LA PROVINCIA PASO A PASO

TRAVESÍA Nº 379 --  25 DE NOVIEMBRE DE 2007

LATORRECILLA - ERMITA DE LA VIRGEN DE LA SIERRA - san velián - MORCAT - LUPARUELO - GABARDILLA

PUNTO DE ENCUENTRO EN LATORRECILLA

POR SOBRARBENSES TIERRAS DISCURRE LA TRAVESÍA Nº. 379

 Aun con la fría mañana que ha comenzado este último domingo de Noviembre, presagiamos vamos a tener un estupendo día a juzgar por cómo el castillo de Montearagón se deja acariciar por los primeros rayos de sol. Conforme nos vamos acercando hacia Aínsa constatamos la reciente nieve depositada sobre los pirenaicos picos, pero a la vez la sequía que seguimos padeciendo al observar, cuando la niebla lo permite, el nivel del pantano de Mediano como a un 25% de su capacidad y el escaso caudal del río.

Desde Aínsa tomamos la carretera que nos conduciría hasta Colungo por Arcusa y nos quedamos en el cruce que asciende a la recoleta localidad de Latorrecilla. Aquí tuvimos el pasado año que suspender el recorrido de una travesía iniciada en Aínsa y que pasando por Sarratiás continuaba por parte del recorrido que pretendemos hacer hoy, puesto que nieve y lluvia se aliaron para hacernos intransitable la ruta. Nos pesaban más las botas con el barro que la mochila.

En Latorrecilla el silencio, como casi siempre, sólo es roto por el ladrido de los vigilantes perros y por el rugir en la cercana carretera que hemos dejado, de las potentes máquinas de un grupo de moteros. Su llamativo emplazamiento está situado sobre un lomón distribuyéndose las viviendas entre un par de calles con irregular plazuela que alberga un pozo y el fuste de un crucero. En otra plaza, infanzonas casonas con escudo armero fechado en 1.625. Unas pocas décadas antes fue alzada su iglesia parroquial de fino gótico aragonés, con hermosa portada de influencia renacentista, así como las curiosas gárgolas emplazadas en su esbelta torre. El humo que lentamente desciende hasta la calle de una chimenea, lo está impregnando todo con ese entrañable olor a leña ardiendo y que aun es perceptible cuando al salir del lugar por el camino del cementerio, saludamos a una señora que está en su huerto cogiendo unas frescas y lozanas hortalizas que a buen seguro formarán parte del condumio familiar de hoy.

El caso es que atravesamos de nuevo la carretera continuando corto trecho por un camino que hay que dejar continuando a la derecha, sin marcas de ningún tipo,  por un pétreo sendero ascendente dirección al collado en que decidimos hacer la apetecida parada para almorzar. El día es estupendo y la panorámica más. Latorrecilla y Guaso han quedado diminutos a nuestra vista, que se solaza con las impresionantes cumbres nevadas del Pirineo y las más cercanas de Peña Montañesa y toda la Sierra Ferrera sur montada por Cotiella, para enlazar con el Turbón e infinidad de sierras orientales que parecen emerger de la matinal neblina. Dejamos aquí las mochilas para subir hasta la ermita de la Virgen de la Sierra por un tapizado sendero que permite ampliar la panorámica hacia el oeste, con más cimas y territorios entre los que destacar el pico Cancías.

Esta ermita del s. XII de planta rectangular apenas sobresale del bosque que la circunda en lo alto de esta sierra y que de alguna manera parece quererla engullir. El acceso al vasto edificio se efectúa junto a un tapial de piedra coronado por un gran dintel de indescifrable inscripción. La pequeña puerta de la ermita está cerrada, pero por una abertura de la misma  y pasando el brazo portando en la mano una cámara, comprobaremos después cómo el ábside lo preside una gran imagen de la Virgen sobre el altar con restos de flores y velas a sus pies y en el suelo, así como un gran rosario colgado de un saliente en el muro norte en el que también se aprecian la puerta de la sacristía y una ventana u hornacina. En altura que conforma el muro oeste, sigue manteniendo colgadas sin contrapeso, dos campanas de desigual tamaño haciéndose compañía en el mismo vano. Los restos del edificio adosado a la ermita parece ser que fueron utilizados, aparte romeros, como albergue para pastores trashumantes al estar en el punto estratégico de una de las cabañeras que en otro tiempo formaban su entramado por esta zona cercana a los mil metros de altitud.

