23 de Septiembre de 2007 - Pico Collarada (2.850 metros)

 
     
 

A menudo, los que no conocen bien el mundo de la montaña creen que la mayor motivación para llegar a una cumbre es disfrutar del paisaje. Pero para muchos montañeros, la vista desde la cima no deja de ser un aliciente más, y desde luego no el más importante. Hay otros motivos y cada uno tiene los suyos, por ejemplo está el reto de hacer algo difícil, el placer del esfuerzo, la satisfacción de realizar un sueño o una ilusión, etc… Sólo estos otros placeres explican que el pasado domingo volviéramos a casa satisfechos y contentos después de una ascensión a través de la niebla.

El proyecto de ascender al Collarada era tan viejo como la misma actividad del Pico a Pico. Cada vez que mirábamos a la montaña desde los llanos de Jaca, nos prometíamos que algún día había que subir. Pero los 14 kilómetros de la pista hasta La Trapa o los casi 1.900 metros de desnivel desde Villanúa siempre nos disuadían y dejábamos la ascensión para otra ocasión

Por fin nos decidimos a incluir al Collarada en el programa de Pico a  Pico de este año, pero con el aliciente de combinarlo con una travesía. Subiríamos desde Canfranc por el ibón de Ip y bajaríamos por La Trapa hasta Villanúa.

Después de una semana de lluvias y un pronóstico meteorológico bastante malo, incluso con anuncio de tormentas, la convocatoria no tiene mucho éxito y sólo diecisiete insensatos nos apuntamos a la ascensión, dispuestos, eso sí, a mojarnos y a pasar un mal día de montaña.

Como estaba previsto, a las cinco y media salimos de la Estación Intermodal en medio de un gran ambiente de fiesta, parece que los invitados de una boda no acaban de decidirse a ir a dormir. Nosotros nos vamos a lo nuestro mientras ellos se quedan a lo suyo y  cuando llegamos a Canfranc ya son más de las seis y media de la mañana. Noche cerrada y oscura, hemos parado en el puente de Santiago de donde parte el camino, al principio coincidente con el Camino de Santiago, y en seguida se desvía por un valle hacia el este, es el valle de Ip que seguiremos hasta el ibón represado que hay en lo alto.

A la luz de las linternas vamos ganando altura. Pasamos bajo la línea del tren justo cuando pasa el Canfranero en dirección a Huesca. El breve paso del tren (por cierto un tren breve también) da un poco de vida a esta noche tan negra y es que, cuando amanece, vemos como una capa de espesas nubes, que no presagian nada bueno, cubre el cielo y las montañas de alrededor.

Pero no importa, nosotros vamos hacia lo alto que cuando empiece a llover ya nos bajaremos. Lo que sí tenemos claro es que con esta niebla no vamos a poder subir al Collarada, y mucho menos, volver por Villanua porque por esta bajada, con niebla y sin muchas referencias, lo más probable es que nos perdamos.

El camino de Canfranc al ibón de Ip va trepando por un viejo bosque de pinos y abetos de troncos barbados de líquenes. A veces, los helechos de las márgenes, reverdecidos por las lluvias de los últimos días, cierran el paso. Además, la neblina que envuelve el ambiente crea una atmósfera encantadora que nos hace disfrutar del paseo. Una capa de niebla se ha quedado pegada al fondo del valle y otra capa más alta cubre las montañas. A veces parece que quiere ponerse a llover y de nuevo barajamos la posibilidad de darnos la vuelta, pero nadie se decide, a fin de cuentas, también con este tiempo la montaña está bonita.

Cuando salimos del bosque, el valle se vuelve más llano y la senda atraviesa los prados que un rebaño de cabras y ovejas pasta plácidamente. Nuestra presencia turba la paz y el rebaño se disgrega perdiéndose entre la niebla. Llegamos a un pequeño refugio ocupado por unos excursionistas franceses. Si llueve no cabemos todos, así que continuamos hacia el ibón de Ip donde hay otras construcciones donde cobijarnos.

