EN BUSCA DE
“LA GALLIGUERA”
SALIDA
NUMERO 73: Carretera de Bentué - Aquilué
Los comentarios en la
estación el pasado domingo 13 de marzo, instantes antes de partir para
recorrer un nuevo itinerario de “Rutas por la Provincia”, se
desarrollaban en un ambiente más distendido que los observados en la
salida del mes anterior, la cual discurrió en una pelea constante con el
viento por las impresionantes tierras monegrinas; aún recordaban los
senderistas el fuerte cierzo que nos acompañó a lo largo del bonito
recorrido por los lugares que patearon allá por el siglo XIX el famoso
bandido “Cucaracha” y su cuadrilla, personajes estudiados y descritos de
forma brillante por nuestros amigos José Antonio Adell y Celedonio
García.
Pero esa fue otra historia. El pasado domingo los autobuses se
dirigieron hacia el norte; pasado el pueblo de Arguis, giro a la
izquierda por la pista asfaltada que conduce a Bentué de Rasal y parada
en el km 3, en el collado de Labarza (1.126 m). Junto a las ruinas de la
paridera del mismo nombre, tras ajustarnos los cordones de las botas y
tomar una ración de chocolate con una pastita para hacer creer al
estómago que está en condiciones de aguantar un rato más, comenzamos la
marcha por un sendero marcado que se dirige hacia poniente de forma
suave al comienzo. La pendiente cambia cuando llevamos unos veinte
minutos desde la salida; zigzagueando, se coge altura hasta llegar al
collado Presín. Imprescindible cada cierto tiempo girar la vista atrás
para contemplar el valle del río Garona, la vertiente norte de Las
Calmas y frente a nosotros el apetecible Peiro, pico montañoso familiar,
muchas veces elegido cuando tenemos en el cuerpo ese gusanillo que
necesita subir a alguna parte con la finalidad de estar cerca de no
sabemos dónde.
Ascendiendo, disfrutamos de un bosque de quejigos a los que se unen
bojes, aliagas, erizones… y, curiosamente, algún ejemplar de retama ya
cerca del collado. La subida acaba (1.390 m) y la extensa vista del
Pirineo sirve para hacer desaparecer de repente el jadear de la subida;
algunos miran de reojo para ver en qué condiciones llegan algunos
acompañantes de la marcha y piensan para sí que “se están haciendo
mayores”. Nada más lejos de la realidad porque si de algo podemos
presumir es de estar todos “en plena forma… o casi”.
Almuerzo relajado en las alturas con vistas espléndidas, un último
vistazo hacia el sur (valle del río Garona) y el norte (valle del río
Matriz) y reemprendemos la marcha por un sendero que desciende dirección
noroeste; se observa a primera vista el cambio de vegetación; ahora es
el pino, haya, aliaga, erizón, enebro, uva-ursi… la flora más común.
Tras cerca de dos horas de descenso por senda pedregosa que pone a
prueba los meniscos y el gozo de pisar nieve en diversos tramos, se
distingue al fondo la ermita dedicada a la Virgen María bajo la
advocación de Nuestra Señora de los Ríos (810 m). Recogida en una
publicación del año 1998 por D. Damián Peñart y Peñart titulada “La
devoción a la Virgen María en el Altoaragón” queda descrita por el autor
como “de una sola nave, con cimborrio y crucero octogonal. En la
fachada, sobre la puerta de entrada, está grabada la fecha de la
reconstrucción realizada en el año 1864, pero la advocación y veneración
de Nuestra Señora de los Ríos son mucho más antiguas”. Actualmente, una
buena pista permite llegar a la ermita sin dificultad desde Aquilué y,
ciertamente, el paraje resulta recomendable. Queda pendiente un buen
almuerzo en ese lugar. |
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Sí tomamos un descanso en el Mirador de Los Ríos, tras enlazar con la
pista antes comentada y avanzar unos cientos de metros. Vale la pena
detenerse y contemplar la espectacular panorámica hacia el norte: a
nuestros pies los pueblos y tierras de la zona de La Galliguera; en el
horizonte, las altas montañas pirenaicas. Vuelta a la pista y media hora
más de camino por senda balizada que nos lleva a Aquilué (690 m), a
orillas del río Matriz, fin de andadura. Bonito pueblo con iglesia del
S. XII ubicada a unos cientos de metros hacia oriente y en el conjunto
urbano interesantes casas destacando las de Mateu, Herrero y Benito.
Cambio de calzado, un refresco y al autobús para dejar correr los
escasos 7 kilómetros que nos separan de la visita cultural que se
realiza por la mañana. El núcleo de Javierrelatre fue el elegido. Es
éste, igual que Aquilué, un lugar de Caldearenas que, en palabras de
Domingo J. Buesa Conde, “guarda la memoria histórica de los primeros
momentos de nuestra andadura como reino aragonés; enclave de trasiego
económico en el mundo de la edad moderna. La historia del lugar nos
remonta a los primeros momentos de la reconquista, en los años en que se
va consolidando la dinastía de los Ramírez inaugurada con el reinado de
Ramiro I (1035-1064). En la edad moderna vive un importante crecimiento
poblacional, seguramente vinculado a la profusión de alguna actividad
artesanal”. Gentes de renombre tuvieron su cuna en este lugar, como dan
fe las bellas fachadas y construcciones, ejemplos vivos de la
arquitectura popular prepirenaica, destacando casa Mainer y Miguel Ara
en el barrio Alto y casa Boticario y caserón de Lanaspa, en el barrio de
la Carretera.
La visita nos llevó a la iglesia dedicada a los Santos Reyes, levantada
en el S. XII, con una sala dedicada a museo de arte sacro. También
disfrutamos del espacio expositivo donde se recoge parte de la obra de
Leoncio Mairal, pintor de paisajes cercano al impresionismo con un
prestigio ganado a pulso y levantado en torno a su visión de los
espectaculares paisajes altoaragoneses.
Desde aquí de nuevo al autobús para, en pocos minutos, en Hostal de
Ipiés, sentarnos en la mesa, invento imprescindible no sólo para reponer
fuerzas, también para la habitual y animada charla en la que salen a
relucir las vivencias de las horas de marcha pasadas en unión y las
últimas novedades referidas a los asuntos más diversos. Buen epílogo
para un menú variado consumido a lo largo del día, tomando para su
elaboración los ingredientes propios de la naturaleza y del contacto
humano. Amigos, hasta la próxima “Ruta”. |