PEÑA GUARA. 58 AÑOS DE BARRANCOS

   
 

O lo que viene a ser lo mismo: desde los inicios de su práctica deportiva. Y asi es, puesto que con el descenso del Barranco de San Martín de la Bal d’Onsera (como aparece documentado en el libro de actas de club de 1949) Peña Guara se sitúa en el nacimiento de la actividad. El altoaragón ya había sido advertido como lugar privilegiado, basta recordar las repetidas observaciones de Lucien Briet en sus escritos a principios del siglo XX, pero su exploración montañera quedaba pendiente. Y pocos años después, en 1954 y con el descenso de la Canal del Palomo en Vadiello, se asienta definitivamente en este pais el inicio una nueva época. Todavía balbuceante pero con el disparo de salida ya efectuado. Y es interesante comprobar como todos estos pasos de descubrimiento que se van a dar se benefician de la vinculación, entonces muy acusada, con la propia gente de los lugares. Y el el excursionismo tradicional, entonces poco tecnificado y especializado pero muy conocedor del medio geográfico, puso las pistas que despertaron la ilusión.

De esta manera, en la década de 1970 surge la Sierra de Guara como motor incuestionable. A la par de algún equipo francés (también con la mirada aquí puesta) son recorridos integralmente por primera vez los hoy clásicos Mascún, Gorgas Negras, Balcez, Peonera, Formiga… Época emocionante y solitaria, y sobre todo callada y discreta fuera del ámbito estrictamente regional, lejos del alcance mediático organizado en nuestro pais vecino gracias a la pionera publicación de Pierre Minvielle en 1974.

El eco de la actividad serrana pronto traspasó estos lugares y asi, en la década de los 80, aparece el Pirineo (Boca del Infierno en Oza) y en seguida se focaliza en el macizo del Monte Perdido (sobre todo en sector de Escuaín-Añisclo), nuevo paraiso y réplica alpina de Guara, donde el pulso de la exploración pondría la medida para el porvenir. Efectivamente, con el cambio de los años 80 a los 90 se inicia la exploración sistemática y se culmina lo más importante de esta actividad en la provincia. La realidad acaba por materializar de manera aumentada aquellas expectativas de Briet.

A esta dilatada historia de exploración hay que añadir una faceta de difusión y valoración de lo que ya con el paso del tiempo ha venido llamándose descenso de barrancos o barranquismo: presencia en los estamentos de gestión (federación de montaña, espacios naturales protegidos,…) y programación y organización de actividades desde el club con el objetivo de abordar su práctica con una mentalidad amplia y diversificada (cursos, salidas, viajes, charlas, proyecciones, exposiciones…).

A dia de hoy el mundo del barranquismo sigue en el tejido asociativo un camino minoritario dentro de un tejido social vasto y complejo, pero continua con el esfuerzo de personas que creen y conocen la importancia y la ilusión de los proyectos en común.

 

 

Enrique Salamero