LATORRECILLA
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ERMITA DE LA VIRGEN DE LA SIERRA
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san
velián
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MORCAT -
LUPARUELO -
GABARDILLA
PUNTO DE ENCUENTRO EN LATORRECILLA
POR
SOBRARBENSES TIERRAS DISCURRE LA TRAVESÍA Nº. 379
Aun
con la fría mañana que ha comenzado este último domingo de
Noviembre, presagiamos vamos a tener un estupendo día a
juzgar por cómo el castillo de Montearagón se deja acariciar
por los primeros rayos de sol. Conforme nos vamos acercando
hacia Aínsa constatamos la reciente nieve depositada sobre
los pirenaicos picos, pero a la vez la sequía que seguimos
padeciendo al observar, cuando la niebla lo permite, el
nivel del pantano de Mediano como a un 25% de su capacidad y
el escaso caudal del río.
Desde Aínsa tomamos la carretera que nos
conduciría hasta Colungo por Arcusa y nos quedamos en el
cruce que asciende a la recoleta localidad de Latorrecilla.
Aquí tuvimos el pasado año que suspender el recorrido de una
travesía iniciada en Aínsa y que pasando por Sarratiás
continuaba por parte del recorrido que pretendemos hacer
hoy, puesto que nieve y lluvia se aliaron para hacernos
intransitable la ruta. Nos pesaban más las botas con el
barro que la mochila.
En Latorrecilla el silencio, como casi
siempre, sólo es roto por el ladrido de los vigilantes
perros y por el rugir en la cercana carretera que hemos
dejado, de las potentes máquinas de un grupo de moteros. Su
llamativo emplazamiento está situado sobre un lomón
distribuyéndose las viviendas entre un par de calles con
irregular plazuela que alberga un pozo y el fuste de un
crucero. En otra plaza, infanzonas casonas con escudo armero
fechado en 1.625. Unas pocas décadas antes fue alzada su
iglesia parroquial de fino gótico aragonés, con hermosa
portada de influencia renacentista, así como las curiosas
gárgolas emplazadas en su esbelta torre. El humo que
lentamente desciende hasta la calle de una chimenea, lo está
impregnando todo con ese entrañable olor a leña ardiendo y
que aun es perceptible cuando al salir del lugar por el
camino del cementerio, saludamos a una señora que está en su
huerto cogiendo unas frescas y lozanas hortalizas que a buen
seguro formarán parte del condumio familiar de hoy.
El caso es que atravesamos de nuevo la
carretera continuando corto trecho por un camino que hay que
dejar continuando a la derecha, sin marcas de ningún tipo,
por un pétreo sendero ascendente dirección al collado en que
decidimos hacer la apetecida parada para almorzar. El día es
estupendo y la panorámica más. Latorrecilla y Guaso han
quedado diminutos a nuestra vista, que se solaza con las
impresionantes cumbres nevadas del Pirineo y las más
cercanas de Peña Montañesa y toda la Sierra Ferrera sur
montada por Cotiella, para enlazar con el Turbón e infinidad
de sierras orientales que parecen emerger de la matinal
neblina. Dejamos aquí las mochilas para subir hasta la
ermita de la Virgen de la Sierra por un tapizado sendero que
permite ampliar la panorámica hacia el oeste, con más cimas
y territorios entre los que destacar el pico Cancías.
Esta ermita del s. XII de planta rectangular
apenas sobresale del bosque que la circunda en lo alto de
esta sierra y que de alguna manera parece quererla engullir.
El acceso al vasto edificio se efectúa junto a un tapial de
piedra coronado por un gran dintel de indescifrable
inscripción. La pequeña puerta de la ermita está cerrada,
pero por una abertura de la misma y pasando el brazo
portando en la mano una cámara, comprobaremos después cómo
el ábside lo preside una gran imagen de la Virgen sobre el
altar con restos de flores y velas a sus pies y en el suelo,
así como un gran rosario colgado de un saliente en el muro
norte en el que también se aprecian la puerta de la
sacristía y una ventana u hornacina. En altura que conforma
el muro oeste, sigue manteniendo colgadas sin contrapeso,
dos campanas de desigual tamaño haciéndose compañía en el
mismo vano. Los restos del edificio adosado a la ermita
parece ser que fueron utilizados, aparte romeros, como
albergue para pastores trashumantes al estar en el punto
estratégico de una de las cabañeras que en otro tiempo
formaban su entramado por esta zona cercana a los mil metros
de altitud.
