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En los últimos treinta años, las expediciones de Peña Guara a las cordilleras más importantes de la Tierra, han dado a nuestro club un prestigio y un reconocimiento nacional, e incluso internacional. Este reconocimiento no es una exageración ni una vanagloria, sino una realidad que ha costado mucho esfuerzo y, a veces, sacrificios del todo excesivos. Pero la historia de las expediciones de Peña Guara quizás empezó mucho antes, cuando en la posguerra para ir al Pirineo se necesitaban permisos especiales y había que ir en bicicleta y la comida de ataque consistía en un mendrugo de pan y una cebolla. Aquellos sí que eran tiempos heroicos y esfuerzos anónimos. Aquellos tiempos trajeron otros en los que las economías mejoraron tanto que hasta se podía soñar con ir a los Alpes y los sueños se fueron realizando y se ascendió a las montañas más altas de Europa y en la prensa se hablaba de “expedición al Mont Blanc”. De eso no hace demasiado tiempo pero la memoria es rala y algunos pueden pensar que todo fue tan fácil como ahora. Nada más lejos de la realidad. Y desde lo más alto de los Alpes se veían otras montañas más lejanas y muchos sueños imposibles que a fuerza de soñar y soñar se hicieron realidad. Al final de la década de los setenta muy pocas expediciones españolas se habían lanzado a la conquista de las montañas más altas. En 1961 una expedición española, en la que participaron los más relevantes alpinistas de la nación, visitó la Cordillera Blanca en Perú realizando difíciles escaladas. En 1969, una expedición catalana ascendió el Istor-O-Nal (7398 m) (Indu-Kush, Afganistan) (Anglada, Pons, Civis y Cerdá), el primer siete mil español. En 1.974 se escala el primer ochomil español, de nuevo es una expedición catalana la que conquista una cumbre virgen del Annapurna Este (8.026 m) (Anglada, Pons y Civis). En los dos años siguientes otros dos ochomiles fueron ascendidos por españoles, el Manaslu (8.128 m) (J. López y G, Blazquez) y el Makalu (8.470 m) (J. Camprubí). En 1.977 partió hacia Perú la expedición al Ausangate apadrinada por el Club Vasco de Camping de San Sebastián y por Peña Guara en la que participaron Javier Escartín, que en aquellos años estudiaba en San Sebastián y estaba muy vinculado al club donostiarra y Lorenzo Ortas. Aunque no se consiguieron éxitos de renombre, se escaló la cara oeste del Extremo Ausangate, una difícil escalada a una cumbre que todavía permanecía virgen. Este éxito, valorado por el mundillo alpinista, propició que ambos montañeros fueran invitados a participar en la primera expedición aragonesa al Himalaya que se estaba gestando en Montañeros de Aragón de Zaragoza. Al final, el empuje y el patrocinio de Peña Guara y de Montañeros sacaron adelante este proyecto y así se materializó en 1.980 la expedición al Baruntse, el primer sietemil aragonés. Los nacionalismos o pseudonacionalismos emergentes en la nueva geografía de Autonomías que surgió con la llegada de la democracia también crearon un ambiente favorable para el desarrollo de estos proyectos que, por qué no decirlo, ayudaban a resaltar la identidad de cada región. En el caso de Aragón, las ayudas institucionales de Ayuntamientos, Diputaciones provinciales y Diputación General fueron muchas veces fundamentales para conseguir realizar estas expediciones. |
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Y los sueños se iban haciendo realidad y el siguiente sueño medía ochomil metros. Fue la celebración del cincuenta aniversario de Peña Guara la excusa para organizar la primera expedición aragonesa a un ochomil, al Hidden Peak, una montaña de 8.068 metros situada en el Karakorum de Pakistán que no había sido ascendida por españoles. Esta vez la expedición la organizaba únicamente la Peña y a Javier Escartín, líder natural del grupo, y a Lorenzo Ortas se incorporaron un grupo de montañeros que ya habían adquirido experiencia en altura en otras expediciones a los Andes y al Pamir y que serían la base del equipo que formarían las siguientes expediciones, Ignacio Cinto, Antonio Ubieto y Victor Arnal. Se quiso que Montañero de Aragón de Zaragoza participase también de este proyecto y al grupo se unió también Jerónimo López. Esta expedición fue un auténtico éxito, se consiguió abrir una nueva vía de escalada al Hidden Peak a cuya cumbre llegaron todos los expedicionarios juntos, algo inusual en este tipo de expediciones, y se hizo un serio intento de escalar otro ochomil, el Gasherbrum II, pero el mal tiempo impidió alcanzar la cima cuando solo faltaban trescientos metros de desnivel. Después de esta expedición fuimos pensando seriamente en intentar ascender al Everest, algo utópico en aquellos años y mucho más con las dificultades económicas que se habían tenido para ir al Hidden Peak. Pero la Diputación Provincial