Caminando por la cuna de Aragón
La salida
77, transcurrió por senderos del Sodoruel
Los
senderistas de “Rutas” llevábamos bastante tiempo sin vernos.
Los saludos recordaban que había pasado un tiempo sin compartir
juntos la ilusión por la naturaleza. De ese modo partíamos el
pasado domingo de la Intermodal a las 7´30 para llegar hasta
tierras de la Jacetania. Durante el viaje, amenas charlas
contando las emociones y vivencias de los meses veraniegos.
Así, tras poco más de
hora y media de viaje, después de pasar por Santa Cruz de la
Serós, hacemos parada en la explanada del Monasterio Alto de San
Juan de la Peña, donde comprobamos las avanzadas las obras de
rehabilitación llevadas a efecto en todo el entorno, lo que
permitirá tener, entre otros alicientes, abierta al público la
hospedería donde podremos alojarnos y pasar algún fin de semana.
A las 9´30 partimos de
dicha pradera (1.200 m) tomando el sendero PR que se dirige
hacia el Sureste en dirección a Botaya. Pasamos por los dos
hermosos robles que se encuentran en dicha pradera y comprobamos
los últimos días de uno de ellos; la sequía y la edad no
perdonan. Bosque con el frescor de la mañana, manteniendo la
humedad de la escasa lluvia de días pasados. Pinos, encinas,
hayas, robles, acebos, junto con bojes, aliagas y enebros nos
acompañan en esta primera parte boscosa del recorrido. Una zona
de descenso brusco y, antes de recorrer los dos primeros
kilómetros, enlazamos con la carretera que se dirige a Botaya. A
los lados de la carretera se pueden observar hermosos robles de
troncos descomunales y rugosos. Unos cientos de metros más y
llegamos a Botaya. Se observa en la lejanía el cubierto colocado
en la torre de la iglesia que se encuentra en proceso de
restauración.
El almuerzo en el
casco urbano, aprovechando los bellos rincones cercanos a la
iglesia parroquial. Botaya, a 967 m, está habitado por una
veintena de vecinos y se encuentra localizado en las
estribaciones meridionales de la sierra de San Juan de la Peña,
de cuyo monasterio dependió durante siglos hasta que, en el
siglo XIX, el histórico cenobio pasó a englobarse en dicho
término de Botaya. Pueblo de excelentes casas tradicionales, con
llamativas chimeneas. La nombrada anteriormente iglesia
parroquial está dedicada a San Esteban, es un interesante
edificio románico, con un magnífico tímpano esculpido en la
fachada sur.
Tras el almuerzo, nos
apartamos unos minutos de la ruta a seguir y los aprovechamos
para hacer una obligada visita a la interesante ermita románica
de San Miguel, en el cementerio, apenas a un kilómetro del
pueblo. Después, bordeando el pueblo por el sur, retomamos la
pista que con la denominación de GR 95 nos llevará a la
población de Ena. El recorrido, con vistas continuas del monte
San Salvador hacia el oeste y las Peñas de San Juan al norte, se
realiza ahora en ligero pero continuo descenso. Dejamos a la
izquierda sin cogerlo el desvío que conduce a la ermita de San
Adrián y caminando un kilómetro más llegamos a una nueva
señalización en madera que nos indica el itinerario Botaya-Ena;
a unos cientos de metros nos encontramos con el barranco de
Zamarcones (830 m). Por él discurre una pequeña corriente, con
seguridad los restos de los chubascos caídos en días pasados. A
pesar de la máxima escasez de agua, el cauce del barranco que
nos acompaña durante algún tiempo se encuentra verde y en sus
márgenes se observan algunos huertos y alguna caseta que se está
rehabilitando. Un ligero ascenso y, de nuevo en suave descenso,
caminamos los pocos más de tres kilómetros que nos separan de la
población donde daremos por concluida la primera marcha tras el
descanso de los meses veraniegos. Ena es la población más
norteña de la Hoya de Huesca, cabecera de un amplio valle y es,
igualmente, municipio perteneciente a Las Peñas de Riglos; el
núcleo poblacional se encuentra asentado entre dos barrancos y
su casco urbano se divide en dos barriadas enlazadas por varias
calles. Hacia el noreste, un poco separado, el barrio de El
Palacio, donde destacan casa Ascaso, con singular horno exento,
y casa Laborda. Su templo parroquial, dedicado a San Pedro, se
levantó entre los siglos XVII y XVIII. Son de destacar, dentro
de su arquitectura civil, el edificio de la cárcel municipal y
casa Bergosal, con balcón y palomar en el hastial.
La comida, servida por el Bar de Ena se desarrolló en la carpa
instalada para las fiestas en la plaza. Un paseo para disfrutar
de sus hermosas chimeneas y viaje hacia la visita cultural
vespertina, en concreto a la ermita de La Liena, situada en lo
más alto de la localidad de Murillo de Gállego, con orígenes del
siglo XIII-XV, pórtico y arcos interiores de estilo gótico y en
su interior, además de las pinturas de la cabecera, se puede
contemplar también un elaborado suelo construido con piedras de
río. La bajada por las interesantes calles con magníficas
portadas nos lleva hasta los autobuses; en ellos, tras un corto
recorrido, recalamos de nuevo en la estación Intermodal.
Despedida y la intención de encontrarnos el mes próximo con el
fin de comenzar la siguiente ruta. Lizara y su espectacular
entorno pirenaico nos esperan. |