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Cuando
llegamos al parking de Caldas de Boi termina el trayecto para el
autobús, hemos tardado dos horas y media desde Huesca y a partir de
aquí comienza la excursión. Somos veinticinco participantes, la
dificultad de la ascensión al Besiberri Norte no aconseja ir más
gente.
La presa de
Cavallers dista unos cuatro kilómetros de Caldas pero, aunque una
estrecha carretera llega hasta la misma presa, no se permite el paso
de autobuses y tenemos que llegar hasta allí caminando. Estamos en
la entrada del Parque Nacional D’Aigües Tortes y Estany Sant Maurici,
y a los pocos metros del acceso un camino marcado con postes
amarillos nos permite eludir el asfalto y alcanzar la presa de
Caballers a través de los prados. Atravesamos un campamento infantil
y más arriba, grandes bloques graníticos que algunos escaladores
intentan superar, nos dan la bienvenida a este mundo de rocas y
agua. Una hora más tarde ya estamos bordeando el lago represado en
dirección al refugio Ventosa y Calvell donde pasaremos la noche.
Vamos rápido, no podemos disfrutar del magnífico paisaje que nos
rodea porque la cena es a las ocho y tenemos el tiempo más que
justo.
Tres horas
más tarde (700 metros de desnivel) llegamos al refugio. Hace una
tarde magnífica y, ahora sí, podemos contemplar tranquilamente el
panorama que nos rodea. El refugio es una modesta construcción, bien
integrada en el entorno, al lado del estany Nere y rodeado de
bonitas montañas entre las que destacan al norte las crestas de
Travesani que a modo de sierra van ascendiendo hasta la cumbre del
mismo nombre. Al oeste el macizo de los Besiberris con las cumbres
del Comoloformo, el Besiberri Sur y el Besiberri Norte, la cumbre
que queremos escalar mañana, y siguiendo el cordal hacia el norte la
cumbre de Harlé, el esbelto Pa de Sucre, que recuerda bastante al Pa
de Sucre de Sao Paulo en Brasil, y la cumbre del Tumeneja. Grandes
nubarrones llenan el cielo dando al paisaje un aspecto más
impresionante si cabe.
El domingo no
madrugamos demasiado, hasta las seis y media no nos pueden dar el
desayuno, así que son más de las siete cuando comenzamos a caminar.
Aunque estaba previsto bajar hasta la Pleta de Riumalo para seguir
por el valle en dirección a lago de Malavesina, decidimos seguir un
camino que bordea por los lagos de Tumeneja en dirección a la Brecha
de los Sarrios por donde se puede alcanzar la parte superior del
circo de Malavesina, ya a los pies de los contrafuertes cimeros del
Besiberri Norte.
Al principio
el camino está muy bien marcado pero cuando nos desviamos hacia los
Estanys de Tumeneja en camino se pierde y hay que estar atentos a
los mojones que marcan la dirección. Cuando llegamos al Ibón Alto e
Tumeneja el sentido de la orientación nos dice que hay que bordear
por el sur pero los mojones van por el norte. No hacemos caso al
instinto y seguimos los mojones. Cuando nos damos cuenta del error
ya no vale la pena dar la vuelta y terminamos de bordear el lago
para encontrar el camino correcto. No es mucha distancia pero el
camino es incómodo, grandes bloques de granito blanco que obligan a
una gimnasia de sube y baja, y empleamos casi una hora en corregir
el rumbo. Bueno, nos tomamos con deportividad el error del guía (que
por cierto soy yo, mea culpa) y buscamos el lado bueno del asunto:
“así hemos conocido mejor este laberinto de lagos y canchales”.
Ya en el
camino correcto, bueno, mejor que hablar de camino vamos a hablar de
dirección correcta, llegamos al pequeño lago (está claro que por
estos lares les dicen estanys) de Clota donde por fin termina el
ejercicio de subir y bajar sin apenas ganar altura, y comenzamos la
ascensión en dirección a la Brecha de los Sarrios. Estamos debajo de
los contrafuertes que forman la Punta Harlé , frente a nosotros está
la cadena de los Besiberris y al otro lado, hacia el este, se
levanta magnífico el conglomerado de cimas que forman la Punta Alta,
un tresmil que ya ascendimos hace unos años.
Cuando
llegamos a la Brecha de los Sarrios (en realidad aquí se le conoce
como Pas dels Isards) comenzamos a ascender en diagonal los
canchales que nos llevan a la base del contrafuerte que defiende la
cima del Besiberri Norte. Desde aquí la pared parece inaccesible y
cuesta trabajo adivinar por dónde podremos escalar hasta la cima.
No hace mucho
tiempo, al pie de la arista norte de esta montaña había un pequeño
refugio metálico anclado con cables pero ya hace unos años que esta
chatarra, a mi juicio inservible, fue transportada más abajo a otro
lugar más práctico.
Las trazas de
la senda trepan por entre las rocas para alcanzar los canchales que
a modo de anfiteatro hay al pie de la pared que defiende la cima.
Allí un mojón señala el lugar por donde hay que comenzar la trepada.
La trepada que pronto se convierte en escalada porque pequeños
resaltes de una dificultad de III grado se reparten en la senda
aérea que recorre esta pared vertical. Algún clavo y algún trozo de
cuerda que reforzamos con bagas, facilitan la superación de estos
resaltes. Alcanzamos así una cresta aérea por la que llegamos todos
a la cima de esta difícil montaña.
En la cima,
en la que apenas cabemos los veinticinco, nos hacemos una foto del
grupo y reponemos fuerzas mientras disfrutamos de un espléndido día
y una vista excepcional.
Como siempre
en estos tipos de montañas, la bajada es más peligrosa que la
subida, por eso equipamos todo el descenso con cuerda fija haciendo
cortos fraccionamientos y todos bajamos asegurados a ella. Poco a
poco, con mucho cuidado, vamos destrepando la pared y sin más
problemas alcanzamos de nuevo el anfiteatro y el camino seguro.
A pesar de
que el día está muy despejado y que se anunciaba uno de los días más
calurosos del verano, una suave brisa fresca hace que la temperatura
sea ideal y el sol apenas nos agobia con su calor.
Descendemos
directamente por el vallecillo de Malavesina hasta llegar al estany
del mismo nombre donde bebemos agua y hacemos un pequeño descanso
para continuar la bajada siguiendo el torrente por donde desagua el
lago y así, más de mil metros más abajo, llegamos a la Pleta de
Riumalo por donde habíamos pasado el día anterior en dirección al
refugio. Descendemos a la orilla del lago represado de Cavallers que
volvemos a bordear y terminamos la excursión cuando llegamos de
nuevo a Caldas de Boi donde nos espera el autobús.
Para los
amantes de las cifras, han sido 11 horas de actividad en las que
hemos acumulado 1.160 metros de ascensión y 1.850 metros de
descenso. No está mal para ser domingo, día de descanso semanal.
Lorenzo Ortas |