Nuevamente en marcha iniciamos el descenso
por el desvencijado sendero que pasa cercano a Campo Santero
hacia el barranco de Las Luperas. Encontramos unas marcas
recientes de color rojo como si se fueran a señalar los
itinerarios a seguir hacia Sieste, Guaso, San Velián y
Gabardilla. En cualquier caso y precisamente aquí nos
topamos con un antiguo y bien trazado camino para transitar
“a carga”, que en un par de kilómetros por precioso paraje
nos lleva hasta la cresta cimera donde asienta San Velián,
caserío despoblado de propiedad privada en el que se aprecia
el uso ganadero de sus dos viviendas (J.B. año 1.863) y
edificios de apoyo. Como no se arregle su pequeña iglesia
del s. XVIII, le queda poco tiempo a juzgar por el soporte a
modo de puntal que sustenta la dovela clave del arco de
entrada fechada en 1.726. En el muro de una vivienda
conserva un mosaico con la inscripción: “Caserío de S.
Velian, Partido de Boltaña, Proª. De Huesca”. Lugar ideal
para permanecer un buen rato y más con lo bonito del entorno
en tan soleada mañana.
Partimos hacia Morcat por otro camino
ascendente de buena factura en todo su recorrido,
interrumpido en algunos tramos por la pista forestal. Desde
que hemos salido de San Velián lo estamos viendo allá en lo
alto y como hemos quedado en comer allí, se sube a buen
ritmo como “para coger sitio”. Tenemos todo el que queremos
puesto que Morcat es lamentablemente un lugar despoblado y
en ruina general, en el que se dispersaron las viviendas en
una pequeña planicie y en su vaguada este. Comemos en lo que
debió ser la plaza buscando variados asentamientos a
resguardo del fresco viento que hace a los 1.085 m. de
altitud en que nos encontramos. Después visitamos la
arruinada parroquial de La Asunción (s. XII), un templo
románico de tres naves –dos ábsides semicirculares al
exterior- y colosal torre campanario de cuatro cuerpos con
varios vanos, algunos cegados. Se ve claramente que fue una
espléndida construcción en todos sus aspectos. Conserva
incólume el tímpano sobre la puerta de entrada –con los
azuletes de época concreta- en el que admirar el gran
crismón esculpido ¿por cuánto tiempo más? Que pena da ver
tanto patrimonio por los suelos.
Bien agrupados para evitar despistes,
iniciamos el descenso por la cara este de esta sierra, ya
sin sol pero con menos viento que arriba en Morcat. Desde
algunos puntos aparece majestuoso el puntón rocoso sobre el
que yacen los sillares que conformaron su prestigioso
castillo. Cuando pasamos por la bien conservada fuente de
perfecta arcuación, comentamos que sería interesante volver
en otra ocasión para hollar dicha cima. Todo se andará. Hay
que ir con buen tiento para no perder de vista al de
delante, puesto que estamos haciendo camino al andar, o sea,
monte a través hasta hallar indicios del que comunicaba con
el caserío de Luparuelo en el que ya nos encontramos y
reagrupamos. La semiarruinada y solitaria vivienda de este
despoblado es la típica casa prepirenaica en las que todavía
son visibles algunos elementos característicos del
aislamiento en que se encontraban como el horno, pozos,
amplias cocinas de enormes hogares y monumentales chimeneas.
En derredor las bordas y edificios de apoyo para cuadras,
yerberos, aperos, animales domésticos,etc. etc. Una vida muy
sacrificada.
Tenemos que continuar ruta y lo hacemos en
principio descendiendo por el viejo camino entre tapiales
hasta que se hace impracticable, para enlazar seguidamente
con el más evidente actual. La temperatura ha descendido
bastante cuando es visible el caserío de Gabardilla con sus
amplios pastizales junto al río Ena, parte de cuyas aguas
pasaron por el molino harinero del s. XVIII que parece ser
todavía se conserva, junto a las tres viviendas que componen
esta despoblada aldea de propiedad privada. Se acabaron las
sendas por hoy. Ahora toca caminar por pista ligeramente
ascendente para cruzando el río varias veces, llegar a un
punto de la carretera donde nos recogerá el autobús. Son
poco más de las cinco de la tarde, pero con estos días tan
cortos de luz aun hemos podido caminar más de 16 km. sin
marcas de ningún tipo y con desniveles de subida y bajada de
720 m. ¿Qué cómo lo hemos hecho? José Ramón tiene la culpa.