Ru73 Rutas por la Provincia - 13/03/05
ITINERARIO: CTRA BENTUÉ, KM 3 - COLLADO DEL PRESÍN - VIRGEN DE LOS RIOS - AQUILUÉ

VISITAS: Casco urbano de Javierrelatre.

   
 

EN BUSCA DE “LA GALLIGUERA”

 SALIDA NUMERO 73: Carretera de Bentué - Aquilué 

Los comentarios en la estación el pasado domingo 13 de marzo, instantes antes de partir para recorrer un nuevo itinerario de “Rutas por la Provincia”, se desarrollaban en un ambiente más distendido que los observados en la salida del mes anterior, la cual discurrió en una pelea constante con el viento por las impresionantes tierras monegrinas; aún recordaban los senderistas el fuerte cierzo que nos acompañó a lo largo del bonito recorrido por los lugares que patearon allá por el siglo XIX el famoso bandido “Cucaracha” y su cuadrilla, personajes estudiados y descritos de forma brillante por nuestros amigos José Antonio Adell y Celedonio García. 

Pero esa fue otra historia. El pasado domingo los autobuses se dirigieron hacia el norte; pasado el pueblo de Arguis, giro a la izquierda por la pista asfaltada que conduce a Bentué de Rasal y parada en el km 3, en el collado de Labarza (1.126 m). Junto a las ruinas de la paridera del mismo nombre, tras ajustarnos los cordones de las botas y tomar una ración de chocolate con una pastita para hacer creer al estómago que está en condiciones de aguantar un rato más, comenzamos la marcha por un sendero marcado que se dirige hacia poniente de forma suave al comienzo. La pendiente cambia cuando llevamos unos veinte minutos desde la salida; zigzagueando, se coge altura hasta llegar al collado Presín. Imprescindible cada cierto tiempo girar la vista atrás para contemplar el valle del río Garona, la vertiente norte de Las Calmas y frente a nosotros el apetecible Peiro, pico montañoso familiar, muchas veces elegido cuando tenemos en el cuerpo ese gusanillo que necesita subir a alguna parte con la finalidad de  estar cerca de no sabemos dónde.

Ascendiendo, disfrutamos de un bosque de quejigos a los que se unen bojes, aliagas, erizones… y, curiosamente, algún ejemplar de retama ya cerca del collado. La subida acaba (1.390 m) y la extensa vista del Pirineo sirve para hacer desaparecer de repente el jadear de la subida; algunos miran de reojo para ver en qué condiciones llegan algunos acompañantes de la marcha y piensan para sí que “se están haciendo mayores”. Nada más lejos de la realidad porque si de algo podemos presumir es de estar todos “en plena forma… o casi”. 

Almuerzo relajado en las alturas con vistas espléndidas, un último vistazo hacia el sur (valle del río Garona) y el norte (valle del río Matriz) y reemprendemos la marcha por un sendero que desciende dirección noroeste; se observa a primera vista el cambio de vegetación; ahora es el pino, haya, aliaga, erizón, enebro, uva-ursi… la flora más común.  

Tras cerca de dos horas de descenso por senda pedregosa que pone a prueba los meniscos y el gozo de pisar nieve en diversos tramos, se distingue al fondo la ermita dedicada a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ríos (810 m). Recogida en una publicación del año 1998 por D. Damián Peñart y Peñart titulada “La devoción a la Virgen María en el Altoaragón” queda descrita por el autor como “de una sola nave, con cimborrio y crucero octogonal. En la fachada, sobre la puerta de entrada, está grabada la fecha de la reconstrucción realizada en el año 1864, pero la advocación y veneración de Nuestra Señora de los Ríos son mucho más antiguas”. Actualmente, una buena pista permite llegar a la ermita sin dificultad desde Aquilué  y, ciertamente, el paraje resulta recomendable. Queda pendiente un buen almuerzo en ese lugar. 

         
         

Sí tomamos un descanso en el Mirador de Los Ríos, tras enlazar con la pista antes comentada y avanzar unos cientos de metros. Vale la pena detenerse y contemplar la espectacular panorámica hacia el norte: a nuestros pies los pueblos y tierras de la zona de La Galliguera; en el horizonte, las altas montañas pirenaicas. Vuelta a la pista y media hora más de camino por senda balizada que nos lleva a Aquilué (690 m), a orillas del río Matriz, fin de andadura. Bonito pueblo con iglesia del S. XII ubicada a unos cientos de metros hacia oriente y en el conjunto urbano interesantes casas destacando las de Mateu, Herrero y Benito. 

Cambio de calzado, un refresco y al autobús para dejar correr los escasos 7 kilómetros que nos separan de la visita cultural que se realiza por la mañana. El núcleo de Javierrelatre fue el elegido. Es éste, igual que Aquilué, un lugar de Caldearenas que, en palabras de Domingo J. Buesa Conde, “guarda la memoria histórica de los primeros momentos de nuestra andadura como reino aragonés; enclave de trasiego económico en el mundo de la edad moderna. La historia del lugar nos remonta a los primeros momentos de la reconquista, en los años en que se va consolidando la dinastía de los Ramírez inaugurada con el reinado de Ramiro I (1035-1064). En la edad moderna  vive un importante crecimiento poblacional, seguramente vinculado a la profusión de alguna actividad artesanal”. Gentes de renombre tuvieron su cuna en este lugar, como dan fe las bellas  fachadas y construcciones, ejemplos vivos de la arquitectura popular prepirenaica, destacando casa Mainer y Miguel Ara en el barrio Alto y casa Boticario y caserón de Lanaspa, en el barrio de la Carretera.

La visita nos llevó a la iglesia dedicada a los Santos Reyes, levantada en el S. XII, con una sala dedicada a museo de arte sacro. También disfrutamos del espacio expositivo donde se recoge parte de la obra de Leoncio Mairal, pintor de paisajes cercano al impresionismo con un prestigio ganado a pulso y levantado en torno a su visión de los espectaculares paisajes altoaragoneses. 

Desde aquí de nuevo al autobús para, en pocos minutos, en Hostal de Ipiés, sentarnos en la mesa, invento imprescindible no sólo para reponer fuerzas, también para la habitual y animada charla en la que salen a relucir las vivencias de las horas de marcha pasadas en unión y las últimas novedades referidas a los asuntos más diversos. Buen epílogo para un menú variado consumido a lo largo del día,  tomando para su elaboración los ingredientes propios de la naturaleza y del contacto humano. Amigos, hasta la próxima “Ruta”.