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Un recorrido monegrino por piedras y regadíos fecundantes. Al llegar a las proximidades de Tramaced nos encontramos con tramos de intensa niebla que parece levantarse con la fuerza del sol y que buena falta hará para disfrutar de este último domingo de Enero, en que nos proponemos caminar unos veinticinco kilómetros por un recorrido de piedras fecundantes o de la fertilidad. Emergen de la tierra y actúan como meros condensadores de las telúricas fuerzas que polarizan la tierra siendo manipuladas por la mano del hombre en la noche de los tiempos (época musulmana) para convertirlas en templos sagrados a la fecundidad, plasmando en ellas sus conocimientos ginecológicos. A ellas acudían las mujeres estériles, al igual que los hombres con problemas. Hecha esta introducción y habiéndonos dejado el autobús en la misma Torre del Zaragozano, hablamos del SE de Tramaced, nos encaminamos en corto trecho hasta la Partida de las Cabezuelas en donde unos peñascos que muestran restos de tumbas de bañera en torno a una pila, comparten espacio con otro que tiene rebajados un par de habitáculos y junto a él está la Peña Lucía, una cueva fertilizadora en cuya cara meridional se ha excavado un túnel que va un poco a la derecha, luego tuerce otro poco a la izquierda para dejar un espacio pequeño vacío que permite elevarse hacia la cámara. Está abierta por arriba por lo que su recorrido queda iluminado por las dos aberturas. Cabemos seis o siete sentados cómodamente. Para salir de la cámara y como si de un parto se tratara, debe hacerse una ligera rotación para enclavar la cabeza en el túnel y “nacer” de cabeza como debe ser. Para primera experiencia no ha estado mal. Nos quedan otras tres. De regreso hacia Tramaced contemplamos con nitidez todo el caserío y terrenos circundantes al replegarse la niebla hacia Grañén. No entramos en el lugar y por el camino asfaltado junto al Canal del Flumen vamos ”devorando” soleados kilómetros contemplando las distintas incisiones que se han practicado en su cauce para efectuar sistemas de riegos con que fertilizar la aridez de muchas hectáreas que al parecer dan buenas cosechas de maíz, alfalfa y cereales. También nos llama la atención la gran cantidad de granjas de vacuno y porcino diseminadas por los términos de Balsa nueva, Las Valles, La Socarrada, Las Alvetas y La Paúl. En otro momento de la historia y desde el musulmán castillo de Piracés ya habríamos sido localizados. En cualquier caso continuamos ruta hacia el lugar, ascendiendo por un tramo asfaltado que conduce, pasando por una estación de bombeo, al Canal del Cinca. Interesantes obras de ingeniería hidráulica para trasvasar caudales de un canal a otro. Casi sin darnos cuenta nos encontramos sentados en la recoleta plazuela que ha sido creada junto al pozo-fuente de Piracés, esta vez con menos caudal que en visitas precedentes, pero conservando el peculiar encanto que mantiene desde el s. XVI. El sitio es estupendo como lo va a ser el almuerzo que cada uno hemos traído para ser degustado en pocos minutos. Salimos nuevamente al camino con un espléndido día soleado que permite ver los cercanos cerros armados mediante bancos de arenisca, caprichosamente modelados por la intensa acción erosiva, creando un paisaje sorprendente, misterioso y evocador. Hay algún cartel, pero si no se sabe exactamente la ubicación de la Cueva de Semuro, es difícil su localización. Es una formación rocosa en forma de cabezal y como una seta en el lado contrario a la entrada de la cavidad. Desde abajo se ve la ladera norte de la roca, bastante inclinada, rasgada en el centro con una apertura, que evoca la zona genital femenina. Con cuidado por la humedad resbaladiza de la roca, vamos penetrando en su interior, más o menos de tres en tres. La oquedad es de pasillo estrecho, abriéndose a la cámara circular que está en el plano superior. No hay otras aberturas que la de la entrada, pero una vez en la cámara, se ve perfectamente toda la cavidad. La conexión entre el túnel de acceso y el habitáculo se hace mediante un tramo en forma de embudo. Nueva experiencia a contar. Mal que nos pese tenemos que volver sobre nuestros pasos para enfilarlos hacia Piracés. Su caserío forma un conjunto de ladera al pie de una formación rocosa barquiforme –la Peña del Mediodía- en donde hubo una importante fortificación musulmana. Es accesible pero nosotros la vamos a bordear, unos por el pueblo y otros por su costado oeste. Antes habremos pasado por esa joya de cruz de término fechado en 1.782 cercana al cementerio. La panorámica es espectacular con un infinito bañado por la incidencia del sol sobre las lejanas nieblas. Cruzamos la carretera y por el encantador barranco de Olivares accedemos a la calzada romana, la cual seguimos en toda su longitud. ¿Cómo es posible que un bien patrimonial y cultural como éste, se encuentre en tan lamentable estado? Será por eso, por vergüenza, que no hay indicadores ni paneles informativos… Costaría muy poco limpiarla de maleza y taludes caídos, recuperando tramos en los que la acción del tiempo la ha deteriorado, siendo que además se puede recorrer con pequeña maquinaria. Bordeamos el cerro de la Patrilla –donde están los repetidores- y entonces la panorámica se abre inmensa hacia el norte. Pequeña parada para contemplar la sierra y algunas cimas emergentes del nevado Pirineo. Hay muchos caminos en todas direcciones lo cual indica que desde siempre esta histórica zona tan cercana a Huesca, ha sido muy transitada. Este que traemos por la calzada desde Piracés, posiblemente fuera el que comunicaba, entre otros, con los lugares de Novales y la zona de Argavieso, Fañanás, Pueyo Fañanás y Alcalá del Obispo. Señalar que los cultivos de cereal, con las últimas lluvias, tienen buen aspecto, dando al paisaje esa tonalidad verde que contrasta con las ocres rocas en las vallonadas. Precisamente junto a uno de estos grandes campos situado junto al camino, decidimos parar a comer y descansar un ratito. Reemprendemos la marcha a buen ritmo por estos anchos caminos que nos permiten caminar de “tres en fondo” comentando entre otras muchas cosas, las excelencias del día tan bueno que tenemos. Aparecemos junto a una planta de hormigón ubicada en un tramo de la antigua carretera de Sariñena y que en pocos metros confluye con la nueva. Cruzada ésta en un buen tramo de visibilidad, nos adentramos en otro camino en el que ya aparecen indicadores “Ruta de las Piedras Fecundantes” incluyendo kilometraje. Hemos llegado a la cámara de Casto que se encuentra junto a la necrópolis medieval del mismo nombre. Es una sencilla cueva de túnel y cámara a la que se accede por una buena escalera de madera disponiendo en la base de un panel informativo. Entramos de tres en tres, disponiendo de iluminación por medio de una abertura horizontal que da al camino. Nos queda por ver La Ratona, para lo que siguiendo los indicadores y pasando muy cerca del casco urbano de Sesa, girar a la izquierda, cruzar más tarde el Guatizalema y en corto trecho llegar a la misma. Idéntica operación que en las anteriores. Estos dos últimos lugares pétreos disponen de un poder legendario y fertilizador que impregnó durante siglos a la mujer infértil altoaragonesa, la cual permanecía en su interior sentada, contagiándose con la fuerza generatriz emanada de la tierra poderosa. El autobús lo tenemos esperando en la carretera de Sesa a Salillas. Se agradecen sus cómodos asientos. Después de haber visitado las cuatro cavidades fertilizantes alguien dice ”en Octubre lo veremos”.
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