|
Cada año, cuando programamos
las ascensiones del Pico a Pico tratamos de buscar aquellas montañas
que se caracterizan por ser bonitas, por ser poco frecuentadas o por
ser emblemáticas.
El macizo del
Vignemale cumple todas estas condiciones y por eso ya hemos
ascendido en dos ocasiones a varias de sus cumbres. Pero hay dos
cimas que superan los tresmil metros que quedan aparte del circo
somital que contiene al viejo y decrépito glaciar de Ossoue, son las
cumbres del Gran Tapou y su vecino pico Milieu, que como una
prolongación de la cumbre de Montferrat, se yerguen en la muga de
los valles de Bujaruelo y D’Ossoue.
Comenzamos la
excursión repartiéndonos los 28 participantes en varios coches para,
a continuación, recorrer los casi 250 kilómetros que nos separan de
Gavarnie. ¡Qué gran vuelta para llegar al otro lado de Ordesa, como
quien dice al lado de casa! Pero es lo que hay y es el peaje que
tenemos que pagar para conocer la vertiente norte de nuestros
Pirineos. Y cuando llegas a Gavarnie y contemplas las paredes que
caen verticales desde los picos de Marboré, los picos de la Cascada
y el Casco y que forman un gran circo surcado por numerosas
cascadas, una de ellas de más de cuatrocientos metros, comprendes
que ha valido la pena el palizón de kilómetros y que la vertiente
francesa de nuestras montañas tienen rincones increíbles que hay que
conocer. Por cierto que el Circo de Gavarnie junto con el Parque
Nacional de Ordesa están declarados por la UNESCO Patrimonio de la
Humanidad.
Pasamos la
noche en La Grange de Holle, una coqueta borda transformada en
refugio, donde hay que advertir que cenamos de maravilla, situada a
un kilómetro del pueblo junto a la carretera de Bujaruelo.
Como el
pronóstico del tiempo amenaza con tormentas a partir del mediodía,
nos levantamos a las cuatro de la madrugada para desayunar en el
refugio y, a bordo de nuestros coches, recorrer los doce kilómetros
que nos separan del lago represado de Ossoue, a los pies del macizo
del Vignemale. Este pequeño lago recoge las aguas que vierte el
glaciar de Ossoue así como las que aportan las numerosas surgencias
que hay por las laderas.
Desde la presa
del lago, a unos 1.850 metros de altura, comenzamos a ascender por
un marcado camino que se dirige a la cabaña Lourdes y que por el
ibón de Bernatuara lleva hasta Bujaruelo. Antes de llegar a la
cabaña nos desviamos hacia el oeste siguiendo un marcado sendero que
asciende a través de los prados alpinos en dirección a la cumbre del
Gran Tapou que siempre se ve sobre nosotros.
El tiempo
amenaza con cumplir el pronóstico puesto que espesas nubes grises
vienen desde el oeste cubriendo el cielo y no parecen presagiar nada
bueno. No obstante continuamos la ascensión, sin detenernos ni
siquiera a echar un “tentempié”, con la esperanza de que la tormenta
nos pille de regreso y nos mojemos lo menos posible.
Cuando se
terminan los prados entramos en el árido mundo de la Alta Montaña y
las piedras sustituyen a la hierba. Estratos retorcidos y una mezcla
de calizas y esquistos evidencian la brutal fuerza telúrica que
formó estas magníficas montañas. En las alturas todavía quedan
grandes neveros que adornan a estas cumbres rotas y pedregosas
dándoles un toque de belleza que a los montañeros tanto nos atrae
sin poderlo remediar.
Y así, poco a
poco, llegamos a los pequeños ibones de Montferrat y continuamos
siempre hacia arriba mientras un soberbio paisaje de cumbres se
levanta a nuestras espaldas y podemos distinguir al Monte Perdido y
todo el macizo de Marboré, desde los Astazus hasta los Gabietous.
Más al norte La Munia y el Pic Longue y el Neuvielle. Al sur Guara y
el Fragineto. Y al oeste las Argualas, el Garmonegro y los
Infiernos. Repasamos los nombres de estas siluetas tan familiares
mientras comienza a soplar un fuerte viento que casi nos impide
caminar, estamos llegando a la cima, el cielo sigue encapotado pero
las nubes son altas y nos permiten disfrutar de este otero
privilegiado.
Cuando llegamos
a la modesta cima del pico Milieu, de 3.130 metros de altura, el
viento es tan fuerte que nos hace tambalear pero no importa, el
entorno compensa el esfuerzo. Sobre nosotros se alzan las otras
cumbres del Vignemale, (¿o quizás hay que llamarlo Comachibosa? no
me acabo de acostumbrar) distinguimos la Pique Longue, el Cerbillona,
el Montferrat y junto a nosotros, la cercana cumbre del GranTapou
que enseguida ascenderemos.
Una sencilla
cresta nos lleva desde el collado hasta la cumbre del GranTapou,
objetivo final de nuestra ascensión. Allí parece disminuir la fuerza
del viento y nos tomamos un descanso y el “tentempié”, bueno, alguno
se toma algo más que un tentempié, un bocadillo como los que manda
Dios. Hemos tardado unas cuatro horas y media en ascender los casi
mil quinientos metros de desnivel, no está mal para ser domingo.
Después de
reponer fuerzas, cuatro fotos y para abajo que la nube sigue
amenazando y no es cuestión de que nos coja la tronada tan arriba,
Desandamos el
camino, más relajados podemos disfrutar de las “pequeñas cosas” que
a mí tanto me gustan, las flores que como un tapiz primaveral
colorean los prados, gencianas, rododendros, ranúnculos, orquídeas,
erodiuns, …y unas amapolas amarillas (Meconopsis cambrica) que a
todos nos llaman mucho la atención.
Y así, sin mojarnos y contentos, después de casi ocho horas más
tarde de haber salido, llegamos de nuevo al lago de Ossoue y damos
por terminada una excursión más del Pico a Pico quedando todos
convocados para la próxima, para ascender al pico Loustou, una
bonita cumbre del valle francés de Riomajou. |