de Huesca apoyó el proyecto y se pidieron los permisos e escalada al Everest. Con la ayuda de las Diputaciones, Ayuntamientos y empresas privadas, en 1.989 se organizó una gran expedición aragonesa que intentó escalar la cara norte e la montaña y que la gran cantidad de nieve detuvo a más de 8.500 metros en la arista norte. La lección de este “fracaso” es que era posible, que estábamos preparados para escalar el Everest. En 1.991 se volvió a presentar otra oportunidad, el Centro Excursionista de Valencia invitó a Peña Guara a participar en una expedición al Everest, y de nuevo se formó el equipo con Javier Escartín como jefe de la expedición, Ignacio Cinto, Antonio Ubieto, Victor Arnal, Lorenzo Ortas y Pepe Garcés, de Montañeros de Aragón de Zaragoza, que ya había estado en la anterior expedición y que se había convertido en una pieza fundamental del equipo. Y el 6 de octubre de 1.991 se alcanzó la cima, se realizó el sueño imposible y Huesca celebró con Peña Guara el éxito de esta expedición. La conquista del Everest no calmó nuestro entusiasmo y seguimos soñando con otras montañas más difíciles, más bonitas, ... y desde entonces ha habido más expediciones que la ilusión de los alpinistas y, sobre todo, el trabajo en la oscuridad de los directivos de club, han ido sacando adelante. |
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Las montañas nos habían dado las mayores alegrías pero también nos iban a dar las mayores tristezas. En 1.994 dos jóvenes promesas estaban escalando en la Cordillera Blanca, en los Andes de Perú, cuando un grave accidente le costó la vida a Javier Vallés y graves heridas a Sergio Más. Era el comienzo de una época difícil para Peña Guara. Durante ese mismo verano, una expedición conjunta de la Peña con Montañeros de Aragón de Barbastro que se encontraba en el Nanga Parbat, un ochomil del Himalaya paquistaní, sufrió otro accidente cuando descendían de la cumbre y Toño López desapareció en la montaña. Es muy triste perder amigos en la montaña y muy difícil explicar a sus familias que la ilusión por escalar estas cumbres y vivir estos retos nos hace asumir estos riesgos. Mientras tanto, un grupo de jóvenes escaladores más interesados en escalar difíciles paredes que en conquistar altas montañas, estaba irrumpiendo en el panorama expedicionario de Peña Guara obligando a sus directivos a multiplicarse en conseguir fondos para estas actividades que a pesar de ser la vanguardia del alpinismo extremo, muchas veces no era bien comprendida por los gestores públicos. Lorenzo Ortiz, Javier Ballester, Daniel Ascaso, Cecilia Buil, Hugo Biarge, ... escribirán bellas páginas en la historia de Peña Guara escalando montañas como La Torre sin Nombre del Trango, el Cerro Torre, el Paine, el Cerro Catedral, y otras paredes en los confines del Karakorum, Patagonia, Baffin o Groenlandia. |
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En 1.995, una expedición conjunta entre Peña Guara y Montañeros de Aragón de Zaragoza se dirigió al K-2, la segunda montaña más alta de la Tierra y seguramente el ochomil más difícil y comprometido. El equipo lo formaban los habituales Pepe Garcés, Javier Escartín y Lorenzo Ortas a los que se habían añadido Lorenzo Ortiz que había ascendido el año anterior al Nanga Parbat, Javier Olivar y Manuel Ansón, ambos muy fuertes alpinistas a pesar de su poca experiencia en estas expediciones y Manuel Avellanas como médico. Ya es de sobras conocido el desenlace de esta expedición. La muerte de Javier Escartín junto a la de Lorenzo Ortiz y Javier Olivar supuso el final de una época, la desaparición de aquel equipo liderado por Javier Escartín que tantas alegrías dió a Peña Guara. A partir de entonces ha habido más expediciones a los ochomiles, en 1.998 Ignacio Cinto intentó escalar el Shisa Pagma con Pepe Garcés y en el 2.003 otra expedición de Peña Guara escaló el Cho Oyu (8.211 m) (Cándido Puyal, César Gracia, Fernando Peralta, Joaquín Araguás, José Valdivia y Teo Palacín) pero los tiempos ha cambiado, no son peores ni mejores, pero son diferentes. Asistimos a una profesionalización de los escaladores vanguardistas y a una canalización del resto de ascensiones. Es normal, el mundo cada vez es más pequeño, hay más facilidades, más información y el proceso que ya se vivió en los Alpes a finales del siglo XIX se está repitiendo en el Himalaya actual. No hay que organizar nada, no hay que conseguir permisos, solo hay que entrar en Internet y apuntarse a una de las muchas expediciones comerciales y acudir a la hora convenida al avión. Pero siempre habrá excepciones, gente que busca aventura y riesgo (por supuesto riesgo calculado) y nuevos alpinistas como Oscar Pérez y Álvaro Novellón que se añaden a ese puñado de escaladores que todavía nos hacen soñar y hacen que un colectivo como Peña Guara esté vivo 75 años después. |