuoso, impresionante. Dominamos en su totalidad el itinerario seguido por nosotros, nos parece mentira que estuviéramos allí diez días antes.

Con la claridad de un nuevo día nos ponemos en marcha hacia el cuarto y último campamento. El recorrido no parece difícil, pero sin duda, habrá que ir con cuidado. Efectivamente, otra vez en la cuerda floja; pendientes no muy pronunciadas pero con claro peligro de avalanchas. Debemos andar pegados a las rocas pero no demasiado, porque entonces los crampones y piolets, chocan contra ellas. Ningún seguro, nada que nos dé tranquilidad y, como el día anterior, debemos atarnos los cuatro juntos. Durante tres horas subimos en este terreno. Finalmente encontramos terreno mixto, allí la tensión disminuye. Algo mas arriba una cuerda aflora en la nieve, la vamos desenterrando, ella nos conducirá hasta el campamento a 7.300 m. Su emplazamiento es muy característico, encontramos varias tiendas abandonadas totalmente destrozadas.

En nuestro interés por reducir peso, en el anterior campamento dejamos cuerdas, comida y una pala, esto último lo echamos de menos; durante un buen rato debemos preparar a golpe de piolet dos minúsculas plataformas para las tiendas.

La altura nos afecta en mayor o menor grado. Cualquier movimiento requiere esfuerzo, para cualquier maniobra o trabajo es preciso hacer numerosas pausas. Por fin podemos colocarnos dentro de las tiendas, tendrán que pasar alrededor de tres horas antes de que cenemos y podamos descansar.

En los sacos de dormir, ¿qué es en lo que pensamos?, en la cima. Seguro, mañana vamos a por ella, será maravilloso, casi increíble, el G-II. Dos cimas tan altas en la misma expedición, demasiado bonito para ser verdad, pero el caso es que aquí estamos, a 700 m. por debajo de la cumbre y con todo preparado para el asalto final. De todas formas, la montaña no ha dicho la última palabra, al meternos en la tienda subían nubes y había niebla, el tiempo no tiene el aspecto de los días pasados.

Entre sueños se oye restallar la tela de la tienda, hace ventisca. A la una de la madrugada comenzamos a movernos. La última operación, colocarnos los crampones se nos hace especialmente desagradable con los cubrebotas y los guantes puestos, y para colmo las correas no llegan.

Por fin estamos dispuestos, son las 4.30, sacamos la cabeza, sigue la ventisca y la niebla, dudamos si salir, pero estamos equipados y este primer tramo no ofrece peligro, ¡así que afuera y arriba!. Debemos hacer un larguísimo franqueo por debajo de la gran pared rocosa hasta su parte derecha, la base de la pared nos orienta siempre que no la perdamos de vista. Las posibilidades de éxito han disminuido considerablemente, solo la suerte permitirá que subamos.

Hacemos una parada y reconsideramos nuestra situación, vamos a forzar un poco mas, por arriba en la cresta se oye soplar el huracán, cuando deje de protegernos será el infierno.

Estamos al final de la travesía, entre girones de niebla se ve una brecha por donde hay que pasar, allí se arremolina la ventisca y a medida que nos acercamos a ella, sopla con mas fuerza. El viento y la nieve vienen por todas partes, no es posible abrir los ojos, cientos de cristales de hielo nos golpean en la cara. Hay que encontrar un lugar abrigado o no podremos aguantar mucho. Al otro lado, protegidos por una cornisa, nos detenemos, no hay viento, pero nieva sin cesar. Una vez reagrupados los cuatro nos preguntamos que hacer. Estamos a 7.700m., la cima está a 300 m. por encima de nosotros; son las 8 de la mañana, si mejora podemos seguir, pero en estas condiciones mejor quedarnos aquí. A partir de ahora no existe referencia posible, no se ve nada y con esta ventisca….

Aguantamos allí sentados encima de nuestras mochilas, con la cabeza baja y toda la ropa que llevamos, puesta. Cada uno a solas con sus pensamientos de vez en cuando alguien hace algún comentario, la mayor parte referente al tiempo. Allí permanecemos tres horas, a las 11 h. es momento de decidir y decidimos volver, ninguna montaña merece la pena arriesgar mas de lo que en ese momento arriesgamos. E igual que llegamos cogemos nuestras mochilas y ponemos nuestros pasos hacia abajo; nadie se lamento ni maldijo la montaña. El juego es este y ella pone las reglas, y como alguno de nosotros dijo en algún momento, " en nuestro Pirineo esto ocurre con frecuencia y son montañas mucho mas pequeñas, ¿por qué no podía ocurrirnos aquí? La única pena es que al Pirineo puedes volver el próximo fin de semana y esto cae un poco mas lejos.

 

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Ignacio Cinto - Octubre de 1.983