30 de Junio y 1 de julio de 2007 - Picos Tapou (3.150 m.) y Pico Milieu (3.130 m.)

 
     
 

Cada año, cuando programamos las ascensiones del Pico a Pico tratamos de buscar aquellas montañas que se caracterizan por ser bonitas, por ser poco frecuentadas o por ser emblemáticas.

El macizo del Vignemale cumple todas estas condiciones y por eso ya hemos ascendido en dos ocasiones a varias de sus cumbres. Pero hay dos cimas que superan los tresmil metros que quedan aparte del circo somital que contiene al viejo y decrépito glaciar de Ossoue, son las cumbres del Gran Tapou y su vecino pico Milieu, que como una prolongación de la cumbre de Montferrat, se yerguen en la muga de los valles de Bujaruelo y D’Ossoue.

Comenzamos la excursión repartiéndonos los 28 participantes en varios coches para, a continuación, recorrer los casi 250 kilómetros que nos separan de Gavarnie. ¡Qué gran vuelta para llegar al otro lado de Ordesa, como quien dice al lado de casa! Pero es lo que hay y es el peaje que tenemos que pagar para conocer la vertiente norte de nuestros Pirineos. Y cuando llegas a Gavarnie y contemplas las paredes que caen verticales desde los picos de Marboré, los picos de la Cascada y el Casco y que forman un gran circo surcado por numerosas cascadas, una de ellas de más de cuatrocientos metros, comprendes que ha valido la pena el palizón de kilómetros y que la vertiente francesa de nuestras montañas tienen rincones increíbles que hay que conocer. Por cierto que el Circo de Gavarnie junto con el Parque Nacional de Ordesa están declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Pasamos la noche en La Grange de Holle, una coqueta borda transformada en refugio, donde hay que advertir que cenamos de maravilla, situada a un kilómetro del pueblo junto a la carretera de Bujaruelo.

Como el pronóstico del tiempo amenaza con tormentas a partir del mediodía, nos levantamos a las cuatro de la madrugada para desayunar en el refugio y, a bordo de nuestros coches, recorrer los doce kilómetros que nos separan del lago represado de Ossoue, a los pies del macizo del Vignemale. Este pequeño lago recoge las aguas que vierte el glaciar de Ossoue así como las que aportan las numerosas surgencias que hay por las laderas.

Desde la presa del lago, a unos 1.850 metros de altura, comenzamos a ascender por un marcado camino que se dirige a la cabaña Lourdes y que por el ibón de Bernatuara lleva hasta Bujaruelo. Antes de llegar a la cabaña nos desviamos hacia el oeste siguiendo un marcado sendero que asciende a través de los prados alpinos en dirección a la cumbre del Gran Tapou que siempre se ve sobre nosotros.

El tiempo amenaza con cumplir el pronóstico puesto que espesas nubes grises vienen desde el oeste cubriendo el cielo y no parecen presagiar nada bueno. No obstante continuamos la ascensión, sin detenernos ni siquiera a echar un “tentempié”, con la esperanza de que la tormenta nos pille de regreso y nos mojemos lo menos posible.

Cuando se terminan los prados entramos en el árido mundo de la Alta Montaña y las piedras sustituyen a la hierba. Estratos retorcidos y una mezcla de calizas y esquistos evidencian la brutal fuerza telúrica que formó estas magníficas montañas. En las alturas todavía quedan grandes neveros que adornan a estas cumbres rotas y pedregosas dándoles un toque de belleza que a los montañeros tanto nos atrae sin poderlo remediar.

Y así, poco a poco, llegamos a los pequeños ibones de Montferrat y continuamos siempre hacia arriba mientras un soberbio paisaje de cumbres se levanta a nuestras espaldas y podemos distinguir al Monte Perdido y todo el macizo de Marboré, desde los Astazus hasta los Gabietous. Más al norte La Munia y el Pic Longue y el Neuvielle. Al sur Guara y el Fragineto. Y al oeste las Argualas, el Garmonegro y los Infiernos. Repasamos los nombres de estas siluetas tan familiares mientras comienza a soplar un fuerte viento que casi nos impide caminar, estamos llegando a la cima, el cielo sigue encapotado pero las nubes son altas y nos permiten disfrutar de este otero privilegiado.

Cuando llegamos a la modesta cima del pico Milieu, de 3.130 metros de altura, el viento es tan fuerte que nos hace tambalear pero no importa, el entorno compensa el esfuerzo. Sobre nosotros se alzan las otras cumbres del Vignemale, (¿o quizás hay que llamarlo Comachibosa? no me acabo de acostumbrar) distinguimos la Pique Longue, el Cerbillona, el Montferrat y junto a nosotros, la cercana cumbre del GranTapou que enseguida ascenderemos.

Una sencilla cresta nos lleva desde el collado hasta la cumbre del GranTapou, objetivo final de nuestra ascensión. Allí parece disminuir la fuerza del viento y nos tomamos un descanso y el “tentempié”, bueno, alguno se toma algo más que un tentempié, un bocadillo como los que manda Dios. Hemos tardado unas cuatro horas y media en ascender los casi mil quinientos metros de desnivel, no está mal para ser domingo.

Después de reponer fuerzas, cuatro fotos y para abajo que la nube sigue amenazando y no es cuestión de que nos coja la tronada tan arriba,

Desandamos el camino, más relajados podemos disfrutar de las “pequeñas cosas” que a mí tanto me gustan, las flores que como un tapiz primaveral colorean los prados, gencianas, rododendros, ranúnculos, orquídeas, erodiuns, …y unas amapolas amarillas (Meconopsis cambrica) que a todos nos llaman mucho la atención.

Y así, sin mojarnos y contentos, después de casi ocho horas más tarde de haber salido, llegamos de nuevo al lago de Ossoue y damos por terminada una excursión más del Pico a Pico quedando todos convocados para la próxima, para ascender al pico Loustou, una bonita cumbre del valle francés de Riomajou.

 
 

Fotos de la excursión