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DESABORIDO BISAURÍN
Dada la cantidad y calidad de la nieve caída las
últimas semanas –algo extraordinario para estas fechas –, se
opta por el pico Bisaurín, en el valle de Aragües del Puerto,
como destino de esta salida promocional, con ascensión por el
Collado Foratón y descenso por el mismo sitio o por la cara
norte hacía Plana Mistresa, según se vea.
A las ocho de la mañana la treintena de
participantes vamos llegando en coches particulares al
aparcamiento junto al refugio de Lizara. Dos sorpresas. Una, el
día no es tan bueno como lo previsto, con las cimas cubiertas
por el viento. Segunda, uno de los conductores se ha dejado las
botas en la calle en Huesca. Tras asegurarnos de que su coche no
es imprescindible, se baja para casa a ver si, una vez perdido
el día, no pierde también el material.
El resto del grupo, visto que el día no nos apremia
para subir, al refugio: cafés, cortaos, poleos, etc.
Cerca de las nueve, ya no hay excusa y se empieza a
subir, porteando los esquís en la mochila –nada extraordinario
para estas fechas–. A las 9.30 m los esquís pasan a su sitio,
entre los pies y la nieve, y la ascensión continua por zetas de
nieve húmeda hasta el Collado de Foratón. El tiempo, lluvioso y
con viento norte, se niega a cambiar. Además es inútil jugar al
escondite con el viento pues es un tramposo y nunca cuenta hasta
cien. Por aquello de ‘por si acaso’ seguimos subiendo por la
gran pala que sube directa a la cima.
En la cota 2.300 recibimos la ‘caluroso abrazo’ de
la ventisca. Eso y unos lejanos rumores con olor a huevos
fritos, hacen muy fácil la decisión de dejar este desaborido
pico para otro día.
En el descenso, más directo por unos poco
transitados pero entretenidos tubos, la nieve está como cabe
esperar: pesada. Cuando se acaba la nieve, volvemos a cambiar
los esquís de sitio y un poco después, hacia la una y media, los
estamos dejando en los coches. El resto es sencillo, al refugio
de Lizara, huevos fritos y longaniza, vino y gaseosa, buen
ambiente y risas, batallas ganadas y por ganar, … y después a
casa.
Un buen día. Al fin y al cabo se trataba de una
salida promocional de esquí de montaña y ¿qué mejor promoción
que una sabida breve, un paisaje espectacular, un descenso
original y un buen almuerzo?
Sólo dos apuntes más: el de las botas nos ha
confirmado que las ha encontrado justo donde las había dejado
cuatro horas antes, y el antipático Bisaurín, antes de irnos, se
nos ha mostrado con su mejor y más apacible cara, pero con una
cínica sonrisa. Ya hablaremos. |
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