Nuevamente en marcha iniciamos el descenso por el desvencijado sendero que pasa cercano a Campo Santero hacia el barranco de Las Luperas. Encontramos unas marcas recientes de color rojo como si se fueran a señalar los itinerarios a seguir hacia Sieste, Guaso, San Velián y Gabardilla. En cualquier caso y precisamente aquí nos topamos con un antiguo y bien trazado camino para transitar “a carga”, que en un par de kilómetros por precioso paraje nos lleva hasta la cresta cimera donde asienta San Velián, caserío despoblado de propiedad privada en el que se aprecia el uso ganadero de sus dos viviendas (J.B. año 1.863) y edificios de apoyo. Como no se arregle su pequeña iglesia del s. XVIII, le queda poco tiempo a juzgar por el soporte a modo de puntal que  sustenta la dovela clave del arco de entrada fechada en 1.726. En el muro de una vivienda conserva un mosaico con la inscripción: “Caserío de S. Velian, Partido de Boltaña, Proª. De Huesca”. Lugar ideal para permanecer un buen rato y más con lo bonito del entorno en tan soleada mañana.                                 

Partimos hacia Morcat por otro camino ascendente de buena factura en todo su recorrido, interrumpido en algunos tramos por la pista forestal. Desde que hemos salido de San Velián lo estamos viendo allá en lo alto y como hemos quedado en comer allí, se sube a buen ritmo como “para coger sitio”. Tenemos todo el que queremos puesto que Morcat es lamentablemente un lugar despoblado y en ruina general, en el que se dispersaron las viviendas en una pequeña planicie y en su vaguada este. Comemos en lo que debió ser la plaza buscando variados asentamientos a resguardo del fresco viento que hace a los 1.085 m. de altitud en que nos encontramos. Después visitamos la arruinada parroquial de La Asunción (s. XII), un templo románico de tres naves –dos ábsides semicirculares al exterior- y colosal torre campanario de cuatro cuerpos con varios vanos, algunos cegados. Se ve claramente que fue una espléndida construcción en todos sus aspectos. Conserva incólume el tímpano sobre la puerta de entrada –con los azuletes de época concreta- en el que admirar el gran crismón esculpido ¿por cuánto tiempo más? Que pena da ver tanto patrimonio por los suelos.

Bien agrupados para evitar despistes, iniciamos el descenso por la cara este de esta sierra, ya sin sol pero con menos viento que arriba en Morcat. Desde algunos puntos aparece majestuoso el puntón rocoso sobre el que yacen los sillares que conformaron su prestigioso castillo. Cuando pasamos por la bien conservada fuente de perfecta arcuación, comentamos que sería interesante volver en otra ocasión para hollar dicha cima. Todo se andará. Hay que ir con buen tiento para no perder de vista al de delante, puesto que estamos haciendo camino al andar, o sea, monte a través hasta hallar indicios del que comunicaba con el caserío de Luparuelo en el que ya nos encontramos y reagrupamos. La semiarruinada y solitaria vivienda de este despoblado es la típica casa prepirenaica en las que todavía son visibles  algunos elementos característicos del aislamiento en que se encontraban como el horno, pozos, amplias cocinas de enormes hogares y monumentales chimeneas. En derredor las bordas y edificios de apoyo para cuadras, yerberos, aperos, animales domésticos,etc. etc. Una vida muy sacrificada.

Tenemos que continuar ruta y lo hacemos en principio descendiendo por el viejo camino entre tapiales hasta que se hace impracticable, para enlazar seguidamente con el más evidente actual. La temperatura ha descendido bastante cuando es visible el caserío de Gabardilla con sus amplios pastizales junto al río Ena, parte de cuyas aguas  pasaron por el molino harinero del s. XVIII que parece ser todavía se conserva, junto a las tres viviendas que componen esta despoblada aldea de propiedad privada. Se acabaron las sendas por hoy. Ahora toca caminar por pista ligeramente ascendente para cruzando el río varias veces, llegar a un punto de la carretera donde nos recogerá el autobús. Son poco más de las cinco de la tarde, pero con estos días tan cortos de luz aun hemos podido caminar más de 16 km. sin marcas de ningún tipo y con desniveles de subida y bajada de 720 m. ¿Qué cómo lo hemos hecho? José Ramón tiene la culpa.

 

Fotos, plano y perfil de la travesía