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Desde las alturas: el Valle de AragüésLa salida 78, disfrutó de bellos paisajes desde los llanos de Lizara hasta el collado del BozoA las 7’30 del pasado domingo partían de la Intermodal los dos autobuses que llevaban a los cerca de 70 amigos de “Rutas” que se animaron a pasar un día de convivencia por el valle de Aragüés del Puerto. Tras subir el alto de Monrepós, donde pudimos observar que tendríamos una jornada sin nubes, pasamos por Jaca y en Puente la Reina tomamos dirección Hecho hasta el desvío de Jasa y Aragüés. Tras pasar ambas localidades y disfrutar de algunas zonas con hermosos ejemplares de hayas y tejos centenarios, aparcamos en las inmediaciones del refugio (1.525 m de altitud) tras las emociones sufridas por la dificultad de los autobuses al trazar algunas de las curvas cercanas al final del viaje. A las diez, el grupo partía de la pradera tomando dirección Este. Tras dejar a la izquierda el dolmen de Lizara, visitado en una anterior excursión, y también la cascada de La Chorrota, de gran belleza cuando el agua hace presencia en ella, cosa que no sucede en esta ocasión, dada la pertinaz sequía que sufre nuestra tierra, llegamos por una irregular pista al refugio de Articuso (1.585 m), donde nos observan al pasar hermosas reses de ganado vacuno. |
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Comienzo de la marcha atravesando las praderas de Lizara |
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A partir de aquí, caminando por senda, unos minutos de caminata y parada para el almuerzo con la finalidad de acumular fuerzas pensando en el fuerte desnivel que nos espera a partir de este punto. Una pequeña pradera sirve para ello, donde los expertos comentan que echan en falta la escasez de flores otoñales que otros años para estas fechas cubren las zonas verdes. De nuevo a la senda marcada y con nuevos bríos vamos ganando altura de forma lenta pero continua, zigzagueando por la pendiente ladera, dejando a la derecha el barranco de Articuso; el grupo, poco a poco se va estirando y hacia el mediodía los primeros integrantes del grupo llegan al Collado del Bozo (2.019 m), paso de montaña que divide los valles de Napazal (Aísa) y Lizara (Aragués) y fin de la primera parte de la excursión. Desde aquí, libertad para que los componentes más animados puedan acceder hasta los 2.085 m por la cresta que en dirección Sur llega a la cota del pico del Bozo. Allí se presentaron un gran número de los senderistas que tuvieron su premio al culminar la ascensión: la sensación de libertad y la satisfacción al contemplar la espléndida vista de los valles de Aísa y Aragüés; también la posibilidad de tener casi al alcance de la mano de Oeste a Este las cumbres del Bisaurín, Llena del Bozo, Llena de la Garganta del Bozo, Aspe, Lecherines y, en la lejanía, el inconfundible Pico Collarada. Fotos para el recuerdo y descenso hacia el collado, observando los seguros saltos de algún rebeco de paso por la ladera de la montaña. El descenso por el mismo camino que la ascensión sirvió para saborear el espléndido valle de Lizara y, de paso, comprobar el estado de los meniscos los cuales sufrieron un tanto en la bajada. Así fuimos llegando de nuevo hasta el aparcamiento en pequeños y relajados grupos. Cambio de calzado y comida en el parador con un menú compuesto por un sabroso plato de garbanzos con verduras y un exquisito guiso de cordero a continuación para terminar con un dulce postre y el correspondiente café, al que algunos añadieron unas gotitas de ese anís tan “suave” que nos “obligó” a tomar nuestro querido Juanito. |
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El buen día se aprovechó para disfrutar de la subida |
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Sin apenas tiempo, una última mirada al entorno y a los autobuses; tras un corto recorrido, una última parada en la localidad de Jasa, conjunto urbano con casas de piedra y balconadas altoaragonesas, ciudadas calles, plazas y bellos rincones, todo ello incluido dentro de un escenario natural bañado por el río Osia. La iglesia parroquial, fechada en 1577, está dedicada a la Virgen de la Asunción. Posee un interesante museo etnológico en la cercana ermita de San Pedro. En dicho espacio expositivo, explicado por Conchi, se pueden contemplar en diversos apartados, un centenar de frascos de botica con ungüentos, pomadas, preparados y productos de la vieja farmacia, colocados en estantes; trajes típicos de Jasa recuperados los últimos años y en los que las mujeres han puesto su granito de arena para mostrar las vestimentas de antaño. Instrumentos musicales para alegrar diversas fiestas locales, elementos de la vida escolar, el campo y todos los elementos de la casa local. El museo es, según el texto explicativo de presentación: “Un homenaje al pastor, al campesino, a la familia, a nuestros antepasados...”. Con la referida visita concluye la extensa jornada. Muchas horas en buena compañía relatadas en unas pocas líneas. El mes próximo no veremos en un nuevo recorrido, esta vez por la comarca altoaragonesa de Isábena. ¡Hasta entonces, amigos...! |
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Dura pendiente ascendiendo al collado del Bozo |
La cima permitió contemplar espectaculares vistas pirenaicas |
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