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MÉRIDA – FISTERRA, 900 km. en BTT del 3 al 15/07/2006 |
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Autor: Miguel Soler Gracia |
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La novena etapa entre Sarria y Arzua tiene una longitud de 83 km. de bastante dureza ya que el relieve es muy ondulante con continuas ascensiones y descensos a profundos valles. En Sarria salimos junto al cementerio y nos introducimos por el sendero en un oscuro túnel vegetal creado por los restos de un antiguo bosque autóctono de hayas, robles y pinos. El sendero asciende fuertemente hasta alcanzar un alto desde el que llanea suavemente entre campos de cultivos. El avance se hace lento puesto que el número de peregrinos a pie es muy elevado. Docenas de colegiales inician su primer día de peregrinación. El recorrido casi siempre por sendero, corredoirias o camino rural serpentea entre montones de lugares que uno no sabe si son casas aisladas o pueblos pequeños y en donde es difícil localizar su situación pues algunas no aparecen ni en los mapas. En este tramo llegamos al mojón que indica que nos quedan solo 100 km. Lugar habitual para fotografiarse en grupo y para dejar mensajes. A diferencia de otras veces que realizamos este recorrido notamos el terreno extremadamente seco (es difícil levantar polvo en un camino gallego) y según nos confirman llevan mas de un mes sin llover. Descendemos hasta el embalse de Belesar sobre el río Miño. El pueblo inundado por este embalse salvó su iglesia fortaleza de San Nicolás que ahora aflora orgullosa el la ladera derecha del río junto al pueblo reedificado. Salimos de este pueblo que ofrece todos los servicios por un sendero que asciende con dureza moderada hasta Ventas de Narón. En un continuo subir y bajar que ya agota las piernas llegamos a Palas de Rei pueblo de mayor entidad donde tras comer continuamos camino. El calor es importante y pedalear entre helechos y eucaliptos es verdaderamente sofocante. Pasamos de la provincia de Lugo a la de A Coruña entramos en Melide donde al intentar sellar la credencial somos “secuestrados” por un párroco con ganas de hablar y de contarnos las bondades y milagros de su iglesia y santos. A nosotros lo único que nos puede redimir es una buena ducha y una suculenta cena por lo que tomamos camino hasta Arzúa en un tramo que se nos hace interminable. El calor y el cansancio acumulado comienzan a hacer estragos en las piernas. Arzúa es un ueblo con todos los servicios. El refugio esta a rebosar así que como es habitual vamos a uno privado donde nos dan las últimas literas que quedan. Como ya hicimos el viaje anterior y como celebración a la próxima entrada en Santiago nos regalamos una impresionante cena a base de pulpo y churrasco en cantidades tales que no pudimos dar cuenta de todo. |
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