Al final acabamos almorzando en el exterior porque los edificios del ibón está cerrados, afortunadamente no acaba de decidirse a llover. Hace tres horas que hemos salido de Canfranc y el cuerpo ya nos pedía un reposo y un sustento.

Mientras echamos un bocado dispuestos a regresar a Canfranc, parece que quieren abrirse un poco las nubes y se despejan algunos contrafuertes de la cara norte de Collarada.

¿Y si vamos hasta la presa?

Cuando estamos en la presa, ¿Y si vamos un poco hacia el collado de Ip? Total, si llueve, ya nos daremos la vuelta.

Bordeamos el ibón por el sur siguiendo unos mojones que llevan por el mejor camino entre el caos de piedras. Al otro lado de un contrafuerte, el camino sube directamente hacia el collado que está oculto entre la niebla. Pero el camino se sigue bien, no hay problemas, así que continuamos subiendo mientras la niebla se rompe y aparecen a nuestra espalda, al otro lado del ibón que se ha quedado abajo, las cumbres de la Pala de Ip y Punta Escarra. Incluso llegamos a pensar que se va a despejar, pero cerca del collado vuelve a cerrase y ya solo vemos niebla a nuestro alrededor. No es una niebla espesa y la poca visibilidad nos permite seguir el camino sin dificultad.

Cuando llegamos al collado de Ip, a 2.550 m., ya hemos decidido que vamos a subir al pico y que vamos a viajar a Villanua. El tiempo parece que se va a mantener y la niebla parece que no se va a espesar. Lástima que no vamos a ver el paisaje, pero eso es lo de menos, así tendremos motivos para volver.

Mientras subimos los últimos metros, de nuevo se pone a llover, esta vez parece que va en serio y nos ponemos los impermeables y sacamos los paraguas pero de nuevo vuelve a parar.

Un marcado camino entre la pedrera somital nos deja en lo más alto de Collarada y el tiempo nos premia con unos leves rayos de sol que agradecemos.

Hemos ascendido mil ochocientos metros de desnivel desde Canfranc, unas seis horas, pero hemos llevado un paso tan tranquilo que la subida ha sido agradable y nada pesada. La niebla nos ha protegido del sol y la temperatura es ideal. Una ascensión perfecta si no fuera por la ausencia de paisaje.

Como siempre en las cimas, fotos y más fotos y un ligero tentempié. Y enseguida para abajo que nos quedan unas horas hasta llegar a Villanua.

Bajamos una corta canal al sur con cuidado por las piedras, y, ya por terreno más suave y agradable, en franca dirección sur, llegamos a los prados donde algunos mojones indican el camino. Aunque hay varias líneas de mojones, lo mejor es decidirse por una y seguirla porque al final todas van al mismo lugar, al paso evidente, el único lugar por el que se puede salvar el contrafuerte que hay antes de llegar al refugio de La Trapa. Pero antes paramos en los Cubillares donde hay unos abrevaderos de ovejas hasta donde llega una manguera proveniente de un manantial, la fuente de los Campanales, que nos viene muy bien para beber y echar un bocado.

El refugio de la Trapa está situado al final de la pista que llega hasta lo alto del bosque proveniente de Villanua. Esta pista da un gran rodeo de unos 14 kilómetros que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Afortunadamente, un camino encantador y muy bien marcado nos lleva hasta Villanua a través de un bosque de abetos y en apenas hora y media estamos abajo en el pueblo donde nos espera el autobús.

Durante el descenso ha salido el sol aunque sin despejarse totalmente, pero el Collarada sigue oculto tras grandes nubarrones. Estamos contentos, por lo menos hemos podido subir y no nos ha llovido. Otro día ya volveremos a ver si con un poco de suerte vemos algo más.

Lorenzo Ortas

 
 

Fotos de